Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!
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viernes, 16 de diciembre de 2016

Los mujerales. Purificación Menaya


Los mujerales

Allí de donde yo vengo las mujeres nacen en los árboles. Primero son flores que abren sus pétalos en primavera. Exhalan un perfume que atrae a los hombres aunque se hallen muy lejos. Ellos riegan y cuidan los árboles en cuanto aparecen, a veces hasta cubren las flores para protegerlas de las heladas. Por las noches las flores se cierran y los hombres suspiran por ellas hasta el amanecer, momento en que se quedan dormidos. Por la mañana ellas abren sus pétalos, se estiran, y cada día van adquiriendo forma de hembra humana; primero salen las piernas colgando de la corola, después van cayendo las caderas, el vientre liso y suave, luego empiezan a asomar los senos redondos y los brazos que se alargan hacia el suelo; por fin aparece la cabeza y cuando caen los pétalos, es su larga cabellera la que las une a la rama. Se balancean bajo el sol, mueven los brazos y las piernas acariciando el viento, y su risa cae sobre los hombres como una lluvia picante que les hace cosquillas en los costados. Es entonces cuando mujeres y hombres están preparados. Con un impulso más fuerte, se sueltan del árbol y se lanzan sobre ellos, que las esperan con los brazos abiertos.

Autora: Purificación Menaya
Blog: El rincón de la bruja de chocolate.

Fotografía: ©Mike Dempsey

martes, 14 de agosto de 2012

Grafiti

Foto Puri Menaya
Había una muchedumbre en la calle. Todos intentaban entrar en aquella casa, cuya fachada era un enorme grafiti. Las ventanas superiores estaban pintadas con personas de colores vivos en su interior. En una de ellas se veía un hombre de espaldas, que salía de la ventana, tenía medio cuerpo fuera de ella. En el interior de la casa se celebraba una macrofiesta, la música salía hasta la calle. Era el final de la noche, ya estaba amaneciendo. Y la gente seguía sumándose a la fiesta, solo nosotros dos no queríamos entrar. Volví a contemplar la ventana pintada en la fachada y me pareció que el hombre se movía. Si, el hombre pintado, con su traje arrugado y azul, se movía con el movimiento en espiral de los cuadros de Van Gogh y en ese movimiento se convirtió en un hombre de verdad, con su medio cuerpo saliendo de una ventana de verdad. Al instante siguiente, lo vi caer por la ventana, a nuestros pies. Entre la vida y la muerte, solo hay una ilusión, me dijo mi amante, abrazándome. O un sueño, contesté yo.

Autora: Puri Menaya.
Blog: el rincón de la bruja de chocolate

martes, 16 de agosto de 2011

De siete en siete


Foto de Pedro Rovira Tolosana

A simple vista parecía que aquel día no iba a terminar nunca. Como siempre que estaban juntos, las horas se estiraban para hacerles un hueco donde acurrucarse, amarse, disfrutarse, sentirse. Cada siete años se encontraban, no sabían dónde pero sí el día exacto en que ocurriría. Vagando por la ciudad por los sitios habituales o inhabituales, sus pasos se cruzarían al doblar la esquina o a la sombra del plátano del parque o en la papelería: en sus destinos estaba escrito que sería así. Hoy el reencuentro se había producido en un café de la plaza. Ella había pedido un té, él un capuchino. Siete años más, siete dolores nuevos en los huesos, setenta y siete inviernos a la espalda, setecientas arrugas de vida, pero la misma sonrisa en los labios, con siete dientes menos. Después vendrían siete lagunas sin verse, pero no pensaban en eso, solo disfrutaban de aquel día interminable que el destino les regalaba. Había sido siempre así, desde que se conocieron en el parque a los siete años, pescando ranas en el estanque. Y luego a los catorce, el primer beso en el portal de su casa. A pesar de la elasticidad inagotable de aquel día, ella percibió un amargor excesivo en el té y al añadir azúcar tuvo la certeza de que su decimoprimer encuentro iba a ser el último. No dijo nada, pero él también lo sabía. Cuando al anochecer se dieron el beso de despedida, la luna salió para anunciarles que su tiempo había concluido.

Puri Menaya
el rincón de la bruja de chocolate

miércoles, 13 de julio de 2011

Al despertar contemplé el sol rojo-fucsia, con su perfección redonda presidiendo el translucido cielo neblinoso. Me acordé de aquella frase en mi libro de lengua: "El sol, capitán redondo, monta en su globo a los pájaros". Sólo me faltaban los pájaros. Pensé que también faltaban la pizarra, los pupitres verdes, la señorita Milagros, los bollos de mi madre con jamón york, los secretos de Yolanda, la fila del churro-va, Chito limpiándose los zapatos con un papel después del recreo... Pero no, todos estaban ahí, bajando del globo rojo en una ordenada fila, mientras cantábamos a coro la tabla del nueve.

Puri Menaya

lunes, 20 de junio de 2011

De siete en siete

Foto de Pedro Rovira Tolosana


A simple vista parecía que aquel día no iba a terminar nunca. Como siempre que estaban juntos, las horas se estiraban para hacerles un hueco donde acurrucarse, amarse, disfrutarse, sentirse. Cada siete años se encontraban, no sabían dónde pero sí el día exacto en que ocurriría. Vagando por la ciudad por los sitios habituales o inhabituales, sus pasos se cruzarían al doblar la esquina o a la sombra del plátano del parque o en la papelería: estaba escrito en sus destinos que sería así. Hoy el reencuentro se había producido en un café de la plaza. Ella había pedido un té, él un capuchino.  Siete años más, siete dolores nuevos en los huesos, setenta y siete inviernos a la espalda, setecientas arrugas de vida, pero la misma sonrisa en los labios, con siete dientes menos. Después vendrían siete lagunas sin verse, pero no pensaban en eso, solo disfrutaban de aquel día interminable que el destino les regalaba. Había sido siempre así, desde que se conocieron en el parque a los siete años, pescando ranas en el estanque. Y luego a los catorce, el primer beso en el portal de su casa. A pesar de la elasticidad inagotable de aquel día, ella percibió un amargor excesivo en el té y al añadir azúcar tuvo la certeza de que su decimoprimer encuentro iba a ser el último. No dijo nada, pero él también lo sabía. Cuando al anochecer se dieron el beso de despedida, la luna salió para anunciarles que su tiempo había concluido.

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Relato para el cuarto juego del vendaval de micros. Había que escribir el corazón de un relato que empezara por: A simple vista parecía...
y terminara con: ....su tiempo había concluido.

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Puri Menaya

lunes, 6 de junio de 2011

Universos paralelos



En un instante, con el simple roce de un dedo, un universo se rompe. La perfección redonda y transparente estalla en miles, millones de gotas brillantes que se expanden y transforman. Ese universo está dentro de otro en el que la vida continúa, ajeno a la destrucción que ocurre en sus esquinas. Morki sabe que, en un abrir y cerrar de ojos, la vida y lo no vida se crean y se destruyen, aquí, allí y en el más allá. Con un telescopio interuniversal, Morki contempla la explosión del universo, el fin de una belleza efímera, la transformación de un cosmos en un microcosmos. No sabe lo que es una pompa de jabón, nunca ha visto un niño, sólo es un experto en universos paralelos. Se le ha hecho un nudo en el estómago o en lo que sea que tiene dentro de sí y que se encoge cuando ve algo que le emociona. No sabe que enseguida, otra bola redonda surgirá y un niño la volverá a explotar. Cierra su telescopio, inquieto. La luna entonces se asoma con timidez en nuestro universo, con la certeza de que él ya no puede verla. 

lunes, 23 de mayo de 2011

El pañuelo de mi abuela

Ilustración de Clara Varela
Guardo en mi mesilla un pañuelo de encaje de mi abuela. Es lo único que me queda de ella y cuando estoy triste, abro el cajón, saco el pañuelo y lo despliego. Este pañuelo es estupendo para llorar. Entre las flores de encaje encuentro a mi abuela, se aparece en una imagen de cuando era más joven, un retrato que yo veía en su dormitorio. No sé porqué se aparece ésta y no la abuela que yo conocí, pero tiene un beso florido pegado en su mejilla, un beso como los que me daba ella cuando era niña. Entonces recojo mis lágrimas en el pañuelo, me llevo el beso y vuelvo a vivir.

lunes, 9 de mayo de 2011

Botellas de aromas

El micro del divorcio me dejó un poco mal sabor de boca, por eso os dejo este otro también:

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Esto era una vez una bruja que recogía el aroma de cada persona que amaba en una botella. De Elena tenía sus risas, de Pilar sus besos, de Andrés el calor de sus manos, de Juan un olor a rosas que empalagaba todo... De cada persona guardaba lo mejor, su esencia verdadera. Cuando quería estar con una persona y no la tenía cerca, abría su botella y aspiraba un poquito. Luego la volvía a tapar deprisa, para que no se escapara todo el aroma.
Un día alguien rompió las botellas y escapó de su casa para que no le descubrieran. De las botellas salieron todos los olores y cualidades y se mezclaron en el aire de la habitación. Cuando la bruja entró y vio aquel estropicio de cristales rotos y aromas confundidos, sintió una gran tristeza y pensó que todos sus años guardando esencias no habían servido para  nada, que todas se iban a perder irremediablemente en el aire. Pero cuando se vio envuelta por la caricia de Rosa, la risas de Teresa, los besos de Pilar, por ese revoltijo de olores y amores de sus amigos, en los que podía identificar a cada uno, supo que aunque las botellas estuvieran rotas, ellos y su cariño siempre estarían con ella. Nadie podría romper nunca el aroma que habían dejado en su corazón.

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Nota: Me llevo a Madrid el bolso lleno de botellas para rellenar con vuestros aromas, cuentistas. Ah y no vale apestar a desodorante, ¿eh?

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Puri Menaya
el rincón de la bruja de chocolate

Divorcio

Se me olvidó otra vez que los niños iban este fin de semana con su padre. Hemos repartido las casas, el coche, las cuentas corrientes, hemos roto por la mitad nuestros corazones... Pero no me acostumbro a partir a los niños. Claro que el pequeño siempre me lo recuerda con sus sabias palabras: "Hay que com-partir, mamá, lo dice la maestra". Me ha salido como Salomón, el niño.

Puri Menaya

lunes, 25 de abril de 2011

La palabra



Nadie, en varios kilómetros a la redonda, sabría decir su nombre. Esas criaturas que ahora les dominaban sólo emitían sonidos guturales, habían prohibido su lengua. Echaba de menos las palabras de su pueblo. Habló en voz alta únicamente porque necesitaba escucharlas, para no olvidarlas: Reykarak, tú eres el único que recuerda la profecía, tú lo conseguirás.

Huiría esta noche. Se había hecho amigo de un caballo, ellos aún entendían su lengua. Cuando todos durmieran, el caballo vendría a buscarle. Cabalgaría toda la noche. Y cuando la palabra libertad resonara en la cúpula del templo de Mur, los hombres hablarían de nuevo y los sonidos guturales serían ahogados por sus palabras.

Puri Menaya.
el rincón de la bruja de chocolate

lunes, 11 de abril de 2011

Sueño en la telaraña





Tengo telarañas en los ojos, cada vez que los abro veo todo borroso, la realidad atrapada en esa tela pegajosa que lo distorsiona todo. Hasta las esbeltas piernas de Eva me parecen las de una bailarina con tu-tú, difuminada, cuyo baile quiere conquistar mi corazón. Es lo único hermoso de mi enfermedad y también lo más triste. Pues aunque mis ojos medio ciegos me engañan, la fantasía dura poco. Cuando oigo su voz, mis oídos, que ahora están mucho más finos, reconocen ese tono de resignación cansada que me confirma mis temores: que Eva está a mi lado sólo por la compasión que le inspira este hombre inválido y desahuciado.

Puri

lunes, 28 de marzo de 2011

Flor león

Había una vez una flor que rugía a las mariposas. De su corola caían los pétalos anaranjados como una larga melena de terciopelo, los pistilos largos eran afilados colmillos. De su tallo salían cuatro hojas, emparejadas dos a dos, que terminaban en afiladas espinas, esas eran sus garras. Se trataba de una flor-león, lo único que la diferenciaba de un león de verdad era que no podía moverse del sitio. Por eso las mariposas-cebras y las moscas-gacelas revoloteaban a su alrededor sin miedo, a pesar de los rugidos. Solo tenían que tener cuidado cuando soplaba el viento, pues impulsada por una ráfaga  podía alcanzarles con algún zarpazo.


Puri Menaya




lunes, 14 de marzo de 2011

Mi otro yo

Estamos condenados a inventarnos una máscara y, después, a descubrir que esa máscara es nuestro verdadero rostro.
Octavio Paz


Es inútil escapar de uno mismo, tarde o temprano nos topamos con nuestro propio ser, nos guste o no. Es mejor llevarse bien con él. Si te enfadas, no puedes dar un portazo y dejarle plantado con un palmo de narices, siempre viene detrás de ti. Te tomas unas copas, o un par de canutos y lo olvidas por una noche, pero al día siguiente, entre el dolor de cabeza de la resaca, aparece con esa sonrisa de suficiencia, como diciendo: no te librarás de mí tan fácilmente. Hace tiempo que intenté ser otro y con una máscara he engañado a mis semejantes, pero a él no puedo engañarle, aunque a fuerza de la costumbre, me ha confesado que cada vez se parece más a esa máscara esperpéntica que le he puesto. El problema es que él no me gusta, pero la máscara todavía me gusta menos.

lunes, 28 de febrero de 2011

No tengas miedo


- No hay que tener miedo porque el miedo genera más miedo y cada vez más miedo y más miedo…
Su madre le miró con los ojos arrasados en lágrimas. Él la abrazó y sintió la fragilidad de su pequeño cuerpo mientras le decía:
- No te preocupes, yo acabaré con él.
- No, tú no puedes enfrentarte a él – sollozó la madre temblando en sus brazos.
- Es cierto, solo tú puedes hacerlo– le contestó -. Dame la mano y abandónalo de una vez.


Ella se aferró a su mano y rozó por unos instantes la libertad.


Puri

(Espero que no os enfadéis porque hoy pongo dos cuentos, este es cortito...)

Poniendo un poco de orden


Me crucé con él antes de entrar en la oficina. Llevaba un sombrero vaquero negro, una cazadora bien plantada, vaqueros pitillo ajustados y las botas camperas que pisaban con decisión. Automáticamente, me volví a buscar su caballo. Pero no, no había un sólo caballo, sino un dos caballos amarillo limón. Bonita caravana para un vaquero. Un cigarrillo prendido en su boca estiraba una mueca amarga hacia la comisura de los labios. Busqué a su chica que le esperaría en el saloon. Pero en la cafetería nadie pedía whisky a esas horas de la mañana y las mujeres no sabían bailar el can-can. Tuve la sensación de que todo estaba fuera de lugar aquella mañana, no había calle polvorienta sino asfalto negro y sin vida, ni abrevaderos sino contenedores verdes de basura y las casas no eran de madera sino de ladrillo anaranjado, las mujeres no llevaban faldas hasta los pies ni sombreros de flores, sino minifaldas... Hasta yo mismo me sentí fuera de lugar, con mis gafas de sol y el maletín en la mano. Subí a la oficina y empecé a escribir un relato. Del oeste. Ahora todo está en su sitio.
Puri

lunes, 14 de febrero de 2011

Pierdo los ojos





Pierdo los ojos entre las páginas de mi libro nocturno, se me caen de sueño y luego me cuesta recuperarlos para ponerlos en sus cuencas, a saber en qué página me asaltó el monstruo del sueño. Ese monstruo que abre la boca en cada bostezo y que nos devora cada noche para devolvernos la vida. Paso las páginas y pienso en cómo voy a encontrar mis ojos, si están en el libro no tengo con qué verlos. Así que dejo el libro abierto en la mesilla y me duermo con la confianza de que durante la noche mis ojos saltarán del libro y volverán a sus cuencas. De lo contrario, ciega para siempre.

lunes, 31 de enero de 2011

Mudanza

Tenía que cambiar de piso. Este ya se le estaba quedando pequeño. Pero le daba pereza. Había que buscar, mirar, remirar y por fin elegir. Pero ya no podía demorarlo más, ya casi no cabía en este. Salió de casa por la mañana, decidido a que hoy lo encontraría. Los rayos de sol acariciaban su espalda, era importante ver a la luz del día su futura casa. Y sí, tras un corto paseo, la encontró: estaba allí, sobre la arena húmeda, las olas la acariciaban una y otra vez. Se enamoró de ella nada más verla. Asomó la cabeza por la puerta y comprobó que no estaba ocupada. Siempre había deseado vivir en un caracol de mar, con esos pinchos tan largos que le daban un aspecto tan exótico, como de casa futurista, y este además tenía unos bonitos colores marrones y beiges. Se metió dentro, y se sentó en el centro de la sala, dejando asomar sus pinzas por la puerta. Hogar, dulce hogar.

(Como a todos los cangrejos ermitaños, le molestaba cambiar de casa al crecer. Sin embargo, esta vez había merecido la pena).


Puri Menaya. El rincón de la bruja de chocolate

lunes, 17 de enero de 2011

Cuando la lluvia llora

Llegué a casa con el impermeable mojado y el alma seca. Demasiados sentimientos se atravesaban en mi garganta. Miré por la ventana. La lluvia continuaba, veía el agua en el aura de las farolas. Una gota de lluvia, en el cristal de la ventana, cayó deprisa, atrapando en su camino más gotas para convertirse en un arroyo rápido que alcanzaba el borde de la ventana. Otra gota y lo mismo, más arroyos tristes corriendo en mi ventana. A veces no basta con que la lluvia caiga sobre nosotros para empaparnos de tristeza, a veces hay que ver la lluvia llorando en la ventana y es entonces, bajo el techo cubierto, cuando atraviesa el corazón con sus manos húmedas. Lloré, por fin. Mi impermeable ya estaba seco, pero ahora tenía el alma mojada.

lunes, 3 de enero de 2011

El nido


Ahora vivimos en los árboles. Hemos vivido en las dunas del desierto, en el fondo del mar, en un iglú forrado de pieles, en un barco en los mares del sur, en la ciudad de las mil torres, en las grutas de columnas doradas. Pero ahora vivimos en los árboles y es lo que más me gusta. Nos despiertan los pájaros antes de amanecer. Es algo molesto, nos hacen madrugar demasiado, pero generalmente, damos media vuelta, nos abrazamos y seguimos durmiendo. Un poco más tarde, los rayos de sol se cuelan entre las hojas y nos acarician los párpados. Nos levantamos y vemos el cielo en los huecos que dejan las hojas, y hacia abajo, los troncos y las grandes raíces. Saltamos de árbol a árbol, nos desplazamos colgados de las lianas. Vivimos en una penumbra verdosa, entreverada de rayos de sol. El bosque es grande, es difícil salir de él, es maravilloso perderse en él. Esa sensación de vivir entre el cielo y la tierra, sin pisar jamás el suelo, como flotando. Lástima que Adrián ya esté pensando en marcharnos otra vez. Dice que se aburre, de nuevo. Yo no me canso del susurro del viento en las hojas, ni del olor a tierra y hojas húmedas, ni de oír el picoteo del pájaro carpintero y su risotada de carraca. Me pregunto qué se le ocurrirá ahora. ¿Un globo entre las nubes? ¿Un palacio de cristal? Yo no necesito nada más: quiero hacer nuestro nido en estas ramas, para siempre.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El viejo cuentacuentos


El cuentista contaba en la calle. Se sentaba apoyado en la pared de la casa, su larga barba blanca reposaba entre las piernas sobre su túnica. Los niños lo rodeaban, sentados en el suelo. El cuentista era ciego, no veía la calle ni a los niños, pero sus ojos contemplaban los maravillosos paisajes de las historias que salían de su boca. Los niños estaban muy quietos, sólo el cuentista se movía, gesticulando, poniendo voces graves o melifluas, serias o divertidas. Los niños sabían que si se movían o hablaban, las palabras del viejo se romperían. Y con aquellas palabras, sus ojos volaban igual que los del ciego hacia lejanos reinos de leyenda. Alrededor de aquel grupo, el bullicio de la vida seguía su curso: gente apresurada, coches, bocinazos, vacas sagradas, bicicletas viejas, vendedores ambulantes. El cuentista creaba una burbuja donde los problemas se aparcaban, donde el agujero en el estómago por el hambre se olvidaba, donde los niños podían sonreír sin que nadie les golpeara. Cuando el viejo llegaba al final del cuento, los niños daban las gracias al hombre sabio y le estrechaban la mano. Luego volvían a pedir una limosna con su taza de hojalata o a limpiar los zapatos de los encorbatados o a cantar una canción triste en la entrada del metro.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.