Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

sábado, 27 de noviembre de 2010

CANTARON AL AMOR

Y arrodillado, pedía perdón por todos sus pecados, perdón por todos aquellos pecados que volvía a repetir una y otra vez, incapaz de enfrentarse a sus demonios, cobarde ante ellos, bajo ante su alma...y pedía perdón sabiendo que en el fondo no deseaba ser perdonado.
La sintió acercarse a él por la espalda; conocía sus pasos como si siempre fuesen a su lado, y se sintió temblar, y sabía el porqué. Ahí estaba su pecado y en vez de huir acepto confesarla como ella le pidió al oído.
Se metió dentro del confesionario y se sintió desfallecer en el asiento, y cerrando la puerta de éste, miró para la rejilla que lo separaba de ella.
Su rostro apenas se distinguía, pero su voz, sólo su voz le mareaba, lograba que todos los sentidos le diesen mil vueltas y todos sus demonios volviesen a renacer con rabia loca.
La iglesia se fue llenando de gente que acudía a misa, y los bancos fueron ocupados en su totalidad.
El confesionario quedaba en un rincón oscuro de espaldas a la gente, en un rincón protegido de toda mirada.
Y ella comenzó a hablar, al mismo tiempo que otro sacerdote comenzaba la misa.
-Ave María Purísima.
Y él cerró los ojos mientras sólo estas palabras hicieron que su mente volase mientras sus manos temblaban en sus rodillas.
-Por qué vuelves, por qué, dime por qué... Dijo con voz entrecortada.
-Porque he pecado padre. He pecado. Esta noche he tenido pensamientos obscenos. Esta noche me he tocado pensando en alguien a quien amo, esta noche padre, he deseado el pecado...
Y según ella iba hablando ,pegada a la rejilla que les separaba, él se fue acercando, como si de un imán se tratase y dibujó el contorno de su cara con el dedo, el contorno de su pelo, el contorno de sus labios.
Y se acercó más, hasta que sus labios tocaron la rejilla donde ella le esperaba con los suyos...y sintieron su respiración caliente quemándole, mientras ella repetía una y otra vez que deseaba el pecado, lo deseaba...
Y llegó el silencio y sólo sus respiraciones agitadas humedecían la rejilla, aquella maldita rejilla que les separaba, y sus lenguas se buscaban, pero no se podía encontrar. Y sus respiraciones aún se agitaban más.
Mientras el otro cura predicaba contra el demonio y los pecados en el púlpito, nadie se fijó como ella entraba en el confesionario y cerraba la puerta.
Nadie escucho, en medio de sus rezos, los jadeos que éste encerraba entre maderas de cien años.
Y sólo sacaron la ropa mas indispensable, porque lo que más deseaban era conectarse, sentirse dentro el uno del otro, encima el uno del otro y sólo necesitaron pequeños roces, para que cantaran al amor, igual que el coro lo hizo con ellos, confundiendo sus voces.


Carmela

10 comentarios:

carlos de la parra dijo...

¡CARMELA!Eres mi heroína, que relatazo, fué como ver una película.

Anita Dinamita dijo...

Carmela, ahí le has dado!!!
Increíble, me encanta, super sensual

Kum* dijo...

Joé, Carmela, menudo calentón. Está lleno de imágenes sensuales. buenísimo.

Un beso sin confesionario.

Luisa Hurtado González dijo...

Bien, bien. He estado clavadita en mi silla leyendo como una loca hasta el final y eso que se veía venir.
Me gusta que empiece a confesarse cuando empieza la misa, y la rejilla que les separa y el dedo que la recorre, muy sugerente.

Artistalight dijo...

Es que se puede amar a Dios, pero no se puede evitar ser hombre, lo triste es que se considere un pecado. Gran relato, muy expresivo :)

Carmela dijo...

Carlos no me sulibellesssssssssssss que me ruborizo mestre.
Un bico

Carmela dijo...

Anita Gracias.
Me gusta la sensualidad, lo malo es saberla expresar y aún me falta mucho.
Biquiños.

Carmela dijo...

Kun, una ducha fría? jajaja
Bicos.

Carmela dijo...

Luisa, una que intenta, nada mas.
Biquiños grandotes.

Carmela dijo...

Artistalingt, algún día caerán de la burra, digo yo, cuando se queden sin un solo sacerdote o unos pocos.
Recapacitarán.
Bicos.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.