Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

sábado, 19 de febrero de 2011

Dos deseos...

Tras muchas horas de juego duro, ¡por fin!, había superado las pruebas y salido con vida de ellas. Encendió un pitillo en señal de victoria y se dispuso a cobrar su recompensa. El sudor le empapaba la camisa y el corazón le latía como un endemoniado…

Antes, quiso serenarse para elegir con cuidado, de entre los premios ofertados, aquéllos que deseara con más ansia. ¿Dinero?. No; tenía suficiente para vivir dos vidas holgadamente y seguir siendo considerado un hombre rico. ¿Mujeres, hombres, sexo?, tampoco porque “con un chascar de dedos” disfrutaba de cuanto quisiese. ¿Poder?, también era considerado un hombre poderoso…¡no!... Quería algo más. Quería ser Dios y tener el control del tiempo, aunque fuese por un breve espacio.

Había jugado, apostando su vida en dos ocasiones, y ahora elegiría bien sus galardones.

Se acercó a una dama hermosísima, vestida de negro. La preciosa mujer de cabellos rubios, sería la que habría de concederle sus deseos.
Sin palabras, cuando estuvo frente a ella, se puso en marcha su primer anhelo… viajar al pasado. Retrocedió en el tiempo a un día de su vida pasada, elegido al azar. Veinticuatro horas de reencuentros con situaciones ya vividas. Fue perfecto. Deseo concedido, y aún le quedaba el segundo:
"Avanzar unos años en el calendario a otro día, también elegido de la misma manera. Conocer el futuro; sueño de cualquier hombre y pasar allí las siguientes veinticuatro horas".


Despertó tumbado boca arriba, con las manos formando un aspa sobre su pecho en un habitáculo demasiado estrecho, de madera y raso… “algo olía raro” y nadie estaba cerca para escuchar sus gritos.

A lo lejos, merodeaba una dama hermosa vestida de negro dispuesta a cobrarse su recompensa.

PD: Es lo que tiene cuando se juega a la “ruleta rusa” con desconocidos... La Banca siempre gana. 

9 comentarios:

Patricia dijo...

Este personaje me ha hecho sufrir: a esa dama en apariencia dadivosa le desconfié desde un principio.

Un beso Towanda

Towanda dijo...

Patricia: Yo también desconfío del que ofrece demasiado.
Un beso para ti.

carlos de la parra dijo...

Así son las trampas del juego.
Maravilloso, me llevaste como cucaracha con hilito.

Artistalight dijo...

Muy buen escrito Towanda, interesante de principio a fin!

Towanda dijo...

Carlos: Jajajaja, "cucaracha con hilito", no lo había escuchado nunca y me encantó.
Gracias.
Un abrazo.


Astistalight: GRacias, puedes pedirme dos deseos que te los concederé.
Un abrazo.

Luisa Hurtado González dijo...

Si algo aprendimos con los cuentos infantiles es que lo de pedir deseos tiene trampa siempre.
Y por lo que veo no falla.
Por lo tanto propongo aquí ahora: ¿para cuando un micro en que los deseos se cumplen y punto, sin trampa ni castigo en ellos?
Aunque supongo que habría que buscar algún modo de añadir tensión o historia a un micro en principio tan plano y perfecto.

Towanda dijo...

Luisa: Eso dígo yo ¿para cuándo?. Además yo, a pesar de mi edad, creo en duendes, hadas y seres mágicos... También escribo sobre deseos concedidos pero tengo el handicap de las 300 palabras (no quiero que Torcuato me de un capón)... Y creo que, para la tensión, es mejor que acabe "nefasto", como éste o la mayoría de los micros que leemos por aquí.

Pero, me voy a poner a pensar en algo que acabe "dulce" y te concederé tu deseo (ah! y si me sale te lo dedicaré).

Un beso fuerte.

Sara dijo...

Uhhh!! Qué escalofríos me ha dado leer el final de tu relato. Pero se veía venir. Con algunas cosas no hay que jugar...
Muy bueno, Towanda.

Saludos

Towanda dijo...

Gracias Sara. Como díces tú, se veía venir.
Un abrazo.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.