- ¿Isabelica? Sí, soy yo, tu prima María. Te llamo para decirte que ya ha nacido mi Jesusín. Sí, sí. Es guapísimo. Cuatro kilos, se engancha muy bien, ya lo creo. Sí, su padre le ha hecho una cunita con unas maderas. Todo bien. Bueno. No, si no es nada grave. Pepe y yo estamos felicísimos, lo que pasa es que hemos pasado una noche toledana que para mí se queda, hija. Primero un tropel de jovenzuelos y mozas querían entrar a nuestra casa pero mi marido les dije que nones, que yo estaba pariendo y que no era plan de que estuviesen todos aquí zampados mirándome dilatar. ¡Qué falta de respeto, por Dios! Pero no se fueron, sino que se quedaron de parranda toda la noche cantando y bailando. Y después llegaron tres ricachones en el mismo plan, que querían ver a mi bebé. Y yo allí recién parida. Que no, que no, les dijo mi Pepe. Dejad los regalos, o lleváoslos, si queréis y volvéis dentro de una quincena. Lo que yo te diga, prima, es que a una no la dejan ni parir en paz. Ah, y se me olvidaba, mi Jesusín abrió los ojos justico justico cuando pasaba por la ventana una estrella fugaz más grande y más luminosa que nada. ¡Preciosa! Te dejo, que voy a darle el pecho otra vez, qué glotón me ha salido.