Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

lunes, 11 de abril de 2011

Mis caras de otro.





















    La primera vez me llevé un susto de muerte y anduve fuera del mundo hasta entender el problema: Cada vez que estornudaba… me cambiaba el rostro. 

     Probé entonces con la acupuntura, el vudú, la meditación trascendental y el exorcismo, pero todo fue en vano, y pronto empecé a verle las ventajas a mi extraña enfermedad. Con el tiempo olvidé cual de todas esas caras había sido la mía, terminé por aceptarlas a todas como la propia y llegué a la conclusión de que mi catálogo venía a ser de unos treinta semblantes diferentes, sin orden, motivo ni secuencia. No había forma de saber qué cara sería la siguiente. Después de un estornudo, un repentino mareo y un vértigo leve, corría a buscar un espejo para saber quién sería las próximas semanas.

     Así, supe lo que es ser feo, atractivo, difícil, inane o irresistible. Tuve cara de menso, de líder, de hombre feliz y de burocracia, y a cada rostro le supe encontrar una vida, una amante, su concurrencia o su soledad. A cada cara le encontré su rutina.

     Aprendí los rudimentos de la falsificación y logré llevar una vida sencilla y ordenada, y si alguna vez sentía hastío o la necesidad de huir, simplemente olía amapolas.
 
     Sólo una vez me enredé en mis rutinas y visité con cara de golfo a la puta que solía frecuentar llevando la cara de tonto.
 
-Ponete la cara que querás, flaco, pero ese cuerpo y esa forma de besar no me los equivoco yo –me dijo ella con un gesto espantadizo y una pregunta en la voz.

     Yo, desarmado, le confesé mi condición cambiante y le hice allí mismo una demostración. A ella le encantó aquella locura, que vio más como un estrafalario don que como un problema de salud, y me invitó a quedarme.

     Desde entonces vivimos juntos como cualquier pareja normal, casi como la gente con cara. Tal vez, incluso, con alguna ventaja. Cuando se cansa de verme… me regala una amapola.
 

16 comentarios:

carlos de la parra dijo...

Un auténtico agasajo leer éste cuento de un individuo con caras que cambian como canales de televisor. Contiene posibilidades de narrar una novela fantástica.
Bravo.

Luisa Hurtado González dijo...

Como dice Carlos las posibilidades son infinitas. y...¡qué lista ella!

Kum* dijo...

Gracias por las amapolas...

Puri dijo...

Cuántas caras podemos tener y eso sin necesidad de amapolas, pero para los más íntimos nuestro rostro no cambia. Aunque las personas, hasta las más cercanas, pueden sorprenderte (a veces te defraudan) con algo que desconocíamos de ellos. Pero la melodía siempre nos suena conocida.

Artistalight dijo...

Eres increible Kum, siempre me encanta lo que escribes, siempre siempre :)

Patricia dijo...

Leer este micro fue delicioso, su relectura, imborrable.
Las ideas que genera se entrecruzan y bifurcan.
Un mundo con muchos otros adentro.

Enhorabuena, Kum*, amigo.

Maite dijo...

Me encanta este texto, Kum*, como no tengo sombreros, te tiro un guante y te reto a seguir deleitándonos. Abrazos.

MA dijo...

Originalísimo, Kum.

Malena dijo...

Te traje una amapola. Pero te aclaro, pibe, que la cara que me vuelve loca es la de payaso (con sombrero y calcetines).

Javi dijo...

Me ha gustado mucho, me parece una idea extremadamente original y muy bien explotada. Ahora bien, no sé si me permites una pequeña crítica, y es que es demasiado extenso para entrar dentro del género del microrrelato.

Un saludo.

Millz dijo...

¡Muy bueno, Kum! Distinto, irreal, con sabor a un dulce dolor. Así me ha impactado. Un gusto.

Kum* dijo...

Gracias a todastodos por venir, por leer, por retrataros.

Javi. Estás en lo cierto, no soy exactamente un microrrelatista. Me cuesta la renuncia, la contención, pero... shhhhhh... no se lo digas a Tor, que está en todos lados.

Besos en las caras... con sombrero y calcetines.

Anita Solohayuna dijo...

todo un descubrimiento el señor Kum

Puck dijo...

Me sigue gustando tanto como el primer día, aunque supongo que leo con otros ojos o con los mismo? o son otras palabras?
Saludillos

Mixha Zizek dijo...

un buen texto , un abrazo

budoson dijo...

Una idea GENIAL. Y he estornudado dos veces mientras lo leía. En serio.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.