Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

domingo, 7 de agosto de 2011

Defecto de fábrica



            Se diría que le faltaba un tornillo, aunque no siempre fue así. Su deterioro comenzó el día que entró a trabajar en la cadena de montaje. El entusiasmo que le convertía en el alma de las fiestas se marchitó, dejando en su lugar a un hombre taciturno. Le dio por hablar con la cadencia de un contestador automático en las conversaciones telefónicas, y por enfocar su mirada al infinito, en lugar de a los ojos, en los encuentros cara a cara. Las articulaciones de su cuerpo de atleta se anquilosaron progresivamente, reduciendo su capacidad de flexión en favor de la torpeza. Su vida diaria se redujo a una pequeña serie de pautas repetitivas. Incluso el fin de semana tenía su propia rutina: dormir, comer y sentarse frente al televisor. Nadie se alarmó hasta el día en el que se quedó dormido en el sofá y en lugar de ronquidos emitía una especie de pitido metálico.

Le recomendaron ir al servicio médico, por si algún compuesto químico de los materiales que manipulaba le estaba provocando aquella extraña reacción. Él, despistado, se presentó en el servicio técnico. Le diagnosticaron depresión y le mandaron a casa. Aquello debió alterar sus hábitos de forma insoportable. Encontraron su cuerpo en mitad de un charco de aceite. Se había cortado los cables.
 
 

7 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

Ya sospechaba yo que trabajar en una cadena de montaje no podía traer nada bueno.
Muy bien contado; si, señor.

Patricia Nasello dijo...

E X T R A O R D I N A R I O!!!!!

Sandra Montelpare dijo...

Qué bueno! Me en - can - tó, sobre todo por el cierre!

Sara Lew dijo...

¡Buenísimo!

Cartaphilus dijo...

Muy bueno, sí señor.

Rosa dijo...

Coincido con todos los anteriores Muy bueno.

Saludos desde el aire

josé manuel ortiz soto dijo...

Lo mejor es atender que las rutinas no dejan nada bueno. Excelente metamorfosis.

Saludos.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.