Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

viernes, 28 de septiembre de 2012

Se zambulló en el río de gente


Nada es tan triste como decepcionarse de un recuerdo, pensaba Tomás, mientras un calor vidrioso le astillaba los nervios. Delante suyo ese recuerdo materializado luchaba con los estambres de su memoria y trataba de entender por qué la realidad ya no se parecía más al recuerdo de ella que habitaba en los vapores de su evocación. Pero no era la realidad la que había cambiado sino el recuerdo, ahora trocado en espejismo.
¿Sería la luz teñida de ráfagas coloridas la que lo engañaba? Pestañeó con la esperanza de reconstruir con ese acto la imagen joven que lo acompañó por años, pero tuvo que aceptar la inutilidad del ardid. Claudia, atinó a balbucear mientras aquellos labios que lo conocieron de pies a cabeza le dibujaban un beso suave, de una humedad casi impalpable, en la mejilla. Ella dio unos pasos atrás sin llegar a notar la decepción en su rostro, ¡te ves igualito! Quizás mintió, pero sonrió  sin dejar de cogerle las manos, apretándolas, estrujándolas con sus dedos finos ausentes de anillos y adornos. Buscó sus ojos detrás de los lentes, volvió a sonreír, ¡te has vuelto un cegatón!, cantó su voz, esa sí idéntica a la que él conocía. En su cabeza, las ideas revoloteaban formando un remolino lleno de ecos que le impedían hilvanar una conversación coherente, ¿cómo has estado, Claudia? Fue la heroica frase que escapó de su boca seca y pegajosa. El brillo de los dientes perfectos de Claudia se perdió cuando sus labios se cerraron, ¿qué te pasa?, el fantasma de la huida pasó entre los dos. La amargura del súbito recuerdo la aguijoneó, le provocó un respingo imperceptible. Él, sin mediar palabra, dio media vuelta y se zambulló en el río de gente, como la primera vez.


Autor: Cesar Klauer.

6 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Estupendo el texto que nos has seleccionado.

Saludos y un abrazo.

Juanito dijo...

Muy bueno, me encantó.

Alma Mateos Taborda dijo...

Excelente, me ha encantado, de excepcional contenido. Un abrazo

Aristóteles dijo...

Toda una lucha interior.
Gracias por el texto.

He escrito algo especialmente para ti. Espero te guste y, en la medida de lo posible, se aclaren mis frases.

El Eskimal dijo...

Ella, al igual que él, creo, tienen un recuerdo de espejismo, quizá sea porque las personas cambien, quizá sea por la manera que suponen se conocieron. Igual, al final, de nuevo el río de personas y uno desapareciendo en su cauce. Bonito relato, aunque creo, je, el propósito del autor era otro y yo estoy en el error.

Yunuén Rodríguez dijo...

Auch, el final es acongojante, tremendo.

Los amores del pasado nunca deben reencontrarse.

Sólo un comentario: Claudia entre comillas, o si no, la explicación que le sigue entre guiones. Para comprender el cambio acción/narración sin tropiezos. Saludos.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.