Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

jueves, 10 de marzo de 2011

Noúmeno



            El Gran Ingeniero dio por finalizado el último de sus proyectos, el más ambicioso. Invirtió seis días y seis noches en crear lo que consideraba la partícula de la felicidad. Un prodigio nanotecnológico de dimensiones microscópicas y potencial infinito, que transformaría a los homínidos en dioses. Lo insufló en el organismo humano para que se integrase biológicamente en un cerebro que hasta entonces, sólo manejaba impulsos instintivos. Las primeras señales de cambio se produjeron de inmediato. El hombre comenzó a crear herramientas,  a cultivar la tierra, a pastorear ganado y a expresarse con un lenguaje cada vez más elaborado. Luego vinieron las artes, lo que parecía indicar que el experimento estaba resultando un éxito. Entonces aparecieron las religiones, las fronteras, el hambre, las ciencias, y la guerra. A partir de ahí la humanidad entró en un proceso cíclico de progreso y recesión, de creatividad y destrucción, de iluminación y oscurantismo, que la condenó a la más absoluta infelicidad a lo largo de toda una era.

            Decepcionado, analizó las causas de su fracaso. Procesó los testimonios recopilados en millones de oraciones, confesiones, diarios personales y sesiones psicoterapéuticas del último medio siglo. Los datos indicaron que la mente humana captaba un entorno permanentemente hostil ante el cual reaccionaba de forma inconsciente, generando sufrimiento. La conclusión fue decepcionante: el hombre aún no había comprendido que el cerebro no percibe la realidad. La crea.



10 comentarios:

Sergio dijo...

Maravilloso relato que solo cuenta de ficción por la creación del prodigio nanotecnológico. Si lo dejamos a virtud de la evolución humana, no dista mucho de la realidad.

Enlazo una entrada que tiene mucha relación: http://superehore.blogspot.com/2011/03/optimismo-e-ilusion-iii-cuida-tu.html

La realidad la creamos, cada vez estoy más seguro.
ENORME ENTRADA! Con permiso, me la guardo.

Luisa Hurtado González dijo...

El día que el hombre comprenda que su cerebro crea la realidad, se sentirá dios; y, para mi, que van a ser demasiados dioses en un mismo planeta.
Un beso.

Patricia dijo...

Felicidades por este micro Pedro. Impecable!!!

Un placer leerte.
(Me has atrapado, con tu permiso, daré una vuelta por tu blog)

UN ABRAZO

Anita Dinamita dijo...

Jodeeeeeeeeeeerrrrr ¡qué bueno!!!!!!!!
Me encanta, Pedro
Creemos-creamos
Un abrazo creador

neo-despertardelsueniodemorpheo dijo...

Un abrazo Pedro.

Juanan

Pedro Alonso dijo...

Sergio: Esa ha sido mi intención, partir de la historia de la humanidad, tal y como yo la concibo. Me alegra el entusiasmo que transmites en tu comentario y por supuesto que tienes mi permiso. Un abrazo.

Luisa: Si es el Ego el que se endiosa, los problemas seguirán. Si nosotros tomásemos conciencia de nuestro potencial "divino" creo que dejaríamos de hacernos daño. Un beso.

Patricia: Un placer tener una lectora como tú, tan agradecida. Pásate cuando quieras por mi blog que siempre habrá algo para picotear. Un abrazo.

Ana: Me encanta lo gráfico de tu primera expresión, y a mi ego también. Muy perspicaz esa polaridad creer-crear. ¿Creo en mi realidad o creo mi realidad? La felicidad no está muy lejos de esta dicotomía. Un abrazo.

Juanan: Me gusta saberte por aquí. Un abrazo.

Puck dijo...

Me gusta esa decepción :-)
Saludillos

Pedro Alonso dijo...

Me gusta que te guste, Puck. Un abrazo.

Mixha Zizek dijo...

Interesante historia, te seguiré leyendo, besos


(llegué aquí por mi amiga Belén)

Pedro Alonso dijo...

Gracias por pasarte y dejar tu aporte, Mixha. Un beso para ti y otro para Belén.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.