Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!
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domingo, 9 de septiembre de 2012

Sesión

En una sola sesión me quitó las ganas de fumar. Sí. También me quitó las ganas de alcohol, la necesidad de dulce y el hábito estúpido de comer pipas cada vez que me ponía nervioso. Fíjate. En menos de veinte minutos tuvo tiempo para hacerme perder el apetito, la costumbre de eructar después de las comidas y el vicio ese de mover constantemente las piernas cuando no sé qué decir. ¿Ves? Ni un espasmo. Impresionante. Llegué allí de casualidad. El amigo de un amigo de un amigo. Una maravilla. No recuerdo lo que me cobró pero desde que fui parece que puse la vida a cero. No puedo reprochar nada. Es como si no hubiera ganas de hacer daño a nadie, como si no hubiera pasado. Así que aquí me tienes. Bueno. ¿Empezamos? Ya parece que hay menos nervios. Ahora sólo tienes que relajarte mientras me miras, muy fijamente, a los ojos.


miércoles, 21 de marzo de 2012

ITV

Los ojos bien, un poco legañosos pero bueno. Dientes, faltan unos cuantos. Aliento, es suficiente. A ver los labios, vale. Sin bello sobre el labio superior. Sonría, sonría más, carcajada, carraspeo, cierre la boca. Bien, ahora diga una palabra con muchas vocales. Ahora diga una palabra aguda. Una esdrújula. Una llana. ¿No sabe lo que son? Repita. Camión. Esdrújula. Mañana. La llana está bien. Mueva el cuello, ¿no cruje? Coja aire, congestión bien. Sople fuerte. ¿Mariano me traes el martillo? Gracias. Ahora suba los hombros, tranquila. Bájelos, perfecto. Ahora tocaré la piel. Bien, no está mal. ¿Cuantos hijos ha tenido? Vale. Ahora el estómago. Haga fuerza como si estuviera en el baño. Como si hiciera pis con muchas ganas. Bien. Dese la vuelta. Va a notar unos pinchazos, levante la mano cuando los note mucho. Eso es. Eso es. Eso es. Lo hace muy bien. Ahora notará unos golpes. Lo mismo. Eso es. Eso es. Eso es. Vale. Ahora bájese la falda, no hace falta que se quite la ropa interior. Ya veo. ¿Por qué? Es frecuente sí. ¿Duele si le aprieto? Perfecto. Sin moverse del sitio dé uno saltos. No hace falta que sean muy altos, con un poco vale. Bien. Bien. La rodilla derecha suena un poco, la izquierda no está mal. A ver los músculos. Se nota que anda. Ahora los tobillos. ¿Toma algo para los líquidos? Bueno, la edad claro. Los pies. ¿Se corta usted las uñas? Entiendo, le ayudan un poco. Pues creo que ya está. Vístase. No se preocupe, hágalo sin prisa. Bien. Póngase estos auriculares. En el canal uno tiene música clásica y en el dos baladas de las de antes. ¿Oye algo? ¿No? Vale. Mariano trae al acompañante, es ese chico rubio con gafas que está ahí. Hola. ¿Usted es familiar o amigo? Familiar. Su hijo. Bueno pues su madre ha obtenido una puntuación insuficiente. La cara, el cuello, la espalda y las rodillas tienen demasiados fallos como para seguir circulando. ¿Qué opciones tiene? Si quiere la puede dejar aquí hasta que la homologuen el médico y el cirujano. ¿Si no lo hace? No puede. Para circular necesita pasar este control. Usted decide. ¿Qué no se lo esperaba? Lógico, a lo largo de del día tenemos más de un sorprendido. Es lo que hay. Si le digo mi opinión, por experiencia, yo la dejaría. Si se la lleva puede que se rompa en cualquier momento.

domingo, 2 de octubre de 2011

Tan cerca

- ¡Aquí estás!
Al principio era una broma. Una apuesta entre amigos que sale bien y convierte todo en maravilla.
- ¡Te pillé!
Líder en ventas, líder en paso de páginas sobre sillas de madera. Habitante de papel en todo tipo de salas de espera. Sin letras y producto de un libro.
- ¡Lo sabía, tenías que esconderte ahí detrás!
Después el mundo por montera. El primer mochilero en la metáfora del planeta saturado de humanos.
- ¡Por fin!
Pero las cosas cambian.
- ¡Ya te tengo!
El tiempo, las ganas de desaparecer, la necesidad de estar sólo. Cambiar de aires y cambiar de ropa.
- ¡Por tu culpa me di cuenta de que necesitaba gafas!
Esclavo de un tipo de ropa y un tipo de vida. Sin paredes en casa, toda una vida a disposición de otro, siempre bajo la yema de un dedo.
- ¡Anda que no me has hecho sufrir!
Asqueado por el olor de los cuartos de baño y el estreñimiento mental. Cansado de los tiempos muertos. Aburrido de no tener ni un segundo para revisar la mochila y cambiar su contenido.
- ¿Y este es Wally? Qué curioso, nunca me lo habría imaginado tan cerca de un precipicio.


martes, 30 de agosto de 2011

Marcos y María

Marcos etiqueta todas sus fotos en Facebook. Dedica horas a buscar caras en las imágenes. Pixel a pixel su vida es un museo de nombres. Todas sus imágenes un mapa lleno de leyendas.
María en cambio prefiere Twitter, deja comentarios en todos sus seguidores y sigue a todas aquellas personas que aparecen en el televisor. Series, noticias, deportes. Todos son malla para su vida en la red.
Marcos sueña con etiquetar el mundo entero y pasea por la ciudad cargado con una cámara y un cuaderno. Hace fotos al que pasa por delante, le detiene, le pide nombre y primer apellido. Marcos pesca etiquetas al caminar.
María en cambio habita dentro de su teléfono móvil. Ve la punta de sus zapatos cuando sale de casa y se mueve por costumbre. Conoce cada escalón, cada agujero, el número de pasos hasta el siguiente semáforo. Si escucha algo interesante levanta la cabeza, observa un instante, y lo planta en 140 caracteres para disfrute global.
Marcos y María se cruzaron.
Marcos hizo una foto y no vio más que una nuca, una chica caminando con la mirada perdida en la pantalla de su móvil. Marcos soltó una palabrota porque alguien sin cara no es etiqueta.
María escuchó el joder vaya mierda y no levantó la vista. Nada que plantar en su mundo, no merecía la pena esa molestia. María continuó navegando.
Marcos y María están hechos el uno para el otro. Ellos no lo saben pero, gracias a Internet, lo sabemos todos nosotros.


miércoles, 27 de julio de 2011

El profesor

El profesor dice nombres como si escapara en sílabas la tabla numérica. Los niños y niñas, en silencio, alzan la mano a toda velocidad. Saben que no estar es no ir de excursión.
El viaje transcurre entre voces chillonas, un par de vómitos y la cabeza como un bombo del conductor. Una parada para que todos hagan pis y otra parada para que los mayores se tomen un café bien cargado.
Los alumnos, pequeños seres descontrolados, corren por el campo como si alguien les hubiera inyectado vida en las venas. Los árboles son cabañas, las piedras armas y las flores excusa para elegir entre la duda. Orbitan entre vacas, toros, insectos y un par de salientes mal señalizados.
Termina la visita y el autobús regresa puntual. Los niños se dejan llevar por el sueño y caen rendidos sobre el gris de los asientos. Nadie canta y nadie protesta. No hay paradas y el atasco de entrada a la ciudad se convierte en motivo de un par de "cuando llegamos" que no pasan a mayores.
Al llegar el profesor toma la lista y repite los nombres. Los críos ya no corren en alzar la mano y algunos se anticipan al ser ya conocedores del orden alfabético. Entre cierta confusión los asientos se vacían y se despeja de mochilas el maletero.
La calle del colegio queda desierta y el profesor, cansado de tanto niño, se dirige a su coche. Entonces siente que alguien le toca la espalda.
- Falta mi hijo - escucha.
El profesor saca la lista. Tras unos segundos y un gesto de sorpresa responde a la madre.
- Lo siento, según esto ya no estaba esta mañana.
Después da la vuelta mientras suspira.
Está deseando regresar a casa.


lunes, 27 de junio de 2011

En la ribera del Egremor

Eres un bastardo. Hijo de hombre y elfo que busca entre las montañas la pista última que le permita recuperar el reino perdido por sus antepasados mediante una treta. Portador de espada corta, arco, flechas de baobab y pequeños cuchillos de hoja plateada que brillan ante la amenaza de los vampiros de la estepa. No llevas casco pero sí una ligera cota de malla que te protege contra golpes de arma roma. Es de noche, has hecho un agujero en la tierra y esperas muy atento que llegue un nuevo día. Cenaste un par de liebres cazadas con ayuda de tu viejo perro. Ahora oyes un ruido, parece que está a tu izquierda. Sabes que si te dejas llevar por el pánico serás descubierto. Delante de ti un enorme muro de roca te impide la huida. A tu derecha el río caudaloso de Egremor donde los peces carnívoros hacen de sus aguas un infierno a dentelladas. Mala suerte. Sientes como tu corazón se acelera, te pones nervioso. No sabes qué hacer. Mierda de vida, ¿verdad?
Ahora tira los dados. BlogBooster-The most productive way for mobile blogging. BlogBooster is a multi-service blog editor for iPhone, Android, WebOs and your desktop

domingo, 12 de junio de 2011

Demasiada roca solitaria haciendo isla

Fue abrir la puerta y el lugar me puso triste. Como un silencio entre sonrisas. Arrugas sobre la piel estirándose como una goma antes de romperse. Retumbaba música de otra época dando ritmo a un montón de viejas vidas en separado. Sin duda demasiada roca solitaria haciendo isla para náufragos. La fiesta era otra, lejana, familia de un recuerdo que no hace historia. Todos bailando y yo frío. Hálito de nieve. Ojos de cristal sin lágrima. Diluido entre intenciones de una cama por llenar y besos como alimento para las ganas. Flujo de gente con vidas que chocan y que salían despedidos de un sitio a otro hasta llegar a la barra para pedir una copa. Olía a sudor, a humo de cuerpo. La masa danzando aliñada por luces de colores que ridiculizaban colgajos, resaltaban barrigas y no escondían lágrimas surgidas de párpados vencidos por los años. Nadie mirando a nadie. Yo terminé roto por el esfuerzo. En la calle pedí un taxi escupiendo en un grito las ganas de intentarlo de nuevo. Cada minuto en el reloj terminó siendo un latigazo. La próxima lo intentaré en otro local. Mi mujer siempre lo dice, para ligar las discotecas son un suplicio.


jueves, 5 de mayo de 2011

Hotel de cinco estrellas

Hotel de cinco estrellas en el rincón más apartado del mundo. Silencio en las ventanas, sol en los alrededores. Javier ahorró durante años para visitar aquel lugar. Años de trabajo y semana de vacaciones de lujo absoluto como recompensa. Desde que llegó al recinto fue agasajado por la sonrisa amable de los empleados, capaces de hacerle sentir el único cliente. En los pasillos no se cruzó con nadie y disfruto de ver tan sólo su reflejo en los cristales que forraban las paredes. El hilo musical, como una una ola sonora, invadía el interior pulcro de las habitaciones. Desayuno exquisito, café siempre recién hecho, y sala individual para disfrutar de los periódicos de la mañana. Tres personas dispuestas para ofrecerle lo que necesitaba y traerle lo que se le ocurría. Alquiló un coche pequeño y dio un par de vueltas por los alrededores. Los pueblos parecían decorados de película, la carretera transitaba en un permanente expositor de imágenes inenarrables que repetían las bellas imágenes ofrecidas en el folleto de la agencia de viajes. Javier fue dejándose ir en un constante susurro tranquilo. Como adormecido por el buen hacer de los trabajadores, convencido por su habilidad para estar donde necesitaba cuando los necesitaba. Disfruto de masajes en los pies, de ese olor a menta que libera los pulmones del peso de la ciudad. Acopió fuerzas en comidas ligeras que salpimentaban la lengua y degustó vinos extraños que hacían cambiar el aire. Cuando terminó la semana Javier bajó a recepción y solicitó la cuenta. Se prometió durante años no mirar el número bajo la última suma. No le sorprendió ver a todo el servicio dispuesto a despedirle. Sonrientes, peinados, con el uniforme de la casa y dibujando una muralla de amabilidad difícil, muy difícil, de sortear.





Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.