A un loco los demás no le creen aunque tenga la razón.
Éso lo entendió más que bien un mesías que regresó a la tierra y amistó con un habitante del manicomio quien fué a parar ahí por expresar desacuerdo con muchas reglas y leyes que regían en las ciudades.
El Dios reencarnado le explicó que no le interesaba salvar a una humanidad que aceptaba tanta injusticia y que tampoco deseaba ser crucificado como su predecesor.
Sin embargo si salvaría a una docena de mujeres y hombres para que le acompañasen a los mejores lugares del mundo y la pasaran bien todas sus vidas. Incluyó a su amigo.
Cuando llegaba el momento de pagar hacía el milagro de desaparecer a todos.
De repente la gente violenta en especial tiranos y criminales empezaron a ser devorados por cocodrilos
Los discípulos sabían que todo ésto era obra de el maestro, pero ellos callaban pues comprendían que lo hacía por amor a los demás. Como dicen; muerto el perro se acabó la rabia.
Aún así pasaron varios siglos para que se eliminase la relación adversarial entre los humanos.
Por fin se dieron cuenta que si todo mundo es incluído en los beneficios y la justicia surge la paz.
Y con la paz comienza una nueva era.