Después de la última vez que me golpeó se lo llevaron y no
lo he vuelto a ver. Ya me siento más
tranquila. Al menos se me va pasando el enojo. Estoy con los niños mientras
juegan o hacen la tarea, los miro dormir… También los acompaño a la escuela y a
la plaza…, a la par de mi suegra, claro, la pobre vieja, que desde que ocurrió
aquello se ha mudado a la casa para atender a mis huérfanos.
Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.
¡Gracias Daniel!
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martes, 6 de marzo de 2012
jueves, 24 de noviembre de 2011
Ararat
A poco de hacer cumbre, la suerte le fue adversa. Un descuido y ahora yace con las piernas rotas mirando la franja de cielo desde el fondo de una grieta. Solo. Nada sabe de los otros, los que fueron arrastrados por el agua durante la escalada. Ni sabrá, presume. Al menos hace unas jornadas que no ha vuelto a llover. Exactamente desde cuando se abrieron las nubes y el sol lo encegueció; el tiempo que lleva en la hendedura.
Para qué la huida, pregunta, y envidia al pájaro. Entumecido de frío y hambre se adormila, ajeno a los hombres y animales que recién bajados de un arca empiezan a cruzar la falla.
lunes, 20 de junio de 2011
Uno en el hoyo
Solo en la oscuridad, de repente, ha advertido que los monstruos que lo aterraban de niño resultan aceptable compañía.
Ahora ha de temer únicamente a los que lleguen con la luz, más si visten uniforme del Correccional de Menores.
domingo, 5 de junio de 2011
La esencia del Tai Chi Chuan
Que la forma arcaica fuera secreta lo ensombrecía en espíritu. La tradición demandaba el resguardo de la serie, pero Xiaowang rozaría el deshonor con tal de revelarla.
Agotó tiempo y paciencia con su cámara. Chen, cultor y albacea de los ciento ocho movimientos fue incauto modelo.
— ¡Honor, gran Maestro! —musitó al observar las imágenes y comprender lo inútil de las mismas.
A excepción del primer y último fotograma, donde Chen ofrecía los saludos de rigor, los demás mostraban en sucesión, monos, grullas, tigres, gallos y serpientes en sus instancias de pelea.
domingo, 22 de mayo de 2011
Prótesis
Que estás gordo, eh? Mírate nomás… ¿Acaso no te advertí lo que pasaría si los comprabas? ¿No te dije: Por ahí no…? Una vez, dos… vaya y pase, pero lo tuyo ya es pecado. Ni te importa que te miren raro. Egoísta, acaparador, dicen por lo bajo ¡Me da vergüenza salir contigo! ¿Adónde se ha visto un vampiro obeso?…, si pareces una chinche gigantesca. No te los compres así, te dije. Colmillos acanalados, no. Lo nuestro es morder y lamer y lamer. Pero tú, nada… Encima les caes en la carótida…
domingo, 8 de mayo de 2011
Tras el vidrio del reloj
Hace tiempo que nuestros encuentros fugaces no satisfacen a ninguna de las dos. Y encima, el otro rondando…
domingo, 24 de abril de 2011
Lepisma saccharina superbum
Tras el disparo, el aire en el túnel se llenó de electricidad y humo. Por unos instantes, la enorme criatura convulsionó violentamente haciendo temblar el aparejo, antes de quedar quieta colgada en la trampa. Así y todo, por precaución, el hombre le seccionó los apéndices del último segmento; luego, la abrió en canal. Los estómagos se vaciaron con un crujido maloliente y entre la inmundicia vislumbró lo valioso: libros aún sin digerir. Contento, los guardó cuidadosamente.
Entonces, pensando en la simpleza de su oficio en el pasado, el restaurador destazó al mutante pescadito de plata.
http://nivaranicuchillo.blogspot.com/
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domingo, 10 de abril de 2011
Dolor
Subo fatigosamente la escalera de piedra, cuando un hombre en jubón, calzas y arco en mano se me adelanta y llega antes que yo a la almena de la torre. Desde allí, al parecer, reconoce al enemigo que se acerca. Entonces carga y tensa el arco: la certeza puesta en el rival.
—¡Qué ridiculez! ¿Cómo puedo soñar esto? —exclamo al tiempo que él suelta la cuerda. No hay duda de que le he hecho errar el tiro pues, furioso, carga otra vez y me apunta a mí.
Así fue como desperté con esta terrible punzada en el ojo izquierdo, doctor.
domingo, 13 de marzo de 2011
Insomne
De tanto en tanto sucede que, involuntariamente, despierto a la gárgola de Saint Gervais: varios pestañeos y suspiros coordinados, y ya está ella abriendo los ojitos y desplegando alas. Se anima en la noche y emprende vuelo sobre la Rue des Barres hacia mi tejado.
Para ese entonces, y aún ignorante de su osadía, yazgo en mi cama intentando dormir.
Torpe, desprolija -entumecida quizá-, la delatan sus pezuñas en las tejas cuando llega. Irremediablemente insomne, oigo sus pasos arriba, mientras elige el lugar donde sentarse; pretenciosa en más de un sentido (se horroriza de las canaletas simples), escoge sólo las molduras que dibujan encajes en la piedra.
Yo, que hace tiempo me prometí mudarme a un barrio sin iglesias, de improviso, recuerdo que son mis juramentos vanos los que la convocan. Y la percibo paciente, con las orejas ansiosas por escuchar culpas. Entonces sonrío bajo la sábana y comienzo a recitar mis faltas. Invento pecados y pesares, prometo comenzar a cumplir mis promesas so pena de suplicio. Sé que eso la contenta porque al rato se ha marchado.
Finalmente vuelvo a intentar dormirme, sin saber qué hacer con el rosario que me dio por penitencia, y decidida a salir a buscar nueva habitación por la mañana.
domingo, 2 de enero de 2011
FAVOR
Si el zapato no se hubiera deslizado debajo de la cama -bien al medio-, Antonia no hubiese visto el envoltorio en tela negra bajo la quinta pata. Adentro, recortados cuidadosamente, torso y cabeza de su marido con la cara borracha del último aniversario. A la altura del primer botón prendido de la camisa, un agujerito de lado a lado, prolijo, con el borde pintado de rojo.
Antonia buscó a su madre y a la tía Ulda; las encontró en la cocina calentando agua para el café, riendo por lo bajo. Se sorprendieron al verle foto y trapo en la mano, pero ninguna apartó la vista, al contrario.
Entonces ella les dio las gracias y, con disimulada satisfacción, retornó al comedor, donde velaban al cónyuge muerto de un infarto.
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Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)
1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.
2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.
3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.
4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.
5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.
6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.
7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.
8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.
9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.
10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.
Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.


