Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

jueves, 25 de octubre de 2012

Mujercita



Desde mi ventana podía ver el cúmulo de nubes grises que avanzaban desde el sur. No soplaba ninguna brisa, menos viento. Una tranquilidad pasmosa me ponía nerviosa. La cama era un nido acogedor en medio de una habitación de paredes altas, pintadas de rosa. Él tal vez no vendría, menos pasaría a mi habitación, pero yo siempre le imaginaba en el marco de la puerta. Sumida en mis cavilaciones tempraneras, me sobresalté cuando Rosa abrió bruscamente la puerta de mi habitación para alertarme que el médico acababa de llegar. El Dr. Quesada ya estaba viejito y casi no podía conducir. Su pierna lo mortificaba y tenía que pedirle a su único hijo varón que condujeran el viejo Ford por las rutas arenosas del campo. A solas, el médico me revisó de pies a cabeza, sin encontrar rastros de ninguna enfermedad. Para colmo, en ese momento no tenía síntoma alguno. Luego, llamó a mamá y,  habló largo rato con ella en la salita en la que terminaba el pasillo de distribución de las habitaciones.  Al cabo de unos pocos minutos, eternos para mí, ambos entraron nuevamente en mi cuarto. El Doctor, se despidió amable, me recetó un tónico y aconsejó que me levantara al otro día para seguir con mi vida normal. A mamá le preocupaba que en los últimos tres meses yo no me sintiera bien y tuviésemos que llamar al médico. Prometió llevarme a un especialista de la ciudad, pero sus quehaceres, seguramente frenaban su decisión. Apenas ce cerró la puerta tras el doctor Quesada, salté de la cama y fui hasta la ventana. A través del voile color blanco lo vi: Alto, erguido, parado como un soldado al lado del automóvil, esperando a su padre. Desde que lo conocí en aquella kermese en beneficio de la biblioteca pública, a la que habíamos asistido con mis padres, no podía olvidarlo. Moví mi mano en señal de saludo. Él llevó la suya a su boca y la estiró mucho, hacia lo alto, como para que el beso que me enviaba en el gesto llegara hasta el ventanal. Mi corazón se desbocó y volví a la cama, justo a tiempo para que mi madre me encontrara ovillada en ella.
_ ¿Qué te dijo el Dr. Quesada, mamá?, pregunté ansiosa.
_ No tienes nada, hijita, como siempre, te pasan cosas. . . de la edad. . .
Con un resoplido contenido respondí, resaltando mi preocupación:
_ Mientras no sea nada malo, mamá, a lo que ella me consoló besando mi frente.
_ No te preocupes, Elisita, no es nada grave. . .sólo que te estás haciendo señorita.
Recuerdo que ese día dormí mucho, mientras escuchaba el retumbar de la lluvia sobre el techo de zinc y atrapaba con mi mente aquel beso al aire, lanzado por quien sería mi primer amor.

8 comentarios:

Arturo dijo...

Zunilda:
Un relato muy femenino, para quien despertaba a la vida de dar vida.
Seguramente las mujeres sabrán comppreender mejor tu relato, sin dudas.
Un cordial saludo.

Verónica dijo...

Me ha encantado querida Zuni. Lo has descrito a la perfección. El dejar de lado la niñez, y la ilusión por ese primer amor.
Besitos

nomesalelapalabra dijo...

Belleza. Es un texto sutil que da ganas de leer y que también me ha traido muchos recuerdos de aquellas épocas.

Carlos de la Parra dijo...

Los inocentes preámbulos del sexo.
Un perfecto retrato de los primeros pasos hormonales de la joven.
Está que hierve tu cuento para quienes sepan leerlo.
Bravo.

Dyhego dijo...

L'amour...

Margary Gamboa dijo...

Sencillamente precioso, siempre es un placer leerte.
Mis felicitaciones.
Margary.

Manuel Lomba dijo...

Leyendo, he recordado sensaciones análogas de la adolescencia; y me pregunto con pena ¿Cómo hemos podido dejar que esa ilusión se desvaneciera?

Zunilda Moreno dijo...

Ahhh, esos recuerdos. . .que se mueven con los años. . .¡Gracias a todos por vuestras palabras que me reconfortan!

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.