sábado, 11 de diciembre de 2010
La pesadilla de madera
AMANECER DE CONFIDENCIAS
Recuérda... me

ANTIPOLILLAS
viernes, 10 de diciembre de 2010
Por una mirada...
Títeres
De pronto el títere se dio cuenta de que estaba siendo manejado mediante hilos finísimos.
Preso del pánico empezó a revolverse y a luchar contra los tirones que le impedían mover libremente sus miembros. Desesperado, en un último intento, colocó sus dientes sobre la cuerda y mordió con todas sus fuerzas. Entonces, su inerte cuerpo de madera se desplomó contra el suelo para no volverse a levantar.
El hombre lo recogió y fue a buscar otro de los muñecos que había en un pequeño estante.
-Javier Domingo-
Adoración
En una de las grutas naturales formadas en las rocas, encontraron el botín. Un semicírculo de velas ardientes custodiaba una imagen de la Virgen del Rosario. Hecha de barro por manos inexpertas, presidía un improvisado altar de lajas y restos marinos. Un grupo de niños harapientos la adoraban detrás del círculo candente. “¿No es hermosa nuestra madre?” preguntó una niñita de cara sucia a los uniformados. La cristalina esperanza que refulgía en aquellos ojos barrosos les anudó la garganta y la culpa. Se retiraron dando por concluida la búsqueda y cerrando el caso. Más ligeros de conciencia, sentenciaron: “La iglesia bien puede reponer las joyas”.
En la gruta, los niños ya se han bañado y vestido y están colgándose las mochilas. Sus padres encabezan la fila india. “Apúrense niños, que la próxima Iglesia queda a dos kilómetros por la playa. Llegaremos justo al anochecer.”
Claudia Sánchez
jueves, 9 de diciembre de 2010
Equilibrio en el parque.
Torcuato González Toval
Sin manchas
- ¡Ay, mamá, con esto de ser la Inmaculada siempre tengo que ir hecha un pincel!
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Juan 13:34
Cuando hubo terminado la ceremonia, no estaba seguro de si el mensaje había llegado de manera adecuada a sus fieles. En el banco de la primera fila una joven que no le había parado de mirar con ojos picantones, comenzó a desabrocharse los botones de la blusa.
Muñeca

Ella es una pobre y sencilla muchacha, flor de mujer, perfume de múltiples fragancias. Jamás supo dominar su pasión. De amores ignora el más mínimo don, también desconoce de arte. Amargo sabor el que le dejó aquel primer amor.
No sé si ella quiera amar de nuevo, amarga sensación. Pasiones pasajeras las que ella experimentó, del amor cómo baratija en apuesta todo lo arriesgó. Mal pago y traición, agonía perpetua, pérdida de la razón.
Ya no más es dueña de su corazón. Cuál vicio el artificio y penumbra del callejón. Belleza interior ella regaló, belleza que jamás se le recompensó.
Capricho de aquel imbécil que lastimó su corazón.
Muñeca y alma hueca jamás volverá a empeñar su corazón.
Por el momento esta es aquella pobre y sencilla muchacha, flor de mujer, perfume de múltiples fragancias. Aguarda el momento y llegada del verdadero amor, el despertar del arte de la más fina y sutil pasión.
Muñeca.
-Mujer, muñeca, traición y pasión…
-¿Qué dices musa titiritera? Nuevamente me usas para escribir artificios de desventura y dolor
-Espera escritor, tú has creado a la muñeca. Vida le has dado a través de tus letras y un poco de inspiración
-Pero aquella muñeca no existe ni jamás existió
-Ahora cobra vida a través de tus versos, más visible que tu inspiración. La muñeca vive ahora conmigo llena de nostalgia y cicatrices de amor…
El escritor y monigote
Jamás regresará
¿Qué dirá? ¿Dirá si realmente la quise? Pensamiento irremediable, remordimiento acosador.
Yo la quise. De verdad, en lo más profundo la amé. Jamás me atreví a decirlo, ni siquiera al viento lo susurré. Cobarde soy.
Hoy me siento con la desesperanza, he platicado con ella. Amiga desesperanza me ha confesado que ella jamás regresará. No amiga desesperanza, no digas eso.
No ha quedado nada entre nosotros, vestigios de un amor pasajero. Pasajero que ha abordado el tren sin destino, el tren que jamás regresará.
Hechizo de eterno vaivén. Triste la herida de mi corazón.
Se ha ido, partió. No dejó rastro, solo cicatrices en este escritor.
Se ha ido y jamás regresará.
-Musa nostálgica, me has hecho recordar, prometí que jamás escribiría sobre ella
-Viejos amoríos, recuerdos, reflejos, susurros, quizá una hermosa canción
-No musa caprichosa, he dicho que no quiero recordar, no quiero escuchar tu vieja melodía
-No puedes errante escritor, tus pensamientos siempre presentes están. La melodía jamás dejará de sonar, hermosos sonidos, eterna canción...
El escritor y amigo de la desesperanza.
No dijo adiós

¡Terrible! fatal y desastroso accidente. Dolor y pena la inundaba al ver los restos del automóvil. Sobrevivientes, ninguno. Su cuerpo se estremeció, su luz se le apagó, su mundo se desmoronó cómo se desmoronan los sueños rotos.
Ella no pudo decirle adiós. No pudo tan siquiera dar una singular despedida. No entendía, su corazón destrozado y su universo paralizado. No concilió el llanto ni jamás pudo dormir. Imaginó que era una pesadilla pero luego cayó en cuenta de su horripilante e inhóspita realidad.
Vida, muerte, estrecho camino y momento inesperado. Ella destrozada pues no pudo decirle jamás adiós. Nunca hubo despedida.
Presa de sus pensamientos sigue esperando su regreso. Es cierto, jamás regresará. Cree que la esperanza no murió con él.
Todos los días prepara cena para dos.
Eterna espera, presente soledad.
-Vida te has ido, vida ¿dónde estás?
-Musa, ¿Qué dices? ¿Qué tramas? Me vuelves a robar el pensamiento, fatales versos me has hecho escribir.
-Títere mío, fatal acontecimiento. Me gusta hacerte escribir.
-Musa, no entiendo…
-No tienes que entender.
El escritor y títere.
martes, 7 de diciembre de 2010
La vidriera I
lunes, 6 de diciembre de 2010
"Lineal"
Parido es el niño el día de su santo.
Su tío materno, sólo él, lo duerme con facilidad.
Ya camina. En un hotel de Santiago del Estero se escabulle por los corredores.
Queda constancia fotográfica de su satisfacción montando burrito en Río Ceballos, sostenido por su papá.
Se entretiene rompiendo papeles, arrojando monedas y jugando con un cesto de mimbre y broches para la ropa. Sigue costándole conciliar el sueño.
Hace palotes un poco antes de cumplir cuatro años, guiado por una maestra jubilada. Lo operan de las amígdalas.
La mamá cuenta en una postal gigante, con motivo ciudadano, enviada a una cuñada, que su hijo extraña cuando el micro del jardín de infantes, los días feriados, no lo viene a buscar tempranito. El hijo, en cambio, disfruta mórbidamente quedándose en la cama, en especial, durante esas mañanas de calamitoso invierno.
Cursa el colegio primario salteándose primero inferior.
Sufre cuando su padre abandona el hogar y la madre llora y maldice. Lo operan de un sobrehueso en una sien.
Se alegra cuando el padre retorna. Persisten sus dificultades para descansar mientras duerme. Lee Robinson Crusoe.
Recibe como regalo de reyes su primera bicicleta. Lo sorprende y emociona. Estrábico, acude a un oftalmólogo, quien detecta astigmatismo. Usa lentes.
Estudia piano y flauta dulce. Pero, con intensidad, sólo prosigue el estudio del piano. Lee a Evaristo Carriego.
Inicia el colegio secundario. El y su primita, en secreto, se imaginan casados y papis. Las pesadillas lo hostigan.
Compone un tema musical. Colecciona estampillas. Aprueba materias con notas mínimas. Se corrige su estrabismo, operándose.
Es desflorado sin contemplaciones por una amiga de su prima, mucho más práctica. Se reitera con la misma persona la experiencia genital. Vende su colección de estampillas. Lee el tomo uno de En busca del tiempo perdido.
Fallece la madre. Anda por las calles durante la noche en que es velada. Amengua su interés por el piano. No atina a ocuparse de los trámites de internación de su padre en un sanatorio.
Se aleja por completo de la música. Culmina con zozobra el colegio secundario. Intenta en vano concentrarse en la lectura del Quijote.
Zafa del servicio militar. Trabaja en una empresa inmobiliaria. Mantiene contactos aislados con algunas chicas.
Después de pasar un domingo de sol en el country donde su patrón había inaugurado una formidable casa de tejas azules, y percatarse de que cada miembro adulto de la familia del patrón dispone de su propio automóvil, queda perturbado. Segundo intento con el Quijote.
Escribe, a un amigo radicado en Austria, frases que llaman su atención en la relectura de la carta. “Redacción elegante en ese breve tramo”, califica en la posdata. Este es el tramo: “Oh, por cierto, dormirme no es muy sencillo para mí. Antes debo leer. Cansarme leyendo. Casi siempre. Ha ocurrido que me he quedado leyendo por horas, antes de deponer mi condición vigilante”.
Trabaja en el Banco de Galicia: con sus respuestas al interrogatorio al que es sometido en el examen ideológico previo a su ingreso, logra que no se sospechen sus simpatías por el socialismo. Fallece su padre. Conoce a Beatriz. Se enamora. Pero no es debidamente correspondido. Concluye con la lectura del último tomo de la novela de Proust.
Es operado por un cirujano odontólogo de abscesos en ambos lados de la base de la nariz. Se desmoraliza cuando se convence de su carencia de talento para ganar “dinero grande”. Fallece el tío materno que lo dormía con facilidad.
Consigue un segundo empleo atendiendo un kiosco. Se angustia asistiendo a la proyección de un film en el que una camarilla de oligarcas escarnece a un hombre humilde. Recuerda a otro infeliz con el que también se había identificado: en una festichola de copetudos, Luis Sandrini era dejado en calzoncillos.
Traspone los límites de Argentina: visita Asunción. Cuando supera, con inconvenientes, las quinientas páginas del Quijote en su tercer intento, y en franca rentrée con aquella Beatriz que parece ahora atraída por él, fallece, mientras es operado de peritonitis.
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"Semblanza"
Soy lo que soy desde que se murió mi mamá. Me sentía libre al principio, liberado. Me lo merecía. Mientras ella vivía fui un pelagatos. En la gran ciudad. No voy a revelar cuál era mi ocupación. En todo caso, digna. Mientras ella vivió, “el hijo de la sucia” me endilgaban. El eslogan dolía. Y dolía también el otro eslogan: “El hijo del vecino”. En referencia al quiosquero, el solterón de la casa de al lado. Y algo hubo, algo pasó.
En efecto, mi mamá no era propensa a la higiene. No era, tampoco, una mujer dada, que se pudiera decir, comunicativa. Estrictamente, gruñía en ocasiones. Yo le preguntaba: “¿Vino Isabel a buscarme?”: gruñido. “Mamá, ¿me hacés el nudo de la corbata?”: gruñía y me hacía el nudo de la corbata con una pericia deslumbrante. Le comentaba: "Me aumentaron el sueldo”: gruñido. Y le proporcionaba una generosa porción de mis ingresos. Trabajaba yo doble turno y ganaba por ese turno doble el ochenta por ciento de lo que se me abonaba por el turno simple. Y aún me quedaba un ratito para darle algunos besos a mi novia de la infancia, la adorable, la resignada Isabel. Escasas emociones en los primeros treinta años de mi vida.
Ahora soy un trashumante, difusamente melancólico. De Isabel me despedí, apenas después de tomada la ruda resolución de vagabundear. A mi mamá la llevo en el espíritu a donde quiera que me traslade y con quien sea que me junte. Admitan en mi semblanza que la añoro. Tengo para mí que acabaré por hastiarme.
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FLORES DEL MUNDO
Poco antes de que el sueño huya, ella entra, hace un giro y de sus tobillos brotan gotas de metal. El reloj golpea el tiempo con ritmo severo. Saca una mano de la sábana, coge la radio y se coloca los auriculares. Las palabras se engarzan y forman un collar que resbala desde el embozo y se despeña en el suelo con sonido desgastado. Dormita. Vuelven las piruetas naranjas, las bolitas de hueso con sus cuatro hendiduras y las pulseras cuajadas de cascabeles. Y luego las piernas rectas y sus cinco y cinco dedos morenos mareados de tintineos rápidos mientras sus labios le cuentan un cuento que no entiende. Ella levanta una ceja, lo mira con la hondura de sus ojos acotados de negro, se aleja dentro de sus sueños y queda una página blanca donde se escriben las notas del sitar. El abejorro del despertador pica y rasga el silencio. Se levanta, va al servicio y sube la tapa del water. Mientras sacude las últimas gotas en la porcelana, se mira en el espejo. El ribete rojo, las lunas moradas, los ojos apagados, la piel y dos brochazos de ceniza en las sienes. Se acerca la jubilación y siente que ha llegado la hora de un solo lugar y una sola mujer. O dos, se anima mientras se recupera de los estragos de la noche tomando un café en el bar del aeropuerto. Y sueña con unas caderas que abanican el aire a ritmo de samba. Su próximo viaje.
Sonrisas
Echo de menos sonrisas. Sonrisas en el autobús. Sonrisas en la verdulería, sonrisas en la oficina, sonrisas de la cajera del supermercado. La gente ha perdido la sonrisa. Yo encontré la mía olvidada en el bolsillo de un abrigo viejo. La limpié bien de pelusillas y ahora la llevo puesta todos los días. Es mi uniforme para enfrentarme a los días grises, a los días demasiado soleados, a los días en que nadie, ni siquiera la vida, me sonríe. A veces me dan ganas de pellizcar las comisuras de la boca de la gente y tirar de ellas hacia arriba, para hacerles sonreír. Con unas manos invisibles, claro. Sería una travesura de bruja, y solo pensar en ello, me hace sonreír de nuevo. La gente me mira y se pregunta: ¿y esa loca, de qué se ríe? Y yo les pregunto a ellos: ¿y por qué no os reís conmigo?
El lector.

Entró en la sala dispuesto a dar el último masaje de la jornada. Como siempre, el incienso, las velas, la luz tenue y la música, incitaban a la calma, al sosiego y la interiorización.
Kum*...
Algún día
si algún día te atrevieras a mirarme,
si algún día me hablaras,
si algún día me escucharas,
si algún día te permitieras conocerme,
si algún día me dieras tu mano...
... comprobarías que no somos tan diferentes.
si algún día me atreviera a mirarte,
si algún día te hablara,
si algún día te escuchara,
si algún día me permitiera conocerte,
si algún día te diera mi mano...
... comprobaría que no somos tan diferentes.
si algún día nos atrevieramos a mirarnos,
si algún día nos hablaramos,
si algún día nos escucharamos,
si algún día permitiéramos conocernos,
si algún día nos diéramos la mano...
... comprobaríamos que no somos tan diferentes.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Perspectiva
sábado, 4 de diciembre de 2010
RECETA PARA UNA LOCURA
El aprendiz de Prestidigitador
Nueva cabecera en El Microrrelatista

Metamorfosisland
Los niños pueden llegar a ser muy crueles, solamente es cuestión de tiempo.
bicefalepena
viernes, 3 de diciembre de 2010
jueves, 2 de diciembre de 2010
UNA MIRADA INDISCRETA
El domingo, como otro día cualquiera, Tomás se despertó dispuesto a seguirla en el devenir de su rutina. Esperó largo rato, mirando a través de la ventana. Las horas pasaban sin que diera señales de vida. Transcurrieron los días esperando impacientemente su vuelta. Una tarde, igual que otras muchas compartidas en la distancia, ella apareció de la nada. Se quedó allí, de pie, hermosa como era, mirándolo, con un ramo de flores en la mano y lágrimas de dolor en los ojos. La vio agacharse con ese cuerpo que tantos deseos le había despertado, depositando el ramo junto a una placa con la inscripción: Tomás Ortiz Muñoz 1980-2010, mientras sus sensuales labios decían “Tomás, yo también te miraba”
miércoles, 1 de diciembre de 2010
La vida es mágica
Cuando vio que no valía para ello decidió rehacer su vida, era el momento de tener descendencia. A los nueve meses tuvo mellizos, desde entonces vuelve a creer en la magia.
Miguel
Transformando el amor
Miguel
Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)
1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.
2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.
3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.
4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.
5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.
6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.
7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.
8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.
9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.
10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.
Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.