Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

martes, 26 de junio de 2012

La herencia de la tierra.


No es un microrrelato, me paso de largo, pero este cuento es una denuncia de violencia ejercida por el poder, por eso os pido que no me lo tengáis en cuenta. Gracias.

Un cuento dedicado a Ciñera (Un pueblo asolado por antidisturbios) y también para todos los mineros. Tratan de cargarles faltas que no tienen. Su dignidad es un ejemplo, frente a los verdaderos violentos... Los que en vez de servir a la gente sirven al dinero y a la mentira. Defenderse no es violencia es necesidad. Eso sí, pido prudencia y mesura, somos conciencia no servidores de las armas.

Si lo consideran positivo, difúndalo.





Ilustraciòn de Laura Bécares. http://estudiolalunadepapel.blogspot.com.es/

Esta historia está dedicada a los mineros y en especial a la gente de Ciñera de Gordón.

Había una vez un rey que decidió dejar su reino en herencia, pero como no tenía hijos, ni sobrinos, ni personas de confianza, decidió convocar una oportunidad para todo el pueblo:
- ¡Qué todas las ciudadanas y ciudadanos pasen por el castillo y hablen con su majestad! – Ordenó reciamente –Aquel que de buenas razones de nobleza que le hagan digno de mi corona, recibirá mi trono.

Después de hablar con todos, tarea ardua, quedaron tres finalistas; un banquero, un político de la corte y un minero.

-         Esta bien – sentenció el monarca – Os voy a poner una prueba y el que supere la prueba se quedará con el reino. En menos de 24 horas debéis llenar la gran sala imperial de palacio con aquello que tengáis sin pedírselo a nadie.

El banquero tenía solo monedas, billetes, acciones y muchas casas, pero esas no se podían meter dentro de un castillo, eso sí, tenía las escrituras públicas. Lleno la sala de papelajos y calderilla en cantidades ingentes. Al verlo el rey, tomo un billete y exclamó:

-         Esto es papel mojado, pues si los hombres no hacemos convención de lo que el dinero vale, esto no vale para nada. No le puedo dejar mi reino a un banquero, porque pone a las personas al servicio del dinero y no el dinero al servicio de las personas. No me vales.

El siguiente fue el político. Este no tenía tanto dinero como el banquero, porque lo que tenía lo había conseguido gracias al favor de los que mueven el dinero, pero tenía influencias y contactos. Llamo a todos sus esbirros y lleno aquella sala de poder falso y baldío. De gente que estaba allí no por lealtad, sino por miedo, interés, mediocridad, deuda o apoltronamiento. Toda la sala presente de acólitos, asesores, estúpidos, seres que nunca supieron que hacer con su vida, que pensaron que lo único que conducía a la felicidad era ponerse una corbata y mirar a los demás por encima; personas que hacían del trepar una batalla de máscaras y besamanos. (Pobres infelices que nunca sabrán lo que el amor vale). El rey tampoco quiso dejarle en herencia al político su reino.

-         ¿Qué será de las personas si solo se juntan con los otros por interés – se preguntó el rey - … y no por amistad verdadera? El mundo se volvería una guerra pulcra por fuera pero podrida por dentro. No habría paz verdadera, sino títeres del protocolo y las formas, reos de la mentira y mártires del peldaño siguiente. Esa escalera lleva al abismo. No. No me vales político.

Le toco el turno al minero. Espero a que llegara la noche y le pidió al rey que apagase las luces. (Todas las luces del palacio). De repente encendió el foco de su lámpara y con los destellos trató de darle mucha luminosidad a la gran sala, pero era un salón tan oscuro, tan grande, tan negro,  tan profundamente negro, que una sola lamparilla no daba brillo. El minero miro al rey con tristeza y habló:

-         Yo sé hacer del negro carbón luz cada día para darle el pan a mi familia, pero con mi farol no puedo iluminar toda la estancia.

En el exterior se oyeron miles de voces en un solo clamor. Eran otros mineros que entraron por sorpresa al palacio. Venían cantando Santa Bárbara bendita. Encendieron los faros de sus cascos y al prenderlos, toda la sala se lleno de estrellas. Aquello parecían las vidrieras de la Catedral de León.




El rey decidió darle su legado al minero, porque su ejemplo de unidad, de fortaleza, de lealtad, de trabajar por los suyos, al tiempo que aguantaba que en las cuencas mineras el dinero de los fondos Miner se lo comieran las ratas, eso sí, sin reinvertirlo en recuperar las montañas o en generar empleo, ese minero, tenía tanta dignidad, que podía mirarle a los ojos al mismo rey sin que este lo tuviera por menos.

-         Lo he decidido. Mi reino para el minero.

¡Qué no os engañen ciudadanos diciendo que los mineros son violentos o son terroristas! Violento es aquel que usa la mentira como un veneno, que se dice representante del pueblo cuando en realidad representa el interés de su bolsillo y de las multinacionales. Violencia es hacer algo en la vida sin vocación. Y aquel que no sabía hacer nada en vez de hacerse minero se presentó a unas elecciones.
Señores políticos rectifiquen, la violencia nos hace perder a todos y ustedes son los que generan la violencia. Defenderse no es violento… fue el modo con el que nuestros mayores consiguieron los derechos que no queríais darles, esos mismos que hoy quitáis. Eso sí, el paso entre la defensa y la guerra es muy, muy cercano. Por favor, no tensen más la cuerda y respeten a los humildes. No queremos guerra, pero no podemos permitir que nos pisen. Con la guerra perdemos todos.
En este cuento donde dice minero, podría decir maestro, albañil, pescador, agricultor, cajero, frutero, funcionario, soñador, indignado, autónomo, caminero etc. Todos somos herman@s. Todos somos uno. La dignidad del que trabaja les pone a ustedes en su sitio. No más capitalismos. No es democracia el mercado, la especulación, paraísos fiscales, 6 millones de muertos en el mundo de hambre al día, venta de armas que ustedes no prohíben, leyes a medida de los grandes emporios, rescate a los bancos y recorte a los humildes. La vida de ustedes no puede ser nuestra muerte. Tengan memoria histórica, las injusticias generan explosiones de rabia. No generen mas violencia, pónganse al servicio de la vida y del amor, porque sino serán ricos infelices y gastarán en seguridad lo que no gastan en hacer lo correcto.
Mineros. Mineras. Prudencia. Defenderse no es hacerse hijo de las armas. Ellos son hijos de la guerra, a nosotros nos acunó la ternura y el sudor generoso de nuestra gente. Políticos, háganse personas… Pongan su oficio al servicio del interés general. Los políticos que ya lo hayan logrado ( No se ven muchos la verdad), den ejemplo: Exijan al que no lo haga, que deje el salvajismo.




9 comentarios:

goge dijo...

hola cuanto sin comentarte espero este todo bien buena entrada saludos

Manuel dijo...

La vida que no me da tiempo para escribir. Gracias Manuel

Arturo dijo...

Manuel:
Una historia muy buena. El derecho a la propiedad es sagrado, pero no justifica que en su nombre se avasallen los derechos ajenos.
Saludos.

Dr.Krapp dijo...

Fantástico, todo mi apoyo.

Manuel dijo...

Gracias Arturo, gracias Dr. Krapp.

Pedro Alonso dijo...

Palabras, escritas y narradas, en favor de una causa justa. Me ha encantado esta iniciativa tuya, manuel. Con tu permiso, lo comparto.

Manuel dijo...

Compàrtelo Pedro. Gracias.

Rosa dijo...

Que puedo decir plas, plas, plas.

Seguimos en la lucha.

Besos desde el aire

Manuel dijo...

Gracias Rosa, seguimos haciendo conciencia de la barbarie de esta sociedad, que llama violento al que se defiende y no al que pisotea.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.