Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

jueves, 13 de enero de 2011

La princesa

A él le gustaba escribir cuentos. A ella le gustaba vivirlos. Hizo de él su paladín forzoso rescatándola de dragones encarnados en porteros de discoteca. Siempre tuvo una curiosa habilidad para perder zapatos por doquier y aunque no se llama Alicia adora viajar al País de las Maravillas.
Últimamente pasa tanto tiempo allí que él se ha visto obligado a encerrarla en una torre de oro, como aquella Rapunzel. No hay trenzas para llegar a ella. El Diazepam hace las veces de escalera.

Blog: Palabras Preci(o)sas

Milagro

Sentado una vez más el escritor frente a su campo estéril observaba con desesperación cómo la tierra continuaba sin dar fruto. Donde antaño hubo fértiles viñedos de jugosos relatos breves e incluso frutales que producían los más hermosos cuentos, hoy no había nada, solo tierra dura y árida. Hubo incluso un jardín donde crecían poesías salvajes. Sin apenas cuidado ni abono, florecían exuberantes por doquier.

Con el corazón encogido por la angustia y la nostalgia, una lágrima resbaló por su mejilla y fue a caer en mitad de la hoja en blanco. Fue entonces cuando del cerco húmedo comenzó a brotar una tímida palabra. Casi sin darse cuenta apareció otra al lado y luego otra y otra allá un poco más lejos. La seca blancura se fue poblando de nuevo de pequeños ejércitos de hormigas negras que traían un regalo inesperado.

Blog: Palabras preci(o)sas

Eternidad

Ya están hartos de jugar al ajedrez: se han dado jaque mate unas mil veces cada uno.

El juego del escondite ya no tiene sentido pues conocen todos y cada uno de los lugares habituales del otro. Hace mucho que dejaron de buscarse, pasado el entusiasmo de los primeros tiempos. Ya se lo han contado todo y lo han visto todo. Han disfrutado mutuamente de su compañía hasta que la compañía dejó de ser un disfrute.

Ahora, ella dormita perezosa bajo un cerezo, arrullada por el melodioso canto de los pájaros, ajena por completo a los movimientos del otro. En la otra punta del jardín, él observa distraído el horizonte desde lo alto de un frondoso roble y, casi sin darse cuenta, exhala un suspiro indolente.

Mientras, la serpiente, ya asumida la derrota, devora su manzana.

Blog: Palabras preci(o)sas

miércoles, 12 de enero de 2011

En franca desmejoría.

Podéis pensar que no, pero un hombre habita dentro de ese uniforme. 
Y al hombre escondido dentro de ese uniforme las cosas le duelen. 
Le dolió. Sí. Le dolió hasta la locura. 
Así subió hasta la azotea, loco.
Y saltó, dentro del uniforme. 
Quienes lo vieron, creyeron que
era un muñeco que caía, 
tan colorido. 
Sólo sintieron que había un hombre dentro
cuando su cara topó con el suelo, 
ante la peluquería
Allí la mujer barbuda (su mujer barbuda)
había decidido cambiar de vida, 
empezar de cero.
Ahora una sonrisa de payaso saluda 
(incrustada en la baldosa)
a todo aquel que quiera
que lo rasuren. 


Hugo Cueto

lunes, 10 de enero de 2011

Consciencia

Se despertó agitado y bañado en sudor en el momento en que ella, al sentir el cuchillo penetrar su vientre dio un espantoso grito de sorpresa y dolor. Tranquilo, se durmió de nuevo al saber qué solo era una pesadilla...
Él no lo sabía, pero su consciencia tendía a confundir los sueños con los recuerdos.



http://relatosenlinea.blogspot.com/

BEBÉ

Todas las semanas, a la misma hora, le tocaba cuidarle.
Llamaba a la puerta y ella la abría con ojos cansados y manos quemadas, más una sonrisa resplandeciente en su rostro nunca faltaba.
Mientras  le cambiaba el pañal de las caca y pises, soportaba balbuceos estridentes que reventaban sus oídos.
También cuando lloraba desesperado y le tocaba teta hasta que se cansaba.
Bebé no dormía nunca y constantemente exigía, mientras ella esperaba que aquella hora pasase rápido y olvidarle hasta siete días después.
Sesenta minutos más tarde, Bebé se ponía el traje de ejecutivo, le tendía doscientos euros y con un beso se despedía.
Ella cerraba la puerta dejando dentro la miseria de su pobre rica vida.

Carmela

un precio módico

Los espejos gritan abusivos una verdad que no merece conocer.
Se sienta, enorme, en el sillón y acerca la cartera de la inmortalidad.
Delinea ojos, contorno de labios, máscara para pestañas, base para el rostros, cremas para arrugas, color para labios, turquesa para los párpados, carmín para los pómulos.
Una pastillita para el alma, un porro para la melancolía.
Un whisky para levantar el ánimo y ya está lista para enfrentar la mierda de vida.
Abre la puerta y se para en el marco, limpiándose con la mano la transpiración del escote.
Los clientes escasean pero no pierde la impía esperanza, que ya flaquea y por ratos se tira a morir, y sigue aguardando a que llegue el amor a su puerta y pague un precio módico por compartir su miseria.

domingo, 9 de enero de 2011

Un poeta

- Una semilla en esta tierra desolada – dice antes de escupir.
El sargento es un poeta. Capaz de matar sin mancharse las manos y comer después sin arcadas.
Él es metáfora de la guerra y procura excusas a nuestro miedo a base de frases estúpidas.
Nos mantiene apretando el gatillo, disparando contra sombras en la distancia, quizá matando golpes de viento o bolsas de plástico que giran en el aire entretenidas por servir como diana.
Dejamos el suelo lleno de casquillos de bala y seguimos andando.
Sembramos semillas de acero para una vida mejor.
Plantamos al menos la muerte, dice él, donde nadie quiere plantar nada.


En el jardín.


A la tercera, Elena se levantó furiosa y se dirigió de nuevo al jardín, esta vez no se conformaría con tres margaritas, ahora arrancaría un gran ramo. . . por si acaso.
-"Me quiere, no me quiere, me quiere, no me qu. . . Noooooo, mier. . .". Tuvo que contenerse, no era plan de decir tacos, su madre estaba dentro, en la cocina y no tenía ganas de que la sermoneara por ello, aunque se estaba empezando a poner nerviosa con las puñeteras flores. Y llegó la quinta. Luego la sexta. . . la séptima. . .
Después de media hora Luisa, la madre de Elena, llamó a su hija pues hacía un buen rato que no sabía de ella. La había dejado fuera merendando, así que fue hasta allí para ver qué estaba haciendo su angelito. La encontró en el porche, exhausta y con cara de pocos amigos.
-"¿Qué ha pasado cariño?".
-"Nada mami, tan sólo he estado arrancando las malas hierbas del jardín". Y con una sonrisa maliciosa continuo diciendo;
-"Ya no queda ni una".

DUAL





Aún hoy siento (sentimos) cierto rencor hacia el ginecólogo por administrar a mi (nuestra) madre un fármaco en vías de experimentación. ¡A causa de unas simples hemorroides! La cuestión es que vine (vinimos) al mundo con este lamentable aspecto, y antes de plazo. Ello me (nos) ha acarreado incontables dificultades de convivencia: reyertas por mamar de la misma teta, discusiones por dormir de uno u otro lado, guantazos para escoger la fulana con la que enredarnos... Resulta incómodo esto de ser bicéfalo. Únicamente llegué (llegamos) a un acuerdo cuando elegí (elegimos) vivir del cuento. Lo malo es que yo trabajo de escritor, y éste, de crítico literario.



Manuel Merenciano

sábado, 8 de enero de 2011

IMPOTENCIA

Lloro de impotencia. Impotencia porque las normas sociales estén así en mi país. Impotencia porque mi padre haya muerto cuando yo apenas he cumplido los treinta y seis años. Impotencia porque no me ha dado tiempo a despedirme de mis compañeros de francachelas. He vestido mi traje negro, he ido al cementerio y he visto como han enterrado al egoísta de mi padre. Ahora me voy a dormir. Mañana tendré que sustituir a mi padre en el trabajo. Así está establecido. Su despacho será mi despacho. Su ordenador será mi ordenador. Su secretaria será… Mejor que me vaya a dormir. Mañana me tendré que levantar temprano.

La cura

Cuando todo estaba perdido, y la pobre criatura se debatía entre el aquí y el allá, sonó el teléfono. Era un científico, un viejo conocido, le habló de una posible cura, de las investigaciones llevadas a cabo en su laboratorio, de los progresos conseguidos. Su sonrisa se dibujó por unos momentos hasta que el viejo investigador le dijo que la medicina se hubiera podido fabricar, pero que la especie necesaria para ello se había extinguido hacía unos años.
Conocía bien al bicho palo palmero, quebradero de cabeza durante muchos años, respiró tranquilo cuando le dijeron, hacía años, que por fin se había extinguido y ya podían construir aquél campo de golf donde habitaba.


Jhony 20.

Mi nombre es 20, Jhony 20, y no recuerdo dónde nací. Lo que sí sé es que no me queda tiempo.
He viajado por el mundo, sin mostrar nunca mi identidad; he paseado al lado de chicas maravillosas y he compartido sábanas con ancianas solitarias.

Una noche me vi involucrado en un asunto turbio relacionado con drogas. No era la primera vez que me pasaba algo así con Alex. ¡Tremenda reyerta por unos gramos de coca...!
Tras la trifulca, me separé del grupo. No tengo recuerdos de lo que ocurrió después porque iba un poco "puesto".

En un “bareto” conocí a Graciela; hermosa mujer. Trabajaba en la calle y alquilaba su cuerpo al mejor postor.

Luego acompañé a Laura a su casa… Era tarde y no le iba a dejar sola. Su casa era un "chamizo" que compartía con tres niños. La estancia se componía de dos colchones, una mesa con sillas y dos maletas. Cuando llegamos una niñita de siete u ocho años se levantó descalza y se abalanzó al cuello de la madre, besándole con amor.

Observar esta escena me enterneció.

Perdí la pista de Laura en la caja de un Super, pensé que me había dado esquinazo. Allí una cajera se fijó en mí. Me sentí halagado que, entre tantos, se fijara precisamente en mí...
      -Míra, Clara ¡qué viejo!... Hmm, habrá que dárselo al encargado... está tan deteriorado.
      -Sí,  fíjate, alguien escribió su nombre en este billete de 20€... "Jhony ... 20".

Porque eso es lo que soy: .......¡solo un billete de 20€! ......
Les dije que no me quedaba mucho tiempo porque uno, se da cuenta de estas cosas; cuestiones de sanidad... y lo entiendo.

Ahora dejo la historia de mi último día y, como epitafio, el nombre que alguien escribió, una vez, en rojo, para mí:

Jhony 20


 Towanda (extracto para el microrelatista)

TUTTI FRUTTI

       Decían que Elvis, el rey del rock, vivía en el segundo tercera. En el bloque todos lo sabíamos, aunque es cierto que nadie lo había visto nunca en persona. Elvis, apenas salía de casa. Tampoco recibía visitas, ni acudía a las reuniones de vecinos y menos aún subía al terrado a  tender la ropa. Pero ninguno de nosotros dudaba que detrás de Hilario Fernández García, el nombre que figuraba en el buzón, se escondía el famoso autor de Tutti Frutti. Y todos, quién más, quién menos,  habíamos soñado alguna vez con abrir el ascensor y encontrárnoslo dentro. Quizás por ello, el día que se lo llevaron metido en una bolsa de plástico fue uno de los más tristes de nuestras vidas. Desde entonces tuvimos que hacernos a la idea que Elvis, el rey del rock, había muerto para siempre.


Agustín Martínez Valderrama

viernes, 7 de enero de 2011

Tres deseos

Un año más los Reyes Magos cumplieron dos de sus deseos. Alguien que la quiera. Alguien a quien querer. Lástima que siempre olviden el tercero. Que sean la misma persona.

Puck

jueves, 6 de enero de 2011

Nubes blancas.


¡Mira! ¡El cielo está lleno de madres!

miércoles, 5 de enero de 2011

Noche en la ferretería

Al bajar la persiana, comienza una intensa actividad en su interior. Los martillos saltan de la estantería y persiguen a los clavos hasta acorralarlos; los destornilladores se acoplan a los tornillos bailando a un lado y otro en un descontrolado frenesí; los serruchos acarician unos tarugos de madera y los taladros amenizan la velada con su sinfonía. Todos parecen contentos, salvo las tijeras que tras intentar limar asperezas deciden cortar por lo sano su relación con las que eran sus amigas y compañeras de vitrina, las limas. Y a la mañana siguiente, al subir la persiana, todo continúa en su sitio ordenadamente como si nada hubiera pasado. Todo menos una enamorada llave inglesa incapaz de separarse de su tuerca prometida.

DISCULPAS

Me temo, Torcuato, que yo me he pasado en mis entradas cuatro pueblos atendiendo a lo que tú defines como microrrelatos. Perdona. Si quieres los puedo borrar y comenzar de cero.

Nuevo libro de microrrelatos

Como veo que los microrrelatistas de hoy no se animan a publicar ninguna entrada nueva, aprovecho el parón para informaros, con el permiso de Torcuato, de que acabo de autoeditar con Bubok mi primer libro titulado En 99 palabras.

En él he publicado los cien primeros microrrelatos que he escrito, incluye más de treinta inéditos, todos ellos contados como siempre en 99 palabras. Ni una más, ni una menos.

Si queréis más información sobre este libro, podéis pinchar en el siguiente enlace: En 99 palabras

Mil gracias Torcuato.

Saludos.

martes, 4 de enero de 2011

Caminos paralelos

Si no fueras tan esquivo, te encontrarías con mis ojos y entonces recordarías que de niños jugábamos juntos, en la placita de la estación del ferrocarril. Si sólo me miraras, revivirías el primer beso infantil y ya te quedarías tranquilo con tu mujer y tus hijos, que yo no quiero nada de ti, sólo saber que te acuerdas. . .
Si me recordaras, yo estaría también tranquila y marcharía al lado de mi esposo y de mis pequeñas con una sonrisa en los labios. Solamente, eso.

Optimismo en el Infierno


¡Capitán! ¡Tierra a la vista, Capitán!, le gritan, a dúo, a Caronte.



lunes, 3 de enero de 2011

…Fin

Esa fue la última palabra que escuchó cuando quedó a oscuras entre las tapas del viejo libro.
 
Su

LA TÍA CANDI

Los domingos comemos en casa de la abuela Paca. Me gustan mucho sus macarrones y aunque pongo cuidado, siempre me mancho con el tomate. Tengo tres vestidos para ocasiones especiales. El azul con cintas de colores. El verde lleno de margaritas. Y el lila con tirantes, que es el que más me gusta. Me lo regaló la tía Candi y me lo puse muchas veces, pero desde que ella se fue, mi madre no me deja sacarlo del armario. La tía Candi era muy divertida y se reía mucho. Hasta el día en que todos estuvieron muy serios en la mesa y ella lloraba. No he vuelto a verla y nadie quiere decirme dónde está. A veces, mientras ponen sobre la mesa del comedor los platos con aceitunas, patatas fritas, berberechos y mejillones en escabeche, entro en la habitación de mi tía y voy a su tocador y me paso por la cara la borla de una polvera que se dejó. Luego abro el armario, saco el vestido rojo y me lo pongo encima del mío. También meto mis pies en los zapatos de tacón, aunque me vienen grandes. Después me coloco delante del espejo y juego a ser ella. Saco la punta de la lengua, mojo mis labios y digo: ¡qué bueno está el helado! y veo a mi padre mirarme con los ojos como candelas, igual que dice mamá que se me ponen a mí cuando tengo fiebre. Luego lo dejo todo en su lugar y vuelvo al comedor y escucho, mientras comemos, hablar a todos de cosas tontas; se animan y se ponen coloradotes. El otro domingo quise que me vieran y salí de tía Candi y mi abuela se echó a llorar y mi madre también y sólo mi padre me miró con su mirada de fiebre y no lloró. Hoy no he podido entrar en la habitación de mi tía porque la puerta estaba cerrada con llave. Ha sido la comida más triste de mi vida. Y no me han gustado los macarrones.

Rutinas...

















     Temprano en la mañana despierta con el estruendo de los enanos cantando alborotados camino de la mina.
 
     Ya desvelado, aunque somnoliento, dedica la siguiente hora a buscar sus zapatillas, sus gafas, su reloj… y el resto de bártulos y enseres que durante toda la noche los duendes, divertidos y traviesos, han escondido o cambiado de sitio. No le hace falta verlos,… sabe que a esas horas aún le observan. Puede sentirlo.
 
     Después recorre las habitaciones dando palmas y espantando a voces a los espíritus que rondan susurrando en los rincones.
 
-Este runrún de fantasmas no me deja oír mis pensamientos….
 
     Más tarde, blandiendo su bastón, sale a ahuyentar a la bola de unicornios que cada mañana acuden con las primeras luces y devoran sus flores, desbaratan el huerto y le cagotean todo el jardín.
 
-Malditos asnos con pincho, vayan ya a joder a otro sitio, cabrones! –les grita huraño.

     Luego prepara el desayuno mientras, a manotazos, dispersa la nube de hadas que revolotean golosas sobre las tostadas y, ya más tranquilo, sale a disfrutar del café caliente y de su primer cigarro, siempre bien protegido bajo el techado del porche. Sabe por experiencia que no es seguro andar al descubierto cuando un pegaso vuela sobre tu cabeza.

     Es en esos momentos de relativa calma cuando, resignado, maldice aquella tarde remota en que tras ver pasar el cometa pidió un deseo:

-Que la magia sea en mi vida. Cada día… siempre.

Kum*

El nido


Ahora vivimos en los árboles. Hemos vivido en las dunas del desierto, en el fondo del mar, en un iglú forrado de pieles, en un barco en los mares del sur, en la ciudad de las mil torres, en las grutas de columnas doradas. Pero ahora vivimos en los árboles y es lo que más me gusta. Nos despiertan los pájaros antes de amanecer. Es algo molesto, nos hacen madrugar demasiado, pero generalmente, damos media vuelta, nos abrazamos y seguimos durmiendo. Un poco más tarde, los rayos de sol se cuelan entre las hojas y nos acarician los párpados. Nos levantamos y vemos el cielo en los huecos que dejan las hojas, y hacia abajo, los troncos y las grandes raíces. Saltamos de árbol a árbol, nos desplazamos colgados de las lianas. Vivimos en una penumbra verdosa, entreverada de rayos de sol. El bosque es grande, es difícil salir de él, es maravilloso perderse en él. Esa sensación de vivir entre el cielo y la tierra, sin pisar jamás el suelo, como flotando. Lástima que Adrián ya esté pensando en marcharnos otra vez. Dice que se aburre, de nuevo. Yo no me canso del susurro del viento en las hojas, ni del olor a tierra y hojas húmedas, ni de oír el picoteo del pájaro carpintero y su risotada de carraca. Me pregunto qué se le ocurrirá ahora. ¿Un globo entre las nubes? ¿Un palacio de cristal? Yo no necesito nada más: quiero hacer nuestro nido en estas ramas, para siempre.

domingo, 2 de enero de 2011

FAVOR


Si el zapato no se hubiera deslizado debajo de la cama  -bien al medio-, Antonia no hubiese visto el envoltorio en tela  negra bajo la quinta pata. Adentro, recortados cuidadosamente,  torso y cabeza de su marido con la cara borracha del último aniversario. A la altura del primer botón prendido de la camisa, un agujerito de lado a lado, prolijo, con el borde pintado de rojo.
Antonia buscó a su madre y a la tía Ulda; las encontró en la cocina calentando agua para el café, riendo por lo bajo. Se sorprendieron al verle foto y trapo en la mano, pero ninguna  apartó la vista, al contrario.
Entonces ella les dio las gracias y, con disimulada satisfacción, retornó al comedor, donde velaban al cónyuge muerto de un infarto.

Silencio

Ya no se escuchan las risas que hasta hace un momento se mezclaban, creando un alboroto compartido entre dos. Las palabras, tomando ejemplo, también abandonaron el dormitorio discretamente. Fuera, en las calles, la vida continúa bulliciosa, pero dentro se ha creado un vacío. El tacto los ha embaucado: desplazando a los demás sentidos, les ha hecho creer a ambos que no existe nada más allá del horizonte de sus cuerpos.
 

HUBO DÍAS ASÍ.

Eramos jóvenes y por lo tanto los problemas nos buscaban y nos encontraban.
Atribuyo ésto a tantas hormonas pegando saltos acrobáticos en nuestros líbidos, meramente por exceso de energía.
Ese amanecer de verano nos atrapó en la carretera rodando por rodar y vimos los globos aerostáticos anclados y ella y yo nos subimos a uno, sólo por imaginar que íbamos en vuelo, mi amigo que estaba en tierra no aguantó soltarnos del ancla pues él me tenía una fé de que yo libraba cualquier tamaño de problema, y ahora se queda viéndonos desde abajo con su carcajada que parecía ser la fuerza propulsora que nos iba elevando.
Todas las voces que le grité al ir en ascenso expresando sinónimos de la palabra idiota sólo servían para mantenerle el volumen de la risa, por algúna extraña razón yo también reía al gritarle los insultos.
El viento sopló fuerte y volamos sobre lo que aquí llaman el país del vino, precioso en temporada de cosecha. Tanta belleza fué opacada por Morgana que ahí mismo comenzó a desnudarse.

sábado, 1 de enero de 2011

SOL DE MEDIANOCHE

-A veces me siento tan desgraciado, cuando sólo mis ojos pueden comprender tu belleza.
Eso es lo que únicamente pude articular al verla. Aquellos enormes ojos negros, mirándome sin parpadear, podía ver tras ellos el frío helador de su alma, transmutada en aquel paisaje desértico y helado; con el sol sin querer morir durante todo el día.
Hasta mi mente jugaba con ello.
En ese mundo, mi imagen reflejada pasaba de la imagen de Smila hasta un enorme oso blanco, alzado, rugiendo protegiendo a una pequeña cría.
Pero sabía que sólo tras sus labios tenia mi nombre grabado. Y en ese momento, decidí hacerme presa, si tenía que morir a manos de su boca, de un zarpazo de aquel oso. Lo haría.
Sólo quería volver a sentirla de nuevo... Y la besé con premura. Antes que mi cabeza me sacara de la ensoñación, antes que mi corazón dejara de gritar...

Rotos

Rompió con su pareja. Con una sonrisa sacó su agenda. Después de varias llamadas.... telefoneó a su ex.
Rompió con su pareja con una sonrisa. Sacó su agenda después de varias llamadas. Telefoneó a su ex.
Gran bronca. Silencio. Deshicieron nudos y botones. Silencio.
Rompió con su ex. Sacó su agenda y llamó a su pareja que, con una sonrisa, telefoneó a su ex.

bicefalepena

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.