Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

viernes, 28 de octubre de 2011

Ver dentro

—Manuel, lo que te voy a proponer es sencillo.
—¿Qué quieres que haga, qué se te ha ocurrido esta vez?
—Para ti, fácil, muy fácil, solo quiero que te asomes a la ventana y me describas todo lo que veas.
—¡Nada más! Realmente eres el único profesional de este sitio que consigue sorprenderme. Me voy a apoyar en la ventana. Empieza a escribir querido “Freud”: hay un soberbio jardín, se nota que es primavera, el césped tiene un hermoso color no hay ni una hierba más alta que otra y las rosas que bordean el muro están en todo su esplendor. En el extremo las de color más fuerte, rojo intenso, aún se perciben las gotas de rocío sobre algunas, y las más cercanas a nosotros, blancas, desde aquí parecen níveas sin ninguna mota que rompa su belleza, el sauce... ¿sabes? me provoca tristeza, parece que está llorando y este que albergáis aquí es el más llorón de todos. Sus ramas parecen manos que cubren sus ojos arbóreos e intentan detener el torrente de lágrimas que son sus hojas. Lleva tanto tiempo llorando que estas se arrastran por el suelo, no es el mejor árbol para este lugar, aunque debo reconocer que el cenador que habéis colocado bajo su hueco transmite tranquilidad.  En realidad todo el jardín respira serenidad visto desde aquí, en fin querido doctor, tienes una hermosa vista desde tu despacho ¿quieres que siga?
—No, Manuel, no hace falta, muchas gracias, ha sido verdaderamente relajante oír tu descripción.
—Bien, no sé si has notado unos extraños ruidos, es mi estomago, protesta, eso quiere decir que ya es la hora de la comida. ¿Nos veremos mañana?
—De acuerdo, a la misma hora.
—Hasta mañana, Luis, que pases un buen día.
—Hasta mañana, Manuel, lo mismo te deseo.

Luis observa como su paciente despacio se acerca a la puerta y con cuidado coge el bastón que hay en la silla, lo despliega y sale cerrando suavemente.

14 comentarios:

Nicolás Jarque dijo...

Elysa, que bien reflejado este falso paciente, que no es ciego aunque lo aparente, o igual sí.

Me ha gustado mucho. Bessets.

Cybrghost dijo...

Hay que saber mirar. Bellísimo.

carlos de la parra dijo...

En los laberintos de la locura muchas veces brilla una intensa lucidez.

Rosa dijo...

Muy hermoso Elysa...Pero no hay mayor ciego que el que no quiere ver...

Besos desde el aire

Sara Lew dijo...

Parece que Luis es un buen terapeuta, sabe hacer que su paciente "vea" en su interior aquello que sus ojos le tienen negado ver afuera.
Me ha gustado mucho tu texto, Elysa. Un placer leerte.
Besos.

Paloma Hidalgo dijo...

Elysa es un texto estupendo.Traes de nuevo luz a unos ojos que en algún momento la perdieron. Muy bonito.


Un abrazo

Omar(enletrasarte//masletrasarte) dijo...

El paciente, ve, todo lo que nosotros no.
Buen relato, saludos

Marilyn Recio dijo...

Excelente relato, como para reflexionar. Se puede ver con el corazón. hasta muy pronto!

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Un relato formidable, Elysa.

Nos llevas de la mano de un dialogo que nos hace dudar de hacia dónde nos dirigimos, para cerrarlo de forma magistral y dejarnos elegir si ve y hace que no o si no ve y hace que sí.

Me voy pensando en ello.

Un abrazo.

Yun Rodríguez dijo...

¡oH! Me trajo recuerdos de una obra de teatro que interpretamos como despedida de nuestro grupo escolar, al graduarnos: un viejo pegado a la ventana animaba con sus relatos a todos los internos de un manicomio, y al fallecer él supieron que era ciego.

Claudia Tubilla dijo...

Muy buena descripción y muy buen detalle el del ciego al final... :)

goge dijo...

hola amigo mio en la otra entrada no se puede comentar solo quería saludarte y como siempre amigo estupendas entradas un abrazo

miyares dijo...

Bonito relato,bello un jardin muy plastico.Escena muy lograda.Un saludo

Elena Casero dijo...

Sorprende el final, Elysa. O es un gran terapeuta o el ciego no lo es tal, pero me ha gustado mucho la descripción del jardín

Un abrazo

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.