Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

sábado, 22 de enero de 2011

GRANDES HAZAÑAS

Lo conocí al servicio de su majestad el zar. Venía al pueblo a descansar de las fiestas en los salones de San Petersburgo. Por las noches, mientras mis padres realizaban sus últimas tareas, me colaba en su salón, lleno de volutas de humo que salían de su pipa. Me miraba sonriente y me contaba hazañas increíbles: carreras en caballos salvajes, trineos en tempestades de nieve, cacerías con su majestad y miles de historias que me hicieron feliz en mi infancia. La juventud fue distinta. Conocí su látigo, sus órdenes y sus castigos. Nunca vi persona más cruel.



Ahora, en plena revolución, lo iba buscando por toda la ciudad, con ganas de revancha. En cada palacio, casa señorial o refugio, me hizo escudriñar hasta el más pequeño escondrijo. Llevaba su látigo, para que conociera en sus propias carnes lo que sufrió mi padre antes de morir desangrado. No hubo suerte. No lo he encontrado. Así que bebamos para olvidar.


-Hombre, gracias, hijo, por traerme mi látigo. ¿Qué sería de un buen bolchevique sin su sagrado látigo? ¡Qué tiempos aquellos en el pueblo …!

Adivín Serafín

4 comentarios:

Patricia dijo...

Qué gusto leerte Adivín!

Si tu cuento en lugar de ficción fuese historia debería pensar que los políticos de mi país (todos) se entrenaron con aquellos bolches.
Pero estando así las cosas, pienso que los políticos de mi país son ficción pura.

Que tu novela continúe viento en popa.

carlos de la parra dijo...

Los villanos ignoran los rencores que van construyendo y siempre resultan sorprendidos si llega la venganza.

Torcuato dijo...

Me da gusto leerte, Adivin.
Un abrazo

Anita Dinamita dijo...

Qué bueno leerte, lástima que yo no me dí cuenta de mi día!
¿Cómo va tu novela?
Abrazos

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.