Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

viernes, 13 de julio de 2012

La voluntad del difunto


Por decisión del difunto, la viuda solicitó que incineraran el cuerpo ni bien el sufriente soltase su último suspiro, sin embargo, antes de expirar, el marido le había hecho prometer que le compraría un coqueto cajón, pues se trataba de una persona a la que siempre le había gustado guardar las apariencias. En este caso, apariencia de adinerado y de cuerpo completo. Digámoslo sin ambages, este muerto había sido un hombre afectado y presuntuoso, nadie lo tragaba.
Por esta razón, sólo concurrieron al velatorio unos pocos parientes y compañeros de trabajo, más para comer y beber algo que por sincero afecto. De vez en cuando, miraban hacia el féretro cerrado con indiferencia, sin sospechar que estaba lleno de sacos de arena. La viuda, mientras tanto, calentaba agua y cumplía -obedientemente- la última voluntad de su marido.
Al final, nadie supo que se veló un cuerpo ausente, apenas presente en el mal recuerdo, y en el sabor un tanto extraño del café.

15 comentarios:

Lucas Fulgi dijo...

No me gustaría tomar de ese café.

Verónica dijo...

Siempre, hay que cumplir con la voluntad de quien se va. Excelente micro, Humberto...
Un abrazo

Luna dijo...

Recuerdo este micro. Me encantó ese humor desde el más allá.

Saludos.

SOLO DE INTERES dijo...

Pues, siendo el difunto, el patrocinador, de la comida y la bebida... pero uff, beber ese cafe!!! un abrazo

Arturo dijo...

Humberto:
Está muy bueno, el tipo era un maldito, a no dudarlo.
Me hiciste acordar a un sketch de los uruguayos de Telecataplum. Se trataba del velorio de un tipo pobre, que ni agua corriente tenía en su casa.
Murió congelado y lo habían puesto en el cajón aun en ese estado gélido. Como hacía un poco de calor, se oía de fondo el goteo del descongelamiento y un moreno sacaba -cada tanto- una palangana desde la pieza velatoria. Ya te imaginás con qué hacía el café.
Es otra variante a tu historia, y tan bien logradas ambas.
Un abrazo.

carlos de la parra dijo...

Genial Humberto. Es prueba de que hasta los muertos posan.

Yashira dijo...

Menudo deseo el del difunto, menos mal que no fueron muchos a su velatorio... Eres genial Humberto.

Un beso.

Sabrina dijo...

Tus textos siempre están plagados de ingenio, Humberto.
Un beso.

Pedro dijo...

Simplemente excelente, jaja!!
Un abrazo

menteinvisible dijo...

menos mal que nadie lo tragaba.
un abrazo

Sara Lew dijo...

Recuerdo este cuento, Humberto. ¿Cómo olvidarlo? Es de los que dejan un regusto amargo, un mal sabor de boca :-)

Un abrazo.

Andrea Vinci dijo...

Bueno, bueno, con el presuntuoso ¿Ese también fue su deseo?

Juanito dijo...

¡Uhhh! Espectacular final...
Me encantó.
¡Felicitaciones!

Humberto Dib dijo...

Muchas gracias a todos los que dejaron su comentario.
Un fuerte abrazo.
HD

Cybrghost dijo...

Hay personas que no dejan de dar por saco ni muertos.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.