Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

miércoles, 20 de junio de 2012

Sentimientos


Advertencia: Me ha tocado publicar en un día patrio, en mi país, el día de nuestra Bandera Nacional, de allí, la historia.


Desde la barranca rosarina, con el incipiente frescor del atardecer, Eloísa Díaz, con sus ojos azules, perdidos en las aguas marrones del río Paraná, asistía a la solemne ceremonia preparada por aquel apuesto General Belgrano, quien airadamente, según su pensamiento, se proponía enarbolar una bandera propia de estas tierras. Eloísa era huérfana de padres, ya que ambos habían muerto por distintas causas, dos años atrás, casi con el nacimiento del primer gobierno patrio. Los pocos parientes conocidos  de los que tenía noticia, estaban  muy lejos, allende los mares y nada sabía de ellos.  Robustiana, aquella mestiza que la había criado, tuvo que hacerse cargo de ella cuando quedó sola a los trece años. Toda una señorita que atender y cuidar. Pero lo había preferido así, antes que su niña partiera para el hospicio o la metieran de monja, los amigos de sus patrones. Embustera como era, se había inventado una historia de papeleo para disuadirlos. Así las cosas, aquel 27 de febrero de 1812, había llevado a la ahora jovencita, al acto militar, porque Robustiana era bien criolla y apoyaba la causa de la revolución, cosa que trataba de imponer a Eloísa, quien desconfiaba de todo. "Vamos m´hija, mire la bandera que está izando Don Cosme Maciel", "¡qué honor!" agregó la mujer y por lo bajo le susurró a la joven:"Es suya también". Cuando el paño de algodón teñido de celeste, como el cielo, en una de sus franjas, llegó a lo alto del mástil, el Gral. Manuel Belgrano instó a sus soldados, diciendo con vehemencia: ". . . Juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo ¡Viva la Patria!"
Robustiana, también lo murmuró, porque los que juraban la bandera, eran sólo los militares que integraban las baterías allí concentradas. Su ahijada se persignó, y  mirando al cielo, dijo muy por lo bajo: "Perdón, Tatita, ¡Viva la Patria!", mientras la albiceleste ondulaba brillante en aquel atardecer de verano. 

13 comentarios:

Andrea Vinci dijo...

Me recordaste que mañana es el día de la bandera... cuando uno está lejos ya no se acuerda cuándo caen los "feriados".

carlos de la parra dijo...

La patria es más hermosa cuando brinda vida en vez de muerte.
Aclarado el humo de la destrucción podemos ver que la auténtica historia del amor a la patria, la adquieres si excluyes a los políticos, quienes se sienten los dueños.
El mundo va en despertar, falta ver en que acaba ésta película.

Zunilda Moreno dijo...

Gracias Andrea. Un abrazo.

Zunilda Moreno dijo...

Coincido totalmente con vos Carlos. Pero yo hablo de la historia que por no vivirla no duele tanto. El presente, es otra cosa, de allí mi coincidencia. Abrazo.

Arturo dijo...

Zunilda:
Hermosa historia. Digno homenaje a la gesta del gran argentino que ha sido Manuel Belgrano, quien dio todo por nuestra patria.
Ya es hora de colgar la bandera del balcón, como cada Fiesta Patria.

Arturo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Arturo dijo...

Zunilda:
Mi comentario se disparó dos veces y sin terminar aun.
Quería cerrarlo con un gran abrazo de despedida y una escarapela al pecho.

Sara Lew dijo...

Me ha encantado, Zunilda. Los que estamos lejos, (como dice Andrea allí arriba) nos olvidamos de esas fechas. Un abrazo.

Yashira dijo...

Bonita historia Zunilda, y muy acertada teniendo en cuenta el día.

Saludos,

Zunilda Moreno dijo...

Gracias, argentinas y no, por tamaños comentarios. ¡Viva la Patria! Gracias Arturo. Comparto. un abrazo de nacionalidad.

OZNA-OZNA dijo...

mil gracias querida y admirada amiga por hacernos participes de tan bella historia. Muchos besinos y feliz fin de semana con todo mi cariño.

Juanito dijo...

Bella historia.
Saludos.

Zunilda Moreno dijo...

Gracias por comentar, compañeros.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.