Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

lunes, 13 de enero de 2014

Realidad

Puerto Libertad, Misiones, Argentina

Ella tenía los ojos muy claros y, su blonda cabellera larga hasta la cintura, la llevaba recogida en la nuca con un moño rojo impecable. Era la hora del domingo, la que llamaba al paseo por la plaza del pueblo, sombreada por altos y esbeltos, pinos, cedros, gravileas, coquitos y otras especies. Los padres la habían llevado a pasear con su único hermano. A sus  nueve años era toda una señorita. El aire que venía del puerto, sobre el ancho río de aguas marrones, enviaba un fresco agradable y necesario. No era verano pero la única heladería del lugar, no daba a basto con los pedidos.
La tierra roja que circundaba  la populosa manzana  dejaba su huella en los autos modernos, alquilados por turistas en una AVIS  o propios, que circulaban hacia la mina de piedras semi-preciosas. Los muchachones de más de dieciocho años bebían cerveza bien helada y hacían "rancho aparte", lejos de las jovencitas quinceañeras a quienes,  más tarde acosarían. Un ruido de aceleradas, frenadas y gritos turbó la tarde dominguera.

Era una camioneta NISSAN,  blanca, que rauda se llevó la tierra colorada pegada en sus ruedas, junto con aquella niña, a la que todavía sus padres continúan esperando. Sólo pueden contentarse con la fotocopia de su fotografía,  pegada en los vidrios de la Delegación de Prefectura Naval  o en los de Gendarmería Nacional. 

3 comentarios:

Idolidia Glez dijo...

Que triste realidad que no tiene fin....! ya me habia quedado por aca Saludos!.

Emilio dijo...

Duro relato, ese final te abofetea sin previo aviso tras una plácida revisión del ambiente dominguero... Impresiona y duele. Esas cosas, aún pasan y el drama existe.
Un abrazo

Zunilda Moreno dijo...

Gracias por sus comentarios, amigos. En esta parte del mundo ocurre y mucho. . .

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.