Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

martes, 17 de febrero de 2015

VIENTOS DEL SUR.

En éso pensó de inmediato al estar en la fiesta de su exposición de pintura en un jardín de un palacio en Dubai. Viene un viento del sur. El eufemismo que usaba su abuela para decir que estaba por tirarse un pedo. Le habían explicado antes de su viaje que en ésta civilización que visitaba era de pésimo gusto tirarse uno, y que se consideraba admisible el salir corriendo para alejarse de los demás aunque se tratase de un mero sopladito. Y arrancó en fuga de la prevista flatulencia con tanta suerte que llegó hasta una fuente ruidosa que disfrazó el estruendo de los gases producidos por el vino y los manjares. No lograron escucharlo ni los peces que undulaban sus coloridas anatomías en juguetona natación.
Ya todo ventilado regresó al grupo de dignatarios con quienes conversaba y explicó su ausencia diciendo.
---Tuve que huir pues me atacó una abeja.---
Todos los del grupo aceptaron la explicación con una sonrisa.
Aunque en su fuero interno sabían que por ahí no habían abejas.

12 comentarios:

manouche dijo...

En Dubaï no hay de dar explicaciones...

Dyhego dijo...

Muy buena educación.
Salu2 educa2, Carlos.

Carlos de la Parra dijo...

Así es Manouche.
Pero nuestro amigo el pintor era de Chiconcuac.

Carlos de la Parra dijo...

Buena iniciativa Dyhego.
Pero sería útil que tuvieran clases de inglés, y de chino para el futuro.

Carlos de la Parra dijo...

Perdón Dyhego, éste comentario iba para tu blog.
Aquí ciertamente que reinaron los Buenos modales en el cuentito.

Carmen Magia dijo...

Jajaja, me he reído mucho imaginando la situación :)

Muchos besos

Carlos de la Parra dijo...

Y son cosas que luego pasan Carmen.
Igualmente da risa por ser un riesgo tan universal.
Aunque pudo ser peor. Imagina si le sucede a quien está en la fila del besamanos de la reina en Windsor y le estalle uno ruidoso al pegar la inclinación.
Quedaría el tipo marcado de por vida como protagonista de "Winds from Windsor", y jamás sería "Lo que el viento se llevó".

Dr.Krapp dijo...

No tenían prohibido los musulmanes beber alcohol? Pero no es de extrañar esos emires hacen lo que les da la gana y creo que beben como cosacos.
Me han dicho que entre los japoneses y chinos está bien visto sorber ruidosamente la comida. Demuestran ser pueblos antiguos y sabios.
Me gustó tu texto.
Un abrazo

Carlos de la Parra dijo...

Gracias Doctor,supongo que en ciertos ámbitos se saltan los protocolos aunque la verdad no conozco a que grado sean estrictos.
Pero luego cosas así suceden.

Zuni Moreno dijo...

Retomo sólo para acompañarte amigo, en esta soledad microrrelatada. Sólo tus micros (magníficos) alardean la presencia de un microrrelatista, y, me alegra que los comentarios sobre ellos te llueven. Ay! Carlos eres tan especial!, los temas que abordas no sé si se les ocurrirían a otros. Te juro que a mí, no, soy mucho más pudorosa que tú, ja, ja, ja. Te aprecio amigo y te felicito por tu pluma y por tu constancia. No está muerto El Microrrelatista. Te mereces ¡Un beso!

Carlos de la Parra dijo...

Gracias Zuni por tus amables comentarios.
Que bueno que están por llegar tus relatos de marzo y estoy seguro que tu regreso a éste blog colectivo ayudará al salto que nos falta para llegar a los mil asociados a éste sitio que tan sabiamente inició Torcuato hace varios años, y en el cual todos hemos aportado alguna mirada personal a los hechos de la existencia.
Los míos no san tan populares debido a mi gusto por lo extremo y mi falta de corrección política, pero no voy a cambiar después de una vida entera en el desorden y la diversion.
Seguiremos mientras haya vida ejercitando ésta manía extraña de aportar escritos sin cobrar.
Al tiempo veremos los que relatamos aquí si es que tendremos algo en el más acá. Porque el más allá es garantía universal, pero en éso no hay prisa.

Carlos de la Parra dijo...

Beso correspondido Zuni.
Te sigo leyendo.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.