Everardo Zorrilla fue acusado del asesinato de un
reconocido usurero. Por la forma como se encontró el cadáver, el crimen se hizo
con alevosía, desprecio y burla. El criminal, todo un profesional,
invalidando todas las tesis expuestas, convenció de su inocencia al infalible
abogado Leonardo Carvallo.
El día de la audiencia, uno a uno fueron pasando los
declarantes. Uno de ellos atestiguó que cuando pasó cerca de la casa en que
vivía el dueño escuchó ruidos y gritos rayando la medianoche. Al verse perdido
el acusado gritó con contrariada indignación:
-¡Que va!... el viejo ese no dijo ni ¡uf!
Autor/a: Guillermo Arnul Castillo
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