Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!
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viernes, 4 de noviembre de 2011

"mODaRY"


Demasiadas horas solucionando adivinanzas, crucigramas,  juegos de lógica, rompecabezas, sopas de letras, criptogramas, sudokus, arabescos o wordokus. No importaba el nivel de dificultad; no se le resistía ninguno.
Cada vez más rápido; sin errores; sin anotaciones a lápiz.
El día que apareció, por puro azar, en su monitor aquella palabra distorsionada, sintió que se encontraba por primera vez en muchos años, ante algo nuevo, sorprendente y con muchas posibilidades de juego. Fue su primer “captcha” (1)


Frente a él, la palabra “mOdary”… 
¿Por qué su ordenador le estaba ofreciendo esta palabra y no otra?... No tuvo ninguna duda. No apareció allí de manera aleatoria; debía existir una poderosa razón.
Se sentó frente a ella buscando un lenguaje oculto; invirtiendo el orden de las letras, sustituyendo vocales por números y consonantes por sílabas… la desmenuzó, casi la diseccionó buscando un mensaje
Horas, días y semanas con la misma fijación que no podía apartar de su cabeza… ¿Qué significaba “modary”?.
Un buen día dejó de ir a su trabajo de vigilante de seguridad, ése que le había permitido ser el rey de los pasatiempos. Solo llamó; dijo que lo había encontrado y colgó. 
¿Qué era lo que había encontrado?...
Días después, en su domicilio y bastante descompuesto, encontraron su cuerpo junto a un revólver Astra 960, calibre 38. Al lado de ambos, lo que parecía una nota de suicidio… O eso pensaron porque nunca, hasta hoy, nadie ha conseguido averiguar su significado…

 
(1) captcha: Prueba desafío-respuesta utilizada en computación para determinar cuándo el usuario es o no humano.

Towanda

sábado, 1 de octubre de 2011

Un mal presagio.

No sé cómo diantre he venido a parar a este lugar, que se me antoja desconocido… Tan blanco y con esa luz tan intensa y cegadora…
¡Joder!, si hace apenas unas horas estaba intentando hacer unos largos en la piscina… En los últimos meses he cogido bastante peso, y necesito hacer ejercicio para no sentirme tan incómoda...

Un mal presagio se apoderó, entonces, de mis pensamientos y un extraño sopor tomó posesión de mi cuerpo.  Ya me viene sucediendo con demasiada frecuencia en los últimos tiempos, aunque esta vez estaba siendo diferente…
No soy consciente del tiempo que he estado durmiendo, aunque sí podría afirmar que me han puesto algo en la cena… ¿me han drogado?... Pero, ¿con qué intención?... ¿Quién soy yo, para tomarse tantas molestias?...



Ahora, debo estar a miles de kilómetros de distancia… ¿habré sido abducida?. Me siento rara. Y ese color tan blanco me deslumbra o, quizás, sea el foco que está apuntando directamente a mi cara. Estoy inmovilizada y siento náuseas. ¡Qué olor tan fuerte!... Huele a sangre. ¿Qué están haciendo conmigo?... ¡S-o-c-o-r-r-o!... No puedo gritar. Tengo el cuerpo empapado y me siento desnuda…

Oigo palabras que no alcanzo a entender. Debo escapar de aquí… Pero ¿cómo?...  ¡me han atado los brazos!, aunque no veo cuerdas...¡Eureka! Creo ver la salida!... Tal vez, haciendo un último esfuerzo, consiga escabullirme sin que reparen en mí…

¡Díos, mío! todo se acabó. Me acaban de atrapar… 
¡Qué situación tan embarazosa!. No conozco a estos seres que me miran y sonríen. No entiendo por qué me pasan de unas manos a otras…  
Lo que sí sé es que “¡YA!”, todo está perdido… ¡Adios "mundo cruel"!.. Lloro...

-          “Es una niña… (risas y miradas cómplices)… Una niña y es perfecta. Dos kilos novecientos… cuarenta y siete centímetros… ¡Felicidades, mamá!”.



lunes, 29 de agosto de 2011

Una pareja casi perfecta...


Literalmente,  acababa de ser “arrancado” del pecho de su amada por una cuestión práctica...
En muy poco tiempo, apenas unas horas después de despedirse para siempre de la compañera de tantos años, se vio abocado a una relación forzada, impuesta… Embriagado por un dolor tan intenso, poco podía hacer en contra de los planes fijados.

Según el test de compatibilidad -realizado "a sus espaladas"- le fue adjudicada la pareja perfecta. No podía ser más perfecta. Joven, guapa, y atlética: una triunfadora con posibles… 

La primera cita se planeó concienzudamente. Todo debía estar cronometrado para que resultase perfecto.
El frío, la asfixia, el miedo, la soledad o la pena inmensa, le mantenían aterido, casi paralizado. 

Cuando consiguió salir del sopor en que se encontraba y, entendida la nueva situación, decidió tomar el control; "parar en seco"… y dejar de latir…
-… “Algo va mal”… Carro de paradas… Carga a 200… ¡Fuera!... Carga a 250…. ¡Fuera!... Carga a 300… ¡Fuera!...  ¡Se nos va!...
- Hora de la muerte… 16:10.


Towanda

sábado, 25 de junio de 2011

Dejadme en paz...


Estaba harta de oír voces en su interior pero no podía decírselo a nadie porque ¿quién iba a creerla? Quería que esos sonidos salieran de su cabeza y por fin poder descansar en paz.
Tenía que hacer algo con qué conseguir silencio y reposo…
De nuevo, una vez más, esas voces que le llamaban.

Cerró los ojos dejándose llevar por el eco de las palabras; siguiéndolo con la mente; atravesando verjas, edificios, árboles, paredes… tan rápido como el sonido y sin tiempo de otear el paisaje. Cada vez, las voces más y más cerca.
Una habitación muy oscura, apenas iluminada por una vela, cerrada por una gran puerta y, al otro lado, seis personas siguiendo los movimientos de un vaso, con el dedo índice de sus manos…


-¿Estás ahí?... ¿Quieres mandarnos una señal de tu presencia?... ¡Manifiéstate!...
La vela, que alumbraba la estancia, se apagó de golpe emitiendo un silbido, rompiendo la magia del momento y una voz de ultratumba resonó en la estancia…
-¡¡¡Dejadme descansar en paz!!!...
A continuación una exhalación de aire helado cayó sobre las cabezas de los presentes…
En ese momento, las voces cesaron y pudo acomodarse nuevamente en su cajita de roble donde, ahora sí, comenzaría su sueño eterno…
...Hmmm... Silencio, ¡esto es vida!...


 Towanda

sábado, 11 de junio de 2011

Amigos


Tanto tiempo pasaba con sus “nuevos amigos” que, desde que conoció al primero, fue descuidando, sin darse cuenta, todo lo demás. Era el bicho raro, el loco, el excéntrico, el solitario… el “colgao”.
No tuvo tiempo para fiestas familiares. Se alejó de bodas y cumpleaños, no le importaban los banquetes, ni qué decir de las comuniones, huía de los bautizos… Ningún evento era tan importante como para cambiar a uno, por los otros.
¡Ay, sus amigos!... lo único importante en su vida… Con ellos volaba, sonreía, aprendía, compartía todo el tiempo, discutía, viajaba y se dormía.
Cuando enfermó apenas un par de ellos le acompañaron.

El día de su entierro ni uno solo acudió a despedir a ese joven introvertido, con el que tantos ratos habían pasado.

... Sus libros lloraron al amigo en soledad.









sábado, 16 de abril de 2011

Dormidos...

La misma historia de todos los días luchando con el sueño, pero ¿qué podía hacer?… tomarse otro café bien cargadito, mientras esperaba el autobús y ojeaba la prensa del día…
Todo igual que el día anterior, la contaminación… bla… bla… bla…

Tomó el bus sin prestar demasiada atención al entorno. Circulaban menos coches pero, la gasolina cada vez estaba más cara y, en época de crisis, se hace conveniente el uso del transporte público. Con el periódico en las manos notó que cabeceaba. Cerró la prensa, se sacó un chicle del bolsillo y observó la ciudad, que empezaba a despertarse. Atribuyó la modorra a la copiosa cena que le preparó su esposa la noche anterior.


Su compañera de asiento acababa de posar la cabeza en su hombro. No era una insinuación de la señora; es que estaba completamente dormida. La apartó y mirando a su alrededor, delante y detrás, en todos los asientos, ¡en todos!, absolutamente en todos,  los viajeros estaban dormidos. 

Ahora se fijó en los coches que circulaban por la vía. Aquí, uno parado en mitad de un cruce... Más adelante otro que iba a detenerse... Una moto tirada en el suelo con el conductor a su lado, profundamente dormido... 

El nerviosismo le hizo levantarse del asiento como un resorte pensando que algo muy extraño estaba pasando. No era una situación normal. ¿Qué era lo que sucedía?... intentó atar cabos... ¿sería la nube de contaminación de la que informaron los noticiarios?... ¿una nube tóxica?... ¿quizás, un ataque terrorista?...

Se dirigió al conductor, corriendo por el pasillo, para avisarle de lo que ocurría, pero... ¡fue demasiado tarde!….  
Éste, ya había sucumbido al abrazo de Morfeo, y el autobús con todos los viajeros, acababa de salirse de la carretera... precipitándose por un barranco…

sábado, 19 de marzo de 2011

Sobrepeso...


Margarita se había vuelto negligente con su higiene personal. En poco tiempo fue engordando, acumulando kilos y kilos… La relación con sus vecinos era ya nula por su marcado comportamiento asocial.
Desde que falleció su marido tenía miedo hacia un futuro, que presentía incierto, quizás por eso evitaba hacer gastos que consideraba innecesarios… Su lema era, más bien, el contrario: ahorrar, acopiar… guardar.
Aquella noche se quedó dormida, profunda y rápidamente, por lo que no se percató de que todo había comenzado a arder. Una chispa de un brasero mal apagado que prende un faldón de una mesa camilla y ¡el desastre está servido!...
El incendio se propagó, en pocos minutos, por todo el edificio.

Hicieron falta varias unidades del cuerpo de bomberos para lograr sofocarlo. Afortunadamente la rapidez en la actuación consiguió que no hubiera que lamentar desgracias personales.
Ambulancias, bomberos, protección civil y policía corrieron prestos a instalar un hospital de campaña en plena calle… Todo, por si acaso fuese necesario.
Sacar a Margarita ilesa fue una labor de equipo y, ciertamente, complicada porque la mujer se negaba a salir de su vivienda, dejando allí sus cientos y cientos de kilos… de basura y desperdicios aumulados.
Los servicios de limpieza y recogida de residuos del Ayuntamiento tardaron varios días, haciendo dobles turnos, en vaciar el domicilio.



Towanda 

(extracto para el Microrrelatista).
  

sábado, 5 de marzo de 2011

Akelarre

En la planta 14 hubo gran movimiento en los pasillos. Carreras de carros, de médicos y enfermeras sorprendidos del milagro que se había producido en la 1414. El mismo día en que había sido desahuciado y uncido con los santos óleos, el paciente A.M.T. recobraba sus constantes vitales abriendo los ojos y exhalando el aire viciado, que parecía molestarle en sus pulmones. Sus padres se miraron y felicitaron. Mereció la pena…

Bajo su cama, un paño negro con restos de una celebración.




Entretanto, en la planta 2, las mismas carreras de médicos, enfermeras y todo tipo de sanitarios con diferentes carros de reanimación que no entendían lo que acababa de suceder. En la 214 T.M.A. y M.T.A. se llevaban las manos a la cabeza llorando por el neonato que había dejado de respirar, sin explicación aparente.

Bajo la cuna, pulcritud, ilusión, desilusión y lágrimas.,

El akelarre había funcionado, de nuevo.


sábado, 19 de febrero de 2011

Dos deseos...

Tras muchas horas de juego duro, ¡por fin!, había superado las pruebas y salido con vida de ellas. Encendió un pitillo en señal de victoria y se dispuso a cobrar su recompensa. El sudor le empapaba la camisa y el corazón le latía como un endemoniado…

Antes, quiso serenarse para elegir con cuidado, de entre los premios ofertados, aquéllos que deseara con más ansia. ¿Dinero?. No; tenía suficiente para vivir dos vidas holgadamente y seguir siendo considerado un hombre rico. ¿Mujeres, hombres, sexo?, tampoco porque “con un chascar de dedos” disfrutaba de cuanto quisiese. ¿Poder?, también era considerado un hombre poderoso…¡no!... Quería algo más. Quería ser Dios y tener el control del tiempo, aunque fuese por un breve espacio.

Había jugado, apostando su vida en dos ocasiones, y ahora elegiría bien sus galardones.

Se acercó a una dama hermosísima, vestida de negro. La preciosa mujer de cabellos rubios, sería la que habría de concederle sus deseos.
Sin palabras, cuando estuvo frente a ella, se puso en marcha su primer anhelo… viajar al pasado. Retrocedió en el tiempo a un día de su vida pasada, elegido al azar. Veinticuatro horas de reencuentros con situaciones ya vividas. Fue perfecto. Deseo concedido, y aún le quedaba el segundo:
"Avanzar unos años en el calendario a otro día, también elegido de la misma manera. Conocer el futuro; sueño de cualquier hombre y pasar allí las siguientes veinticuatro horas".


Despertó tumbado boca arriba, con las manos formando un aspa sobre su pecho en un habitáculo demasiado estrecho, de madera y raso… “algo olía raro” y nadie estaba cerca para escuchar sus gritos.

A lo lejos, merodeaba una dama hermosa vestida de negro dispuesta a cobrarse su recompensa.

PD: Es lo que tiene cuando se juega a la “ruleta rusa” con desconocidos... La Banca siempre gana. 

sábado, 5 de febrero de 2011

La soledad blanca

La mancha blanca estaba allí, frente a ella, la veía acercándose despacio. Permaneció inmóvil, arropada en el sofá sin atreverse, casi, a respirar. Y así, toda la noche. En la habitación contigua, Manuel, ajeno a todo. Las horas pasando lentas y el miedo y la angustia apoderándose de la anciana… Agarrotada, en una posición poco deseable para su maltrecho cuerpo. Dolor, frío y miedo combinados con los ojos fijos en esa nube, que parecía vigilar cualquiera de sus movimientos.
¿Es que no iba a amanecer nunca? ¿nadie le iba a ayudar?... Manuel, Manuel…! Ni siquiera él…

El reloj parecía haberse parado. No así el miedo, y esa soledad que le aprisionaba el cuello...



Un ruido en la cerradura de la puerta le hizo salir del sopor en que había caído en los últimos minutos, o tal vez horas, derrotada y vencida por el sueño.

-Hey, vieja!… ¡vieja!.. vengo con Fidel… ¿dónde se habrá metido?... ¿dónde estás?...
-Parece que la vieja ha “espichao” ja ja ja…
-¡Aquí, en el salón! –con un hilo de voz, la anciana se hizo sentir- ¡Aquí… aquí!.
-¡Joder! ¿qué haces ahí?... y ¿este olor?..
-¡Calla, hija, calla!... no hagas ruido… ¿no la ves?
-¿Qué tendría que ver?... pero ¿qué pasa, mamá?..
-Ahí encima… la nube… me vigila desde hace días, me quiere lastimar…
-¿Esto?, ¿esta es la nube que te persigue y te amenaza?...¡Joder!, esto es polvo, solo polvo, míralo P-O-L-V-O. ¿Te tomas tus pastillas?... ¿cuántos días llevas así?... ¡vaya olor!. Abre para ventilar…
-¡Increíble!, tu madre se lo ha vuelto a hacer todo encima… ¡asco de vieja!. La deberíamos de encerrar de una vez y tirar la llave…

En la habitación contigua, Manuel seguía ajeno a todo… en su pecera.



Publicado por Towanda

sábado, 22 de enero de 2011

Jéssica 110

Nació a principios de los cincuenta, en una familia de aficionados al cante. Su abuelo, “Pajarito de Triana”,  había grabado en su tiempo un single, lo que supuso un acontecimiento en la familia.
Por esa afición y, siguiendo una superchería de la época, le cortaron por primera vez las uñas junto al chorro del grifo de agua fría. Cortar las uñas de esa manera, garantizaba tener una buena garganta. De eso se encargó su abuela, doña Lola. “Verás  -le decía a la madre primeriza-  como esta niña nos sale cantante… pero de las buenas”.
Cierto es que, desde niña, su voz fue aterciopelada e incluso se podría decir que sensual. Su madre le llevó a varios concursos de radio para niños cantantes… sin, apenas, una mención. La realidad es que no guardaba ninguna relación su melodiosa voz con su “espantoso oído”.
Y así el tiempo fue pasando sin que despuntara en el bello arte de la música, o sí, según se mire...


En la actualidad,  con más de cincuenta años,  es conocida como Jessica 110 y es la operadora que más visitas recibe, de aquellos a los que seduce con su voz, en su línea caliente.


Towanda

sábado, 8 de enero de 2011

Jhony 20.

Mi nombre es 20, Jhony 20, y no recuerdo dónde nací. Lo que sí sé es que no me queda tiempo.
He viajado por el mundo, sin mostrar nunca mi identidad; he paseado al lado de chicas maravillosas y he compartido sábanas con ancianas solitarias.

Una noche me vi involucrado en un asunto turbio relacionado con drogas. No era la primera vez que me pasaba algo así con Alex. ¡Tremenda reyerta por unos gramos de coca...!
Tras la trifulca, me separé del grupo. No tengo recuerdos de lo que ocurrió después porque iba un poco "puesto".

En un “bareto” conocí a Graciela; hermosa mujer. Trabajaba en la calle y alquilaba su cuerpo al mejor postor.

Luego acompañé a Laura a su casa… Era tarde y no le iba a dejar sola. Su casa era un "chamizo" que compartía con tres niños. La estancia se componía de dos colchones, una mesa con sillas y dos maletas. Cuando llegamos una niñita de siete u ocho años se levantó descalza y se abalanzó al cuello de la madre, besándole con amor.

Observar esta escena me enterneció.

Perdí la pista de Laura en la caja de un Super, pensé que me había dado esquinazo. Allí una cajera se fijó en mí. Me sentí halagado que, entre tantos, se fijara precisamente en mí...
      -Míra, Clara ¡qué viejo!... Hmm, habrá que dárselo al encargado... está tan deteriorado.
      -Sí,  fíjate, alguien escribió su nombre en este billete de 20€... "Jhony ... 20".

Porque eso es lo que soy: .......¡solo un billete de 20€! ......
Les dije que no me quedaba mucho tiempo porque uno, se da cuenta de estas cosas; cuestiones de sanidad... y lo entiendo.

Ahora dejo la historia de mi último día y, como epitafio, el nombre que alguien escribió, una vez, en rojo, para mí:

Jhony 20


 Towanda (extracto para el microrelatista)

sábado, 25 de diciembre de 2010

Una reflexión sobre el silencio: "La Pianista"


Aquella pieza interpretada por sus prodigiosas manos, sonaba celestial.

Pero, ¿qué hacía tan especial a esta concertista?...
La sensibilidad con que vivía la música; la porción de alma depositada en cada nota y que, éste, sería su último concierto.
libertad y belleza

Concluyó. Inmóvil, con los ojos abiertos mirando a su compañero de viaje, el piano. Le cayeron lágrimas. Inspiró con fuerza y se puso, en pie,  frente a su público… En ese instante, explotó la emoción acumulada en forma de aplausos y gritos de ¡bravo! Quince minutos, veinte, de ovaciones, que la artista agradecía acariciando con las manos su corazón para, después, lanzarlo a toda la sala.

Pidió silencio  para dirigirse al Auditorio,  pero le resultó imposible enmudecer a tantos fieles. Con sus manos hacía lo mismo; intentaba silenciarlo…

“Hoy es mi último concierto.  No tenéis idea del dolor de dejar lo que ha sido mi vida desde que alcanzo a recordar…

Soy sorda desde los once años... He tocado el piano porque recuerdo todos y cada uno de los sonidos que emite. Cuando supe que perdería el oído, lo estudié y memoricé todo…

Que ¿cómo fui capaz de interpretar música, e incluso componer, durante años?…  la respuesta es bien sencilla: “porque no hubo nadie que me dijera que no podría hacerlo…” Mis padres se limitaron a “dejarme hacer”.

Hace años, la nostalgia por querer oír de nuevo música, me hizo visitar médicos y hospitales. Me implantaron un chip en el cerebro. Funcionó. Estoy feliz porque he vuelto a oír la voz de mis padres. He escuchado por vez primera la de mi marido y mis hijos… Pero mi oído no aguanta los sonidos que emite mi piano. Noto dolor, un dolor  inmenso cuando toco… “Me duele mi piano”. Parece una ironía del destino”.


Towanda  (extracto del original para el microrrelatista)

sábado, 11 de diciembre de 2010

Recuérda... me

“… Espero que recuerdes, aunque sea un minuto, lo que fuiste… lo que fuimos y me dediques un gesto, aunque mudo, para entender que continúas conmigo. Lo sabré entender y me ayudará a seguir adelante…”

Así terminaba la carta que Laly le había escrito a su amado Francisco.

La depositó en la bandeja, dónde le había preparado el desayuno.  Al lado, un sello comprado el día de antes en una antigua Filatelia, no en vano,  Francisco había sido buen aficionado al bello arte de coleccionarlos.
Allí esperó sentada en su butaca a que él, su primer gran amor, iniciara el protocolo de todos los días con las tostadas y el café. Sin palabras… Con la mirada perdida en la taza o en la cucharilla… En su mundo de ausencia…

Una gota de café salpicó el sello y una exclamación, apenas perceptible, hizo que Laly le escudriñara con esperanza. Francisco tomó el sello y se lo llevó al jersey para limpiarlo; lo miró; lo volvió a limpiar y se lo llevó a la cara para notar la caricia en su mejilla… Cogió la carta con ambas manos y, por primera vez en mucho tiempo, pareció que leía. Los ojos bajos siguiendo cada línea… de izquierda a derecha… de derecha a izquierda.

Paró. Se llevó la carta a los labios y, con los ojos cerrados, la besó. Levantó la mirada, como un niño asustado, buscando los ojos de la mujer. Ojos nublados,  inundados de líquido. Parpadeó y las lágrimas comenzaron a fluir…

Cruce de miradas que reflejaban el inmenso amor que se sentían.

Tendió su mano hacia ella y le dijo: “Te recuerdo y te amo, ¡te amo tanto!… que me duele  tenerte apenas por un instante…”. Un profundo beso selló el reencuentro de los enamorados.

Segundos de delicada lucidez en meses de silencio.  La enfermedad de Francisco les acababa de conceder un breve tiempo de ternura… suficiente para seguir adelante.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.