Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

domingo, 20 de febrero de 2011

Boina verde

Tres botes de cerveza con alcohol, las manos temblorosas, un pedazo de queso manchego, los dedos frágiles, un pan de pueblo, horneado en el centro de Madrid, y una boina verde calada hasta las cejas que oscila con el vaivén de unos ojos llorosos de tanto haber visto. Esperando de pie en la cola para pagar, detrás de una señora y delante de un joven de barba recortada que ha comprado vino tinto para una comida imaginaria.
El anciano deja la compra sobre la cinta de goma y sitúa con un golpe seco la barra de metal que separa lo que va a pagar de lo han elegido los que le emparedan con sus cuerpos. Las manos rígidas, limitadas por una artrosis sonora, y los codos desplegándose como pequeñas grúas oxidadas hasta dejar todas las cosas sobre la superficie que comienza a desplazarse. Paga sacando las monedas una a una y no deja que nadie le meta prisa en su búsqueda por el último céntimo. Las bolsas de plástico aparecen como castigo, y termina por abrirlas llevándoselas a la boca, soplando el borde con los labios pegados bañando con una pequeña lluvia de saliva el pelo cardado de la dependienta. Mete el queso, mete el pan y mete dos botes de cerveza. El tercero se le escurre y cae al suelo. No se rompe y el anciano intenta cogerlo antes de que empiece a rodar hasta un lugar inalcanzable para sus paso lentos y sus rodillas de imitación. El pie del joven aparece entonces al rescate y detiene el cilindro con el canto interno de sus zapatos. Se agacha, sonriente, y le devuelve al señor su cebada. Este se le queda mirando, bajo la boina verde, como un marine en la trinchera, y niega con la cabeza. Abandona la tienda dejando la mano joven, las piernas ágiles y el rostro sorprendido mirando su espalda.
- No se beberá esa cerveza - comenta la dependienta mientras cobra la botella de vino. - Ayudarle es la única forma de quitarle las ganas.


4 comentarios:

Sara dijo...

Muy bueno, Alberto. Me descubro ante tí. Una descripción perfecta de la decrepitud de un anciano que se empeña en no perder la dignidad.
Aplausos para tí y para el anciano.

Patricia dijo...

Qué duro!
Así reaccionamos muchos cuando la vida se ensaña.

Un abrazo Alberto

carlos de la parra dijo...

Creó que así es la terquedad también.
Y la idea de que los demás tenemos que plegarnos a cierto modo de ver las cosas.
Excelente relato. Muy visual.

Citopensis dijo...

Gracias por los comentarios.

Y gracias al anciano por ponerme en mi sitio...

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.