Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

sábado, 12 de noviembre de 2016

Tacto. - Carmen Martínez Marín


TACTO

Las copas titilan entre los silenciosos brillos del aparador. Oyen la llave y dejan de temblar. Saben que pasará su mano por ellas, se estremecerán. Sobre la mesa siempre un ramo de claveles, el libro, un cuaderno y un buen caldo… Conocen su tacto dulce, como ella sabe bien, cuando él la transporta de la cama a la silla de ruedas cada día. Hoy, escribiremos.

Autora: Carmen Martínez Marín

viernes, 11 de noviembre de 2016

De hermenéutica. Elisa de Armas


De hermenéutica

La era del Rey Pelícano, anunciada por antiguas profecías, coincidió con el comienzo de su reinado. Los adivinos de la corte interpretaron que el pelícano, ave que se hería el pecho con su propio pico para alimentar a sus hijos, simbolizaba el amor y la generosidad y él, siguiendo sus inclinaciones naturales, hizo honor al sobrenombre: luchó contra la prepotencia de los nobles, supervisó los tribunales para evitar injusticias y, en épocas de hambruna, no dudó en vaciar el tesoro de palacio para socorrer a los desfavorecidos. Hasta el día en que su primogénito le abrió el tórax de un tajo y compartió con sus secuaces la sangre, aun caliente, que manaba de la herida. Se iniciaba la era del Rey Vampiro. Esta vez el pueblo no tardó en desentrañar por sí mismo el significado del apodo.

Autora: Elisa de Armas
Blog: Pativanesca

jueves, 10 de noviembre de 2016

Abrazos. José Mª González Serna


Abrazos

Papá siempre está abrazando a mamá. Incluso cuando llega tarde del trabajo y trae agarrado en el pelo ese olor rancio, como de cerveza o pis de gato, lo primero que hace es buscarla y darle un enorme abrazo de oso. Mi amigo Fran se ríe mucho y me dice que sus padres no lo hacen. Cuando el suyo llega de madrugada prefiere acariciar a la madre en la mejilla y cuenta Fran que a ella debe darle mucha vergüenza, porque el colorado no se le quita en varios días; pero que también le gusta, porque de vez en cuando se toca la  cara con la mano y pone ojos de recuerdo. Mis papás sólo se abrazan y no hay colores rojos en sus cuerpos ni caras de hacer memoria. Por eso me pongo un poco triste cuando los veo por la noche, rodeándose con los brazos y diciéndose muy bajito en el oído que se quieren, sin caricias en las mejillas, como los padres de Fran.

Autor: José María González Serna (Caboclo)
Blog: El blog oculto de Caboclo

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Las cebollas. - Gabriel Bevilaqua

                           

Las cebollas

Pelar y cortar cebollas no es una tarea fácil. Hay que tener cierto amor por las lágrimas. Cierta profesión lacrimógena. No era su caso! Pero estaba obligada; su marido, tenía tres pasiones: el alcohol, golpear a diestra y siniestra cuando estaba borracho, y, por supuesto, las cebollas. Quizás, por eso, las odiaba tanto. Ella quería reír, reír despreocupada como la niña que nunca había dejado de ser… Y tenía que llorar, llorar por los golpes y llorar por las cebollas. Ella, que odiaba tanto llorar y lloraba a mares. Si con sólo ver las cebollas ya empezaba a lagrimear, como si una mano extraña le abriera un grifo en los ojos. Y hoy, no sabía por qué, lloraba más que nunca. Por eso, cuando los insulsos borrachines amigos de su marido y la madre de éste, llamaron a la puerta y la encontraron bañada en lágrimas, creyeron que lo sabía... Su esposo, en una última hazaña alcohólica a fondo blanco, se había caído hacia atrás, desnucándose. Sintió que una risa, esa risa que creía perdida, pero que siempre había vivido en ella, le florecía desde lo más recóndito del alma, como un pájaro de luz. Sin embargo, sólo lloraba, lloraba con tal profusión, a lagrimones de elefante, que todos los secuaces del difunto quedaron conmovidos. “¡Qué mujer!”, dijo uno; “¡y a pesar que la golpeaba tanto!, esgrimió otro; “¡increíble!”, sentenció la madre. De más está decir que, desde aquel día, ella dejó de odiar a las cebollas, y que, pelándolas, jamás volvió a llorar, sólo a reír, reír, reír...


Autor: Gabriel Bevilaqua

martes, 8 de noviembre de 2016

Carne de cañón.- Daniel Fernández Langeber


Carne de cañón.


No hace frío. Un sol más grande de lo habitual se alza como un dios en un cielo completamente raso. La sombra de algunas aves se proyecta sobre la tierra, manchándola con su oscuridad. Ondean las hojas de los árboles como banderas que esperan que les juren lealtad, pero nadie se levanta. La hierba, empapada en sudor, cambia el rocío por gotas de sangre que brotan de los incontinentes cuerpos. Y reina el silencio; digno guardián de un improvisado cementerio en el que las vainas metálicas de las bombas hacen la función de lápidas sin nombres. Huele a carne.

Autor: Daniel Fernández Langeber
Cuadro: Batalla de Gettysburg por Currier e Ives

lunes, 7 de noviembre de 2016

Comisaría. - Enrique Páez




Comisaría

Sueño que me torturan, que me arrojan por la ventana del quinto piso de una comisaría y caigo al vacío. Me golpeo contra el suelo y sé que no estoy muerto, pero tengo demasiados huesos rotos como para poder levantarme. La humedad de la cara debe ser sangre caliente, pero despierto y reconozco a Bongo, mi peludo husky, que me lame el rostro tras caerme de la cama. La misma pesadilla de siempre. Me relajo y respiro hondo. Con los ojos cerrados noto una especie de lluvia caliente sobre mi cara. Qué extraño. Abro los ojos y veo a cuatro policías orinando sobre mí. Me espabilo del todo y reconozco por fin el patio interior de la comisaría.

Autor: Enrique Páez

sábado, 5 de noviembre de 2016

Reflejo. - Jesús Esnaola Moraza


Reflejo


Despierto en el lado de la cama contrario al que me acosté. Parece que la noche fue más movida de lo que recuerdo. Me levanto sin despertar a Bea y me sirvo de la cafetera que dejé hecha ayer. Después voy al baño, me lavo la cara y me miro en el espejo. Cojo la cuchilla con la mano izquierda, para afeitarme, pero me detengo y me miro las manos, extraño. Veo a mi doble al otro lado del espejo y decido, de momento, fingir que soy su reflejo.

Autor: Jesús Esnaola Moraza

viernes, 4 de noviembre de 2016

Viva el consenso. - Manuel Ferrero



Viva el consenso.

Julián se ha hecho vegetariano. Eso no sería importante si fuera un socio más, pero, como  presidente de la Asociación ibérica del chuletón, nos deshonra. El asqueroso comeberenjenas se niega a dimitir. En las cenas come rábanos.
- Podemos cohabitar - Sonríe.
No imaginaba nuestra reacción al destituirle ¿Esperaba quizás un banquete de  homenaje? Le encerramos en el comedor con un tigre hambriento:
- Ahora sabrás como se siente un chuletón.
Julián ni se inmutó. Permaneció tranquilo durante una hora sin decir  palabra, ni pedir auxilio. Al abrir la puerta el tigre estaba manso a sus pies, mientras comía lechuga.
- Veis, podemos cohabitar.


Autor: Manuel Ferrero.
Blog: Cuentos y semillas

jueves, 3 de noviembre de 2016

Canguros. Elena Casero




Canguros

Ahí están, sentados en el sofá desde hace un par de horas. Mohínos, con la mirada gacha, incapaces de pronunciar una sola excusa, asintiendo atónitos a las agrias palabras de su hija.
Que si la sopa estaba caliente, que si la siesta, que si no tenéis cuidado con el columpio.  Un caudal de reproches. Se miran sin comprender qué ha sido de aquel rostro angelical, de aquella sonrisa luminosa, de aquella niña que parecía tan dulce  y cuyas fotos están repartidas por toda la casa. Y recuerdan sus desvelos, sus cuidados, su dedicación.
Y, sin poderlo evitar, observan temerosos a ese pequeño energúmeno, ese calco, que ya les amenaza con el biberón.

Autora: Elena Casero.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Libro de Lola Sanabria. Partículas en suspensión.


Partículas en suspensión (Microrrelatos)
A un escritor de microrrelatos, cuando va por la calle, cuando fríe un huevo, cuando está en la ducha o en el trabajo, el embrión de un relato le crece en su interior y se desarrolla hasta tomar forma y vida propia. Entonces pugna por salir del encierro. Y al escribirlo, ya sea en papel o en cualquier otro medio, lo libera y cada lector lo hace suyo a su manera.
Partículas en suspensión es un libro de pequeñas historias como esas partículas que flotan en el aire y que con la luz del sol puedes ver aunque no atrapar, que remueven y provocan emociones. Historias que raspan la piel y escuecen, pero que también, como ocurre en la que da nombre al libro, llevan un mensaje de rebeldía y esperanza. La mayoría nace del día a día, de lo que pasa a nuestro alrededor, de las alegrías, desencantos, luchas, tristezas y dramas que conlleva nuestra condición de seres sociables.
Los microrrelatos de Partículas en suspensión hay que beberlos a sorbos cortos, paladearlos poco a poco, evitando la saturación para no acabar con una borrachera de letras. Disfrútenlo o súfranlo. Seguro que no les dejará indiferentes.
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martes, 1 de noviembre de 2016

Hombres. - Rocío Romero




Hombres.

A mi madre le gustan los hombres. Todos. Ella dice que siempre ha sido así y “qué le vamos a hacer”. A mí me quiere más, tanto que ninguno le gusta lo suficiente como para convertirlo en mi padre. Y eso que lo intenta de veras.

Yo me entero por el ruido. Aunque ya le digo yo que a mí me da igual si no tengo el padre más fuerte de la ciudad. Pero ella venga a hacerles pruebas y el cabecero venga a golpear al otro lado de mi pared. A veces, cuando pienso que ya han fallado, les repite el examen en algún otro momento. Para estar segura, creo. A lo mejor le da pena suspenderlos a todos.

Autora: Rocío Romero

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.