Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

lunes, 31 de enero de 2011

COMUNICACIÓN

“¿Quieres que te cuente el cuento de pan y pimiento y de rábano asado?”, me preguntaba mi abuelo. “Sí”, le contestaba yo. “No te digo ni que sí ni que no. Lo que te digo es que si quieres que te cuente el cuento de pan y pimiento y de rábano asado”, insistía. Entonces contestaba no y él repetía lo mismo hasta que me cansaba y me iba. Aquello no tenía ningún sentido para mí pero siempre le seguía el juego un rato. Mi abuelo vivía solo, con mis padres, mi hermano y yo y era el único cuento que sabía.

13 comentarios:

Patricia dijo...

Tu micro me ha emocionado de un modo que me está costando definir. Quizá porque tambén tuve un abuelo (que sabía contar muy buenos cuentos) quizá porque ahora yo soy la abuela de la familia, quizá porque temo a la soledad, o quizá lo que más miedo me inspire sea quedarme sin historias.
Toda esta reflexión me han inspirado tus palabras, quizá simplemente, porque están muy bien escritas.

Un abrazo.

Caboclo dijo...

A mi me contaban algo parecido, pero en vez de 'pan y pimiento' era el cuento de la buena pipa. Las responsables eran mis hermanas mayores, a quien Dios confunda, que disfrutaban con mi enfado y frustración por no ser capaz de llegar al 'desenlace'. Creo que fue entonces cuando comencé a amar las historia con final abierto y las cíclicas. A diferencia del abuelo de tu relato, las arpías de mis hermanas lo hacían por simple y pura maldad. En aquellos días no se había creado todavía la Oficina de Defensor del Menor, de otra forma otro gallo les hubiera o hubiese cantado.
Saludos, Lola.

Rocío dijo...

Ay, Lola, qué recuerdos... el mío decía "el cuento de María Sarmiento que nunca se acabá y ya se acabó" y lo cierto es que mis abuelos sabían otras historias, pero éstas se recuerdan por la rima tonta y lo que encierran de tonadilla pasatiempos, sin afán de comunicación, como insinúas, sino de entretenimiento acompañado.
Qué bonito. Ese abuelo no vivía solo, apenas un poco.
Besos

Puck dijo...

Ainssss qué recuerdos!!!! El mismo cuento sin final y cuando ya era el momento de dormir uno que sí se acababa: un ratón se subió a un árbol y este cuento no es más largo. Gracias por estos recuerdos
Besos.

Luisa Hurtado González dijo...

Sí, es cierto lo hacía mi abuela. Empezaba con la cantinela y no había modo de salir del cuento eterno. ¿Cuánto tiempo busqué la solución o el final? Ni me acuerdo, pero sí que recuerdo que ella se burlaba de mí, de a poco, para no hacer daño, pero creo que disfrutaba haciendolo.

R.A. dijo...

Para mí esta es la clave del microrrelato, sobre esta sencilla frase recae el peso y se dice todo:
Mi abuelo vivía solo, con mis padres, mi hermano y yo y era el único cuento que sabía

Ese "mi abuelo vivía solo con..." es el que me hace el nudo.

Un abrazo Lo

David Figueroa dijo...

Pues eso, Lola, lo que dice Rosana.
Besos.

Puri dijo...

Mi madre me contaba "el cuento de nunca acabar" y yo me desesperaba con aquel cuento que nunca terminaba... Me da pena este abuelo que solo se sabía un cuento y que vivía solo, aunque tenía una familia alrededor. Menos mal que la protagonista le hacia caso un ratito..

Lola Sanabria dijo...

Patricia, me emociona que te hayas emocionado.

Ya ves, Caboclo, un mismo cuento o parecido, puede servir para muchas cosas.

Rocío, el de María Sarmiento me lo sabía de otra manera. Es lo que tiene el cuento oral que engorda con el boca a boca.

Lo mismo te digo Puck, cuántas variantes de cuentos sin final.

La evocación, Luisa, es el efecto que conllevan los cuentos infantiles.

Rosana, das en el clavo, ahí está la clave del microrrelato.

David, digo lo mismo que a Rosana.

Igual visisión, Pura, y muy acertada.

Besos a repartir.

Dr.Krapp dijo...

Como Caboclo yo soy del cuento de la buena pipa. Me encantan esos bucles que tanto nos enseñan.

Sara dijo...

Me he emocionado, Lola. Y también tuve un abuelo que me contaba un cuento muy parecido y a mí me desesperaba no saber nunca el final. Sniff. ¡Qué recuerdos! Echo de menos a mi abuelo y a mi niñez...

Artistalight dijo...

Precioso Lola, nos has dejado una nostalgia en el corazón.

juan andrés estrelles dijo...

Excelente muestra de ternura y cruda realidad que desde luego, te toca la fibra sensible. Ciertamente da que pensar. Un saludo.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.