Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

lunes, 3 de enero de 2011

LA TÍA CANDI

Los domingos comemos en casa de la abuela Paca. Me gustan mucho sus macarrones y aunque pongo cuidado, siempre me mancho con el tomate. Tengo tres vestidos para ocasiones especiales. El azul con cintas de colores. El verde lleno de margaritas. Y el lila con tirantes, que es el que más me gusta. Me lo regaló la tía Candi y me lo puse muchas veces, pero desde que ella se fue, mi madre no me deja sacarlo del armario. La tía Candi era muy divertida y se reía mucho. Hasta el día en que todos estuvieron muy serios en la mesa y ella lloraba. No he vuelto a verla y nadie quiere decirme dónde está. A veces, mientras ponen sobre la mesa del comedor los platos con aceitunas, patatas fritas, berberechos y mejillones en escabeche, entro en la habitación de mi tía y voy a su tocador y me paso por la cara la borla de una polvera que se dejó. Luego abro el armario, saco el vestido rojo y me lo pongo encima del mío. También meto mis pies en los zapatos de tacón, aunque me vienen grandes. Después me coloco delante del espejo y juego a ser ella. Saco la punta de la lengua, mojo mis labios y digo: ¡qué bueno está el helado! y veo a mi padre mirarme con los ojos como candelas, igual que dice mamá que se me ponen a mí cuando tengo fiebre. Luego lo dejo todo en su lugar y vuelvo al comedor y escucho, mientras comemos, hablar a todos de cosas tontas; se animan y se ponen coloradotes. El otro domingo quise que me vieran y salí de tía Candi y mi abuela se echó a llorar y mi madre también y sólo mi padre me miró con su mirada de fiebre y no lloró. Hoy no he podido entrar en la habitación de mi tía porque la puerta estaba cerrada con llave. Ha sido la comida más triste de mi vida. Y no me han gustado los macarrones.

12 comentarios:

carlos de la parra dijo...

Cuantas cosas revela una niña al contar sus asuntos de familia, lo que no entiendo es que le gusten los macarrones.

Artistalight dijo...

Me has dejado enternecida con tan precioso relato sobre esa linda niñita, sus recuerdos, sus pequeños pies en los tacones, su vestido lleno de margaritas, bello y triste, cómo explicarle a un niño que alguien querido ya no estará más en la cena de los domingos, conmovedor Lola.

Nenina dijo...

que triste e inocente!! un relato bello que muestra la forma tan diferente en que los niños ven.

Towanda, gracias por visitarme!!!! me alegra tenerte por mi blog :)
espero este año venga rico en alegrías y logres todo lo que te has propuesto:)
un beso enorme

Lola Sanabria dijo...

Gracias, Carlos, Aristalight, Nenina, por ser tan generosos con vuestros comentarios.


Abrazos al cubo.

Patricia dijo...

Lola, cada vez que veo tu nombre en el Microrrelatista me preparo porque sé que leeré algo que me va a gustar. Si no te molesta daré una vuelta por tu blog y colocaré un enlace.

Un abrazo.

Luisa Hurtado González dijo...

Los niños escuchan todo y aprenden deprisa, no olvidan nada y son como esponjas. Siempre nos sorprende cuando lo descubrimos. Pero lo bueno, lo realmente bueno, es ver que alguien es capaz de ver por sus ojos y contarnos la realidad de esa forma tan suya.
Muy bueno, Lola.

Nat dijo...

mirada de fiebre...

Lola Sanabria dijo...

Nat, Luisa, Patricia (no sólo no me importa sino que estaré encantada de recibirte), muchas gracias por vuestra generosidad en los comentarios.

Besos a repartir.

Maite dijo...

Me encanta, lo lea una o mil veces, me encanta ;)

Puri dijo...

Me gusta mucho Lola, he sentido la ausencia de la tía Candi como si fuera parte de la familia.

Lola Sanabria dijo...

Encantada estoy yo contigo, Maite, siempre con la escritura amable en el dedo.

Buena señal, Puri, sentir la ausencia de la tía Candi. De eso se trataba.

Gracias a las dos y abrazos a repartir.

Towanda dijo...

Qué inocentes pero qué sabios son los niños... Me ha encantado la forma de contar una pérdida.

Un beso.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.