El vértigo que Lucía sentía cada vez que se acercaba a una ventana, la obligaba a alejarse sin barrer muy bien los rincones del piso 78. Ese día, se atrevió a acercarse un poco más a los bordes, no gracias a un ataque de valentía sino a un llamado de atención del jefe de personal. Estando a pocos centímetros del ventanal, su curiosidad la asaltó y se apoyó sobre la escoba para mirar hacia abajo. Mientras imaginaba lo horrible que se sentiría un desplome desde esa altura vio pasar frente a sus ojos una figura humana en caída libre; el asombro hizo que su cuerpo retrocediera por si solo, como queriéndose alejar de una escena que ya estaba lejos, unos metros más abajo. Su imaginación hizo estragos de la persona que había visto y su corazón falló por la impresión de lo que había imaginado. Lucía murió al mismo tiempo que el maniquí se estrelló contra el asfalto.
lunes, 21 de enero de 2013
Dos micros de Luis Correa Vélez
El vértigo que Lucía sentía cada vez que se acercaba a una ventana, la obligaba a alejarse sin barrer muy bien los rincones del piso 78. Ese día, se atrevió a acercarse un poco más a los bordes, no gracias a un ataque de valentía sino a un llamado de atención del jefe de personal. Estando a pocos centímetros del ventanal, su curiosidad la asaltó y se apoyó sobre la escoba para mirar hacia abajo. Mientras imaginaba lo horrible que se sentiría un desplome desde esa altura vio pasar frente a sus ojos una figura humana en caída libre; el asombro hizo que su cuerpo retrocediera por si solo, como queriéndose alejar de una escena que ya estaba lejos, unos metros más abajo. Su imaginación hizo estragos de la persona que había visto y su corazón falló por la impresión de lo que había imaginado. Lucía murió al mismo tiempo que el maniquí se estrelló contra el asfalto.
domingo, 11 de marzo de 2012
Deseo concedido

El hombre pudo imaginar un mundo utópico, sin violencia, sin armas, sin asesinatos ni guerras. Pronunció las palabras sin titubeo y cuando hubo terminado el genio respondió: “deseo concedido”, chasqueó sus dedos y se quedó allí parado, inquieto…
Meditó el asunto durante horas infructuosas: se cruzaba de brazos, miraba hacia arriba, caminaba y se sentaba, se rascaba la cabeza y de vez en cuando suspiraba para tomar nuevo aire pero no le encontró sentido; finalmente pensó en voz alta: -Creo que ese ignorante pidió el deseo equivocado.
-¿Cuál ignorante? -escuchó preguntar a un pequeño duende que le había escuchado fortuitamente-.
-Un sujeto –respondió aún intranquilo el genio- le concedí un deseo y no estoy seguro de haberlo complacido.
-¿Y cuál fue su deseo? -preguntó el duende, intrigado-.
-El muy tonto deseó la paz del mundo. Se lo concedí sin pensarlo dos veces, y ahora los humanos han desaparecido para siempre.
Autor: Luis Correa
blog: Lienzo del gallinazo
Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)
1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.
2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.
3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.
4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.
5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.
6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.
7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.
8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.
9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.
10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.
Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.