Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ecosistema

Tras ignorar durante años las reiteradas quejas expuestas por diferentes asociaciones vecinales, el Ayuntamiento decidió tomar medidas para atajar la plaga de palomas que infestaba la capital.
Algunos ancianos aprovecharon esos días para despedirse de ellas, y lanzarles sus últimas migajas de pan antes de que una empresa privada capturase a las molestas aves y las trasladara hasta un pueblo abandonado lejos de la urbe.
Felices por la desaparición de excrementos y plumas, los habitantes reemprendieron su rutina diaria sin percatarse de las nuevas criaturas que comenzaban a ocupar el espacio desalojado. Al principio, instaladas únicamente en las iglesias, pasaron desapercibidas mientras su número aumentaba de forma considerable. Pero con el transcurso de los meses, invadieron también las cornisas de edificios aledaños.
Resultaba imposible alzar los ojos sin sentirse sobrecogido ante la visión de todas aquellas gárgolas, que campaban a sus anchas en los tejados con actitud amenazante.
Ya nadie se atrevía a pasear después del atardecer, y la mayoría de la gente se desplazaba protegida en el interior de sus vehículos por miedo a ser atacada.Cuando los grotescos seres abandonaron sus posiciones y descendieron hasta el suelo, cundió el pánico. Un gabinete de crisis constituido por tres biólogos, cuatro arquitectos y un sacerdote, decidió que la única manera de resguardar a la población era evacuando la ciudad. El nuevo destino fue un pueblo abandonado, lejos de la urbe, y poblado únicamente por majestuosas palomas.


11 comentarios:

Ximens dijo...

De fácil lectura, nos presentas un relato que es como una fábula, donde la moraleja es que muchas veces no sabemos apreciar lo que tenemos hasta que lo perdemos. O Virgencita que me quede como estoy. Me ha gustado

Rosa dijo...

Me ha encantado imaginarme a las gárgolas ocupando las calles...Ahora habrá que ver si las palomas están dispuestas a compartir su espacio...

Besos desde el aire

El Eskimal dijo...

Caray, cómo es posible que en ese pueblo la gente no tenía idea de uno de los más importantes trabajos de las palomas: mantener tranquilas a las gárgolas.

Yun Rodríguez dijo...

¡Felicidades! Muy bueno, y ejemplar para los funcionarios, jaja. Saludos.

Paloma Hidalgo dijo...

En broma te diré que me he sentido menospreciada- casualmente me llamo Paloma- con eso de ser una plaga.
En serio te digo que me resulta sumamente gráfico tu micro, puedo sentir el crujido de las gárgolas que amenazan la tranquilidad de los vecinos. Muy original.

Un saludo

Barbara P.M. dijo...

Este relato me recuerda tímidamente a una serie de Gárgolas que veía de cría y que me encantaba. Claro que en la serie las gárgolas eran buenas.

Luisa Hurtado González dijo...

¿Las palomas mantenían a raya a los gárgolas o comen lo mismo y al haber más comida las últimas empezaron a proliferar?
Un poco más en serio, hay que ver la de tonterias que podemos hacer los hombres y que bueno es no tener memoria histórica para no sentirme perfectamente idiotas.

Sergio dijo...

Si Hitchcock levantara la cabeza...

Dr.Krapp dijo...

Un gran texto, sí señor. Además ejemplarizante.

Ricardo Miñana dijo...

Muy buena la narrativa,
un placer leerte.
feliz semana.

Sara Lew dijo...

Estupendo texto. Me ha arrancado una sonrisa la ironía de la historia (yo que me quejo siempre del ayuntamiento que no se lleva las palomas del barrio, por que la calle está asquerosa de cagadas y plumas). Ahora, me lo pensaré antes de quejarme.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.