Se levantó inusualmente temprano a como solía hacerlo cada día, preparó un café de viruta como solía decir la abuela, se sentó en el patio esperando el amanecer acompañada de un cigarro, lo fumó despacio como casi nunca lo hacía, de por si siempre hacía todo de afán, un afán que cargaba desde siempre, desde niña como si algo más allá de ella la persiguiera, premoniciones de tiempo corto, disfruto oír el ensordecedor pero dulce sonido de los guaduales bailando con el viento, acompañados del canto de aves pasajeras, y si, hoy va a ser un gran día, se decía. Se baño pausadamente disfrutando cada gota de agua que se deslizaba por su aun joven piel, se vistió con las ventanas abiertas, como quien se arregla para alguien y efectivamente lo hacia, solo se puso una semitransparente batica blanca que dejaba ver sus redondeadas piernas, sus calidas nalgas y pequeños senos aun duros, titilantes por el agua, se aplico crema con delicadeza, perfumo cada parte de si, y se dio un saludable desayuno de fruta, dejo suficiente comida a sus gatos, los miro con amor y los dejo salir a su matutino baño en la banca roja, , se sentía renovada, liberada pero sobre todo feliz. Todo en su lugar subió la banca, hizo los nudos y los aseguró, deslizó la cuerda del techo y con toda la decisión se dejo caer…. Estar en una hamaca sin esperar a nadie era lo mejor.
Autora: Caro Orozco