Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!
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domingo, 30 de octubre de 2016

Mi psicoanalista - Xavier Blanco




Mi psicoanalista

Se acomodó y, antes de cerrar los ojos, miró por la ventana: la ciudad se movía incansablemente. Dejó caer sus párpados, deseosa de escuchar aquella dulce voz que tanto la tranquilizaba. Él hablaba y hablaba de las cosas más sencillas, de los sentimientos más básicos, de la vida misma. Ella sólo escuchaba. Alguna vez movía los labios de forma casi imperceptible, dibujando una leve sonrisa, un tenue "sí", un suspiro.
Una estridente sirena  rompió su sueño. Volvió a mirar por la ventana. Una hora después su tiempo había finalizado. A lo lejos, su hija movía los brazos ostentosamente dibujando en el aire un "es lunes y ha venido mi madre a buscarme". Pagó la carrera y se despidió de Juan, el taxista, con un lacónico adiós.
Durante años él la había llevado, cada lunes, en su taxi al psicoanalista. Pero un día descubrió que lo que realmente le reconfortaba  era ese momento. Cambió de terapia y ahí sigue, cada lunes, desde el taxi auscultando su ansiedad.


Autor: Xavier Blanco 

jueves, 14 de febrero de 2013

Los últimos de Howland


"Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error." 
Arthur Schopenhauer


Regresa otra vez la muerte disfrazada de ángel y los habitantes de Howland la aguardan, sentados en la quebrada, con sus túnicas blancas y sus collares de nautilo. Los seres que moran esas tierras son enjutos, como maderas carcomidas por la existencia, barbados de tundra, los ojos glaucos y sus cuerpos erosionados por la lluvia y el viento. Esos hombres son sólo memoria, un ovillo deshilachado de recuerdos: sin poder sucumbir y  sin poder engendrar, eternos pero solos. Y en el día de San Matías, porque así está escrito, el ángel negro retorna, señala con su dedo y, tensando su arco, dispara una flecha. Y ese haz de luz marca un único elegido que fallece y vuelve a germinar muerto, pero humano, en la luz que lo fosiliza. En ese relámpago, cuando la vida y la muerte interseccionan en una espera minúscula, los seres de Howland gritan en silencio, con los ojos, con el cuerpo, y lloran odio,  sollozan sangre. Para ellos el tiempo anida vacío como un erial pedregoso y solo queda volver a esperar sedientos, en el desierto de la perennidad, que retorne el querubín de la expiración y los enhebre con su estilete.

miércoles, 20 de junio de 2012

Obra maestra

Había que rematar la novela como fuera, pero algunas veces te ovillas, y no sabes que inventar con esos personajes perversos que has engendrado. Así estaba Marcial Bellido, a un solo párrafo para concluir su obra maestra; varado en el protagonista principal, un cretino detestable con demasiada buena suerte. Sin dudarlo eligió el suicidio, matarlo. Encendió un cigarro, respiró hondo, como si se acabara el aire, como si el fin del mundo llamara a su puerta. Con el rictus del éxito tatuado en su cara asió la pistola, la introdujo en su boca y apretó el gatillo: Autobiografía terminada.

jueves, 17 de mayo de 2012

Sombras de acuarela


Sueños blancos, blancos versos, de piel blanca y sombras de acuarela. Me gusta regalarte palabras, nadar en ti, volar contigo, buscar tesoros ocultos y descubrirte en nuevos mares. Me gusta tu risa, pero algunas veces te escapas de mi memoria y revoloteas en algún lugar de mi pensamiento y, en ese instante, siento que  huye tu arrullo, tu espíritu, tu esencia. Te pienso y me azota ese vértigo del encuentro, de la proximidad, de tu cercanía, ese destello cuando nuestras fragancias interseccionen y me eclipses con tu mirada.

Anhelo descubrir la geografía de tu alma,  pasear juntos por esos sueños que habitas y batir mis aguas en tu acantilado. Quizás solo acurrucarme en tu orilla. Algunas veces, cuando la fantasía se desvanece y la desesperanza me abate, descubro que sólo eres un trazo, un dibujo, una espiral, un signo, tal vez una hipérbole y, por más que lo intento, por más que estiro mis manos no puedo alcanzar la línea imaginaria de tu contorno, ni siquiera rozar tus fronteras. Y te siento un ave imposible en migración constante.  Yo sólo quiero tenerte siempre reflejada en mis ojos: sueños blancos, blancos versos, de piel blanca y sombras de acuarela.

©  Xavier Blanco 2012.


viernes, 13 de abril de 2012

Donde anidan los sueños.


Dedicado a Laura Garrido.

Existe un mundo en el  piélago del tiempo, en la quietud inmutable. El de las nubes sin forma definida en permutación eterna, el de los céfiros sin rumbo. Un lugar donde los anhelos permanecen expectantes, accesibles en su movimiento infinito. Un espacio prodigioso donde el tiempo se evade y escapa derretido. Está ahí, en el precipicio de la imaginación, en la ventana de la fantasía, donde las ilusiones diluvian besos de azúcar, de primavera y de rocío; besos que fluyen inasibles tapizando el sendero de las quimeras. Como un dibujo que revolotea etéreo, como una percepción insondable, ahí, en ese horizonte infinito donde se licuan las lunas. Brota la primavera en la noche del invierno, florecen madreselvas en la penumbra del vacío. Abdicaron esos tiempos donde se agotaba la pesadumbre de no soñar nada, ahí, en el país de los sueños no hay límites: revolotean miradas que besan ilusiones, chispean hechizos, llueven caricias, magia y pompas de jabón. 

©  Xavier Blanco 2012.

sábado, 10 de marzo de 2012

El silencio y el olvido.

De la serie "Cosas del amor".

Hoy la bruma de tu recuerdo disimula el tañir de las campanas,  ésas que resuenan en mi clarividencia, tocando a olvido.  Ya sólo me quedan palabras  sencillas,  las más francas, las más dulces; palabras torpes,  trazos llenos de nostalgia y de melancolía. Hoy quisiera no escribirte, no decirte nada, quizás declarar que tu omisión ya no lastima, que tu evocación ya no  hostiga hasta extenuarme, que tu añoranza ya no tambalea mi alma. Hoy quisiera no escribirte, no decirte nada, pero algunas veces el silencio y el olvido se fusionan y crean una neblina gris, densa, que avanza sigilosa, taciturna, muda, que  me paraliza, me detiene, me cesa. Sí, hoy quisiera no escribirte, no decirte nada, pero hoy la luna será llena, y cuando tu reflejo eclipse mi contorno y el ámbar de tus ojos invada mi memoria, tu fragancia asaltará mis pupilas y el sabor de tus besos irrumpirá en mi mente. En ese relámpago retornaré a morar en la ciudad de la tristeza, desamparado, desguarnecido de ti,   y la calina de tu escasez, convertida en abandono, volverá a ser la dueña de mi existencia.  Anhelaba ser tu loco fantástico, el pirata de tus sueños, pero  el olvido  ahoga,  oprime,  avasalla, me esclaviza, y ya no soy yo, soy otro que ni siquiera distingo, perdido... disipado por tu silencio. Cosas del amor.


CALEIDOSCOPIO BLOG

domingo, 5 de febrero de 2012

Habitación nº 15.


"Algunas veces realidad y ficción son la misma cosa"

No hay peor ruido que el golpeteo desatado por el silencio de un hospital. Esa mudez  corroe, maltrata, desmigaja el alma. No hay noches más lúgubres que las alumbradas por la luz mortecina que reflejan esos pasillos alcanforados, raídos de sueños, forrados de congojas. No hay espacio más eterno que las horas ahí agotadas. Los minutos reptan, culebrean por la mente, se arrastran como sombras apesadumbrando las manecillas del reloj. El tiempo, implacable, en esta habitación de hospital no pasa, permanece, acampa, te araña, te lastra, te maltrata como si fuera un gigante desatado,  pisoteando esos pasadizos saturados de padecimiento y  esperanza. Clarea la noche; el cuerpo duele, cansa. Ovillado por los hilos de la redundancia y de la repetición me percibo tatuado en la cama: ella y yo somos la misma cosa, el mismo mueble. Intento caminar, desperezarme  peregrinando por esos túneles coloreados de blanco nada,  tirito auscultando esa afonía pálida, alicaída, ingrávida - acuchillada algunas veces por el lloro de un niño, tiroteada  otras por los gemidos de un anciano-. Siento un vacío infinito.  Me estremezco. Transito serpenteando por este mar de silencio, como un autómata  sonámbulo  intentando consumir los segundos, extinguirlos, anhelando acelerar el tiempo. Me descubro  ratón diminuto  enjaulado en un laboratorio, haciendo girar la noria infinita de la fatalidad. Respiro hondo. ¿Qué nos queda? Encomendarnos a  Dios, también al diablo. Sólo es un juego, el de la vida: azar, destino, razón, ciencia, suerte. 


lunes, 2 de enero de 2012

El amor no sabe de números.




Se reencontraron. Su relación era una nube de puntos dispersa en un eje de coordenadas imposible. El último día ella encontró la solución a todos sus problemas: “te quiero,  eres un loco fantástico, pero no puedo seguir tus locuras…”. Silencio. Sus vidas, dos líneas asintóticas que no convergían en ningún lugar del plano. Sólo el destino, caprichoso, había permitido alguna intersección. Él mantuvo la tesis que la realidad  siempre es compleja, poliédrica, como una igualdad con demasiadas incógnitas; que el amor es una matriz de doble entrada,  de ésas que se utilizan para resolver un sistema de ecuaciones simultáneas. Le apuntó que los sentimientos  también son abstractos, que pueden sumarse y multiplicarse, que dependen de varios parámetros. Pero el silencio no sabe de números; es un círculo maldito que nunca consigues cuadrar. En ese momento, cuando los decibelios de la mudez son insoportables, te preguntas: ¿por qué la felicidad es una línea tangente a la vida, un trazo oblicuo que siempre te roza pero nunca converge en tu perímetro? También le señaló que él sólo deseaba llenar su espacio geométrico, ser la bisectriz de su corazón, su circunferencia. Ella le acarició la cara y besó sus labios; le susurró  que tendía a él, que era su derivada, su número neperiano preferido, su algoritmo. Le formuló que el recuerdo podía llegar a ser infinito, y el olvido sólo era un cero a la izquierda. Antes de marchar se miraron: la ternura y el cariño elevados a la máxima potencia. Hace tiempo que no se ven, él se siente conjunto vacío. Los dos saben que el futuro es la mayor de las incógnitas. Cosas del amor.


Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.