Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

miércoles, 11 de enero de 2012

El terrible dinosaurio


Imagen tomada de la red

Había acabado una novela y el librero me recomendó una Antología de Microrrelatos. Lo compré un poco reacio, desconfiando de aquellos textillos breves, pero, bueno, nunca fui un hombre con prejuicios. Por la noche, ya acostado, me dispuse como siempre a leer. Cuando acabé el primer microrrelato sentí una sensación extraña en el estómago. Terminé el segundo y me pareció haber recibido un arañazo en la pierna. Con el tercero imaginé que algo me había dado un mordisco. Con el cuarto, recibí una patada. Con el quinto, una puñalada trapera. Hasta que aquello se convirtió en una paliza con todas las letras. Al fin conseguí dejar el libro, aterrorizado, y me atrincheré en una esquina del dormitorio parapetado detrás de una silla. Ni las amenazas de mi mujer consiguieron que volviera a la cama. Por la mañana, cuando observé que el libro permanecía adormilado sobre la mesilla de noche, lo cogí con las pinzas de cocina, lo metí en una caja y lo abandoné en el vertedero más cercano. Han pasado algunos días y me siento más tranquilo. La cordura ha vuelto a mí y he conseguido volver a leer. Pero me ahoga una insatisfacción inexplicable. En el fondo sé, que no me importaría sentir, aunque sea una sola vez más, alguno de aquellos mordisquitos.

39 comentarios:

Nicolás Jarque dijo...

Mar, como siempre genial, es un placer leerte. Me encanta como de forma tan natural nos introduces en un microrrelato que habla precisamente de la lectura de los microrrelatos. Es un bucle extraordinario.
A seguir así de bien.
Un abrazo.

Patricia Nasello dijo...

Sabés que me sucede lo mismo que a tu personaje?
Necesito, la parquedad, la urgencia, ese temblor que sólo un buen microrrelato regala.
Una buemo, como este.

Besos, Mar!

Sergio dijo...

Hay traumas que no se olvidan, este relato podría ser válido para muchos que se excusan por no ser aficionados a la lectura.

CDG dijo...

Amor a la literatura, a la buena, a la que se come, se traga, se digiere.

Luisa Hurtado González dijo...

Si, los mordiscos son adictivos. Algunos de nosotros, entre los que me encuentro, los buscamos, nos encantan. Y al tiempo que nos golpean, nos hieren o nos cambian, les devoramos.

Bien contado, muy interesante tu micro; realmente me ha gustado.
Un beso, Luisa.

carlos de la parra dijo...

Que buen lector. Ojalá más gente leyera con esa intensidad.

Byron Campoverde Cabrera dijo...

La verdad llevo por aquí unas dos semanas,y también llegué reacio a este tipo de lectura.
Pero poco a poco,me ha ido enganchando y al final,me muero de ganas de saber qué nuevo microrelato leeré al día siguiente.
¡Si es que lo mejor de la vida es no tener prejuicios!

Laura dijo...

Hay demasiada gente reacia al género pequeñito, que no por chiquito entraña menos dificultad. ¡Bien lo sabemos los que lo practicamos!. Cuando se disponen de ingentes lineas de texto para expresar lo que uno quiere, no hay límite a la imaginación, pero cuando imaginas un libro de microrrelatos con un señor atrincherado tras una silla, muerto de miedo y lo quieres hacer "breve" ... ¡tú lo haces perfecto!.

Enhorabuena Mar y un beso.

Rosa dijo...

Plas, plas, plas...Gracias por este mordisco.

Besos desde el aire

Maite dijo...

Una buena forma de reflejar la adicción que un micro puede llegar a provocar. Ojalá hubiera millones de valientes que se atrevieran a sentir esos pequeños mordisquitos :)

Isabel Barceló Chico dijo...

Ja, ja, mar, creía que ibas a terminar diciendo: "cuando me desperté, el dinosaurio seguía ahí". Hay siempre un regustillo morboso en el pasar miedo a través de la imaginación. Un relato estupendo.

Lola Sanabria dijo...

Buenísimo homenaje a los microrrelatos. Crean adicción y sus efectos pueden ser mortales, pero enganchan.

Abrazos micros.

Mar Horno dijo...

Nicolás, un micro sobre micros, ideal para este Blog de El Microrrelatista. Es un pequeño homenaje. Un abrazo.

Patricia, yo leí un micro por casualidad hace un par de años y desde entonces no sueño mas que con que me muerdan. Un beso.

Sergio, un buen micro abre el apetito de lectura de cualquiera, solo hace falta probar. Un saludo.

Mar Horno dijo...

CDG, tienes toda la razón, la buena literatura se engulle con fruición, con gula... y que bien sienta. Un saludo.

Gracias Luisa, no lo que siento por ellos es adicción, por leerlos y por escribirlos. Sus mordiscos me encantan. Un beso.

Carlos, la verdad es que sí, más lectores de estos necesitamos. Un saludo.

Mar Horno dijo...

Byron, sin prejuicios es cuando más se disfruta y cuando quieres darte cuenta estas en la guarida del dinosaurio y ya no puedes escapar. Gracias por comentar.

Laura, escribir un buen microrrelato es muy, muy difícil. Pero el resultado y la satisfacción no es comparable con nada. Un beso.

Rosa, espero regalarte más mordisquitos, que dure la racha. Un beso.

Mar Horno dijo...

Maite, yo he creado adicción a algunos de mis amigos que hasta hace un par de meses no sabían lo que era un microrrelato. Quien lee el primero no puede vivir sin ellos. Un beso.

Isabel, qué alegría encontrarte aquí. Ese dinosaurio que representa al género del microrrelato gracias a Monterroso es terrorífico y a nosotros nos gusta pasar mucho mucho miedo. Un beso salvaje.

Gracias Lola, eso pretendía ser, un homenaje al género y al Blog. Un beso rugiente.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

¡Qué buena reinvindicación del género, Mar, y de todos los aquellos que -mejor o peor - lo practicamos!

Excelente micro metaliterario, o debería decir metamicroficcionario.

Un abrazo,

Yolanda dijo...

Maravillosos esos mordisquitos que no pueden pese a todo devorar el ansia de leer. Enhorabuena. Genial, como siempre.

Mar Horno dijo...

Pedro, es lo que yo he experimentado con los micros. Nunca puedo leer un libro de micros para dormir. No concilio el sueño. Una novela siempre me deja en los brazos de Morfeo pero un micro me arrincona en la esquina y me produce insomnio. Un abrazo.

Hola Yolanda. Como siempre, yo si que agradezco tu comentario. Espero haberte hecho pasar un buen rato. Un beso.

Alberto Proset (Ojodegato) dijo...

Es una descripción estupenda, y encima la conviertes en un micro que explica de forma genial lo que puede llegar a provocarnos la lectura de estas pequeñas joyitas que tanto nos gustan a todos.

Fernando Martínez dijo...

Genial, de principio a fin. Redondo en toda su microextensión.

Sara Lew dijo...

Fantástico! Bravo otra vez.
Enhorabuena. Un abrazo.

Verónica dijo...

¡Excelente! mis felicitaciones.
El ser humano es muy curioso, primero lo tira, después lo añora.
Un saludo

LuisCo Vélez. dijo...

Es imposible leer micros en la blogosfera sin encontrarse, aquí o allá, a Mar, mi admiración para ti.

Mar Horno dijo...

Alberto, gracias, los micros a mí me producen verdadero daño... o placer. Un abrazo.

Fernando, muchisimas gracias, tu comentario sí que es redondo. Un saludo.

Hola Sara, te agradezco tu comentario aquí, en este Blog tan querido para mí. Un beso.

Verónica, estoy segura de que este lector volverá al vertedero a recuperar al dinosaurio. Un abrazo.

LuisCo, espero que no sea flor de un día, y la situación de produzca durante mucho tiempo. Un abrazo.

manuespada dijo...

Arf, arf, ¿dónde está ese vertedero? Tengo el mono. Genial.

Mar Horno dijo...

Manu, para mí que el protagonista ha vuelto a por él, aunque puede que se le haya adelantado alguien. Un abrazo y gracias por comentar.

ESPERANZA dijo...

Mar me tienes alucinada, me quito el sombrero, cada relato tuyo que leo es mejor que el anterior ¿como lo haces?

Un abrazo, artista

Mar Horno dijo...

Esperanza, es como una droga, cuanto más escribo, más quiero. Un beso y muchas gracias

Miguelángel Flores dijo...

Qué divertido, Mar. La verdad es que leer es muchas veces enterarse de lo que uno no esperaba o no querría a priori. Y a este señor, pues le pasa eso. Un abrazo.

Mar Horno dijo...

Miguelángel, leer es siempre una sorpresa, un golpe, un empujón, que remueve nuestras almas y nuestras conciencias, y a veces, también nuestro divertimento. Un abrazo.

Cabopá dijo...

Llego un poco tarde, pero que sepas que me ha encantado...
Nenica haces que tus micros sean redondos, que tengan un principio que engancha y un final inesperado muy acorde...Me encantan los mordisquitos.
Besicos.

Mar Horno dijo...

Cabopá, muchas gracias. Te deseo todos los mordisquitos del mundo, de los de dinosaurio y de los otros. Un beso.

XAVIER BLANCO dijo...

Mar, no podía dejar de comentar este texto, aunque sea casi el último en hacerlo...yo creo que sin decirlo, o sin saberlo forma parte de una serie, recuerdo tu cactus -espero que ese libro vuelva para morderte- , o tu frigorífico lleno de sorbos de literatura. Lo importante de la vida son esas simples cosas, esas pequeñas, que nos hacen ser un poco mas felices. Espero que no paren de morderte.
Un abrazo

Mar Horno dijo...

Qué listo eres Xavier. Es verdad que forma parte de una serie, y todos tienen como protagonista al libro: " "Morriña", "Mi bebida favorita", "El hortelano", "El ladrón", "Hormigas urbanas" o "El terrible dinosaurio" y algún otro, que todavía no he publicado, son homenajes al libro o al microrrelato. Un día te los mandaré para que los leas todos juntos. Pero no le llegan a la altura del zapato a tu serie del circo. Un abrazo.

aikatherine dijo...

Fantástico!

Mar Horno dijo...

Muchas gracias aikatherine. Un beso.

Ximens dijo...

Efectivamente, la lectura produce sensaciones que quizás nunca se sintieran. Cuando un libro te atrapa es así. Buen trabajo.

Mar Horno dijo...

Ximens, cuando un libro te atrapa en sus fauces, estás perdido, en especial pasa con los microrrelatos. Producen un adicción terríble. Un abrazo.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.