Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!
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jueves, 13 de octubre de 2016

La casa de la niña.


La casa de la niña.
 
La Casa de la Niña era una gran mansión envuelta en hiedra y rodeada por un enorme jardín cuyo abandono lo había convertido en bosque. El tiempo borró de las memorias de la gente lo sucedido tras sus muros y el por qué de ese nombre. Lo que si era cierto es que aquel lugar provocaba una curiosidad que rozaba la fascinación. Sobre todo en los más pequeños, cuyas cabecitas se llenaban de posibilidades fantásticas y tenebrosas. Por eso, el grupo de críos aguardaba en uno de los maltrechos bancos de piedra. Hacía horas que por medio de sorteo decidieron quien sería el valiente encargado de entrar en el sitio misterioso. Al anochecer, desesperados, no tuvieron más remedio que regresar a sus casas. Lamentaron tener que dejar allí a la niña.

Autor: Torcuato González Toval
La Imagen viene de AQUÍ

sábado, 31 de marzo de 2012

Travesuras

Hice novillos y robé unas botellas del camión de cerveza. Las compartí con el burro del cura. Fue un entierro muy sonado.

Torcuato González Toval

sábado, 7 de enero de 2012

Todo controlado.


- Hola, ¿qué hacen todas esas personas en tu plaza?
- Se la he cedido para que protesten contra mi, y expongan sus peticiones.
- Has hecho bien. ¿Y este muerto?
- Ah, ese, lo tuve que matar.
- ¿Y eso?
- Tenía un punto de vista distinto a estos, e incluso estaba a punto de convencer a alguno que otro.
- Entonces, estaba de tu lado.
- No, no. Estaba contra mi.
- Pues no lo entiendo.
- No pasa nada, corre, ve a la plaza a aportar ideas.

Torcuato González Toval.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Nuevos miedos

Los grandes líderes vieron que había llegado la hora. El orden de actuación lo tenían adjudicado desde hacía tiempo, y el primero de ellos subió al gran pedestal para hablar al pueblo, más hermanado que nunca. Agarró el micrófono y empezó el discurso que se repetiría en otros estados, días después. Su voz se oyó en todos los lugares, radios y televisores. Las gentes, atónitas y con las gargantas secas, clavaron sus miradas en el cielo.

martes, 27 de septiembre de 2011

Influencias musicales

Tras una noche de desfase, Joaquín Sabina conducía su coche por las calles del barrio, sin percatarse de que su velocidad no era la más adecuada. También, tras el concierto, estuvieron de copas los Dire Straits. En este caso, era un monovolumen su transporte hacia el hotel. Fue tremendo el pasmo que se pegó la pobre embarazada que por allí paseaba, al ser testigo de la colisión entre los dos vehículos. Tras ser atendida de urgencias dio a luz un bello y calvo niño.
"¿Qué nombre le pondrá al niño, señora?"
Entre sudores la mujer contestó: "Pensaba llamarle Ernesto, pero tras lo de esta noche le pondré Adolfo. Si. Le pondré Adolfito.
Desde entonces, al niño, para abreviar, lo llamaron Fito.

Torcuato González Toval.

jueves, 12 de mayo de 2011

Mi perro es encantador

Tengo un perro muy gracioso y bonico. Esta mañana me ha despertado pegándome tirones de la pata del pijama. Me ha llevado hasta el salón para enseñarme que además de saber hacer pipí y caca en la calle, lo sabe hacer dentro de la casa. No lo he castigado, ¿como iba a hacerlo?, se ha puesto de pie sobre sus patas de atrás, dando saltitos alrededor mío y moviendo la cola alegremente, me he limitado a limpiarlo todo y a vestirme. Mientras paseábamos lo observaba, dándome cuenta de que no paraba de vaciarse por aquí y por allí. Una y otra vez levantaba la pata o hacía la típica postura de descarga. Ha seguido, dale que te pego hasta parecer que iba menguando de tamaño. En efecto, ha llegado un momento en que era tan pequeño como un gorrión, pero sin alas ni pico. Y al instante ya era como un escarabajito peludo. No hacía guau, sino güi, güi. Entonces, he puesto la mano en el suelo para que subiera en la palma y así evitar perderlo de vista. Lo he mirado y ha empezado a resultarme una ricura, más que de costumbre. Un impulso irrefrenable ha hecho que me lo metiera en la boca. Antes de pegar la primera masticada se ha deshecho con el contacto de mi saliva.

Torcuato González Toval

jueves, 28 de abril de 2011

Lágrimas

Prendió un cigarro y le dijo que ya no lo amaba. El vio sus lágrimas y pensó que mentía pero era el humo en sus ojos lo que la hacía llorar.

jueves, 14 de abril de 2011

El planeta de las hormigas

Aquel planeta estaba habitado por hormigas gigantes con forma humanoide. Les gustaba hacer picnic los soleados días festivos. Sentadas encima de las montañas de la gran cordillera, con sus patas traseras colgando, comían los ricos bocadillos preparados por mama hormiga. “Comes como un cerdo” Increpaba esta a uno de sus retoños que masticaba con la boca abierta dejando caer migajitas de pan y trocitos de queso. Mientras, abajo, hileras de humanos se aprovechaban de esta situación.

Torcuato González Toval

jueves, 3 de marzo de 2011

El coleccionista de miradas.

Amaba su colección. Todas las mañanas, después de desayunar, entraba en el gran salón donde la tenía expuesta, y paseaba lentamente la vista por los frasquitos. Los ojos azules, pardos, grises, verdes, lo miraban desde dentro del formol y le recordaban el cazador en que se convertía al caer la noche, el que salía buscando presas a las que arrancar sus miradas con maestría de cirujano. Los policías lo encontraron muerto en la sala de la macabra exposición. Al leer en voz alta la nota que sujetaba, miraron al fondo, al lugar privilegiado donde estaba el gran frasco, vacío, como las cuencas de sus ojos.

Torcuato González Toval

miércoles, 16 de febrero de 2011

Ley para perros

Estamos esperando en la cola para poder mear en este árbol. Porque este es el árbol oficial donde tienen que mear los perros. Es la ley la que obliga a ello. Si, ya sé, se podría mear en cualquier otro sitio, es de tontos que todos meemos ahí, pero los legisladores estimaron oportuno que todos los canes depositásemos nuestros residuos en este lugar. Tenemos que olvidar el motivo que antes teníamos para orinar, es decir, marcar el territorio. Aquí en esta sociedad libre, democrática y avanzada eso está fuera de lugar. No sé. Algo en mi interior me dice que esto no funciona.

Torcuato González Toval

jueves, 3 de febrero de 2011

A la caza.

Subidos en jirafas, nos dirigimos a la búsqueda y caza de los pájaros gigantes. Estos animales, días atrás, arrasaron nuestro poblado. Tres lunas sin apenas descansar y por fin uno de los soldados alerta al resto. En tierra, carbonizado, está el ejemplar más grande que ninguno haya visto. Algo le atacaría mientras volaba, digo, y al caer se provocó una profunda herida. Entramos por ella y con enorme pena descubrimos, dentro del estómago de la bestia, a otros, recién devorados.

jueves, 20 de enero de 2011

¡Esas manos!

-¡Imbéciles! Brotó aquel grito infantil a través de la ventana. Algún niño cabreado, increpaba a sus compañeros de juego. Soy miedoso, lo reconozco, me asusto hasta de oír maullar a un gato, y debido al sobresalto, di un brinco merecedor de un record mundial. Literalmente, volé hacia la carretera por la que no dejaban de pasar coches. Conseguí no estrellarme contra uno de ellos agarrándome con ambas manos a los voluminosos y turgentes pechos de una bella mujer que pasaba cerca. Recuperándome en el hospital la duda me asalta: ¿Me golpeó aquella bonita chica o fue mi esposa?

Torcuato González Toval

jueves, 6 de enero de 2011

Nubes blancas.


¡Mira! ¡El cielo está lleno de madres!

jueves, 23 de diciembre de 2010

Última diversión.

El octogenario pasó horas sentado en el banco del parque, desde poco antes de que los chorros de la fuente empezaran a brotar. Iban apareciendo grupos de personas dedicadas a sus cosas y no le prestaban mayor atención. Mientras, el viejo miraba fijamente los hilos de agua entrelazándose delante de él. Algo pasó y los hombres, mujeres y niños fueron quedando pasmados por lo que veían. El anciano se había despojado de toda la ropa y en ese momento estaba desnudo en posición como si fuera un velocista a punto de tomar la salida. No pasaron dos segundos cuando ya corría a la velocidad que le permitían sus achacosos huesos. En el borde de la fuente, dio un salto, capuzándose en su seno. La gran salpicada dejó empapados a la mayoría de espectadores cuyas caras estupefactas contrastaron con la gran alegría del viejo. Aprovechó en nadar todo lo que pudo en la escasa profundidad ya que tenía cronometrado el tiempo de diversión.

Torcuato González Toval.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Equilibrio en el parque.

En el estanque, un nenúfar flota, indiferente a la rana que a punto está de saltar encima de él. A su vez, el pequeño batracio, sólo presta atención a la libélula posada dos hojas más allá. Y creo que en el parque, soy yo el único que se percata de la situación mientras los toboganes se pulen, las ruedas de los carricoches chirrían y las gotas de sudor resbalan por las pequeñas frentes infantiles.

Torcuato González Toval

jueves, 25 de noviembre de 2010

Recuento

¿Cuántos sacos habría echado dentro del mezclador de masas en la fábrica durante ese día? Se preguntó el lunes a la salida. ¿Cuántos a lo largo de esa semana? Se dijo el viernes al sonar la sirena. ¿Cuántos ese mes? Se interrogó el día 30. ¿Y ese año? Brindando y comiendo uvas al son de las campanadas. Finalmente el día que firmó la jubilación no se preocupó de cuanta paga le quedaría. Simplemente dijó: “Mi vida ha sido un llenar sacos de harina.”

Torcuato González Toval

martes, 9 de noviembre de 2010

Paseos nocturnos.

Como todas las noches, se atiborraron en la gran despensa, retirándose cuando sus barriguillas ya reptaban por el suelo. Siempre con sumo sigilo para evitar llevarse un buen escobazo. Uno de los roedores olió el perfume de la mujer. Desde lo alto, esta lo miraba sonriente y serena, al contrario que otras veces. De la caja que sostenía escapaban unos granos de maíz que caían al piso. El ratón se relamió viendo ese maíz, idéntico al que acababa de devorar.


Torcuato González Toval.

lunes, 25 de octubre de 2010

La mejor jugada

El último reparto de cartas le había sido muy favorable. Allí estaba ese magnífico repoker formando abanico en sus manos. Al juglar comodín lo flanqueaban dos ases negros a un lado y dos rojos al otro. Tras una noche aciaga en la que todo estaba perdido conseguiría ganar la partida definitiva y todos esos fajos de billetes serían suyos. "Trío", dijo uno. "Poker de damas", el otro.

Por fin quedaba el último. Este lo miro con ojos de sonrisa malvada para después ir mostrando las cartas una a una: Comodín...As de picas...As de trébol......De rombos... De coraz...

"¡Tramposo, eso es imposible!". Gritó el otro al tiempo que sacaba su arma. "Te mataré con esta pi...pi...pi...pi...pi...pi..

Despertó sobresaltado y apagó el despertador.


Torcuato González Toval

viernes, 22 de octubre de 2010

Arrepentimiento

Después de una vida llena de riquezas y poder, notando ya los primeros quemazones, desde su lecho de muerte se lamentó de haber negociado con aquel pequeño hombre de rostro rojizo y extraña sonrisa.

martes, 19 de octubre de 2010

Esperando la humedad

Mañana va a llover. ¿Será certeza o deseo desmedido? El aire penetra en mi nariz con olor húmedo y los pájaros se lo dicen unos a otros. El sol clava sus agujas calientes en mi piel. Ya lo decía mi padre, y antes que él, mi abuelo, y antes su padre: “Escucha al viento, a los pájaros y al sol”. Hoy he venido aquí con la única intención de escuchar. No tengo nada más que hacer. Sólo esperar a que caigan las primeras gotas. Aguardar y confiar mientras noto esta tierra agrietada bajo mis pies. Brotarán entonces las semillas, con ellas, mi sonrisa.

Torcuato González Toval

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.