Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

sábado, 3 de julio de 2010

La vida tiene un precio (revisado)

Ilustración de Isabel González. Junio de 2010
("Me hicieron pagar un precio que ningún humano tiene que pagar")

Quiso ser humano y aprendió a mentir. No tardó en darse cuenta de que sería el único que no podría permitirse el lujo de hacerlo sin ser descubierto. Era tan difícil no mentir nunca, si incluso tenía que mentirse a sí mismo para poder seguir viviendo. Hoy, apesadumbrado, observa como su nariz se pierde en el horizonte sin que pueda hacer nada por evitarlo. Allí se le pone el sol, alli le sale la luna, y allí se queda dormido soñando despertares de maderas finas.


7 comentarios:

Anita Dinamita dijo...

Ya te avisaron Pinocho, a saber lo que nos espera a nosotros con el pecado original...

Isabel González dijo...

Ai, me han suspendido, bueno, no hay mal que por bien no venga, así se aprende.

LadyLuna dijo...

Muy bueno.

El hombre sin la mentira no sería humano. Es un poco decepcionante ¿no?

Torcuato dijo...

Con el texto aclara bastante Isabel. Me gusta.
Un beso.

carlos de la parra dijo...

Poética versión de Pinocho.
Dibuja claramente como el engaño es una trampa,que al primero que atrapa es al mentiroso.
Y que por donde hay que comenzar es por no mentirse a sí mismo,pues hacerlo deriva una vida en falso que le forzará a estar viviendo bajo parámetros ajenos.
La verdad de muchos mentirosos es luchar por triunfos y reconocimientos en lo externo,cuando lo que necesitan es triunfar en su interior,de donde emana cualquier posible virtud o valor.
Al escribir ficción ,no somos mentirosos,solamente ofrecemos otra realidad,ya sea paralela o divergente.
No es nuestra misión que crean en lo que escribimos,sino que lo disfruten.

TR dijo...

Triste la vida del hombre viviendo en la mentira, somos todos Pinocho.
Un abrazo.

Maite dijo...

Todos tenemos un poquito de ese "lado oscuro". Me ha gustado el micro y la ilustración, Isabel.

Un abrazo

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.