viernes, 13 de julio de 2012
La voluntad del difunto
jueves, 16 de febrero de 2012
Aquella mañana

-Allahu Akbar, Allahu Akbar, Allahu Akbar, Allahu Akbar; Ashhadu an la ilaha illa’llah, Ashhadu an la ilaha illa’llah… Allahu Akbar… Allahu Akbar…
Éstas serían las últimas palabras que iban a escuchar los pasajeros del autobús aquella mañana. Llegaban como un canto lastimero desde el fondo del vehículo, donde se encontraba el joven moreno.
Farid tenía 18 años, sin embargo sus creencias lo habían convertido en hombre mucho antes de lo usual, aunque no tan hombre, todavía, como para sentirse digno de Dios.
Subió cerca de la estación King’s Cross, llevaba en su espalda una pesada mochila adornada con caracteres occidentales: Just do it, incitaban. En breve, esa mochila impía sería su pasaporte hacia una vida mejor, una vida al amparo del amor de Alá. No estaba ni triste ni nervioso, todo se reducía a apretar el dispositivo cuando dieran las 9:47 y el autobús pasase por Tavistock Square.
miércoles, 25 de enero de 2012
Sordomudo

Subió al colectivo 60 en Sucre y Cabildo. Era un niño delgado, moreno y de cabello lacio. Con un corto gruñido de presentación, fue dejando un papelucho todo manoseado sobre la pierna de cada pasajero. Cada tirita de hoja tenía, dificultosamente trazado a mano con birome azul, un pedido:
“Ayudenmen con una monedita por favor soi sordo y mudo de nasimiento y tengo cinco ermanitos chiqitos que alimentarlos”.
La mayoría no tocó el papel por miedo a contagiarse vaya a saber uno qué enfermedad, apenas dos o tres tipos sacaron unos centavos del bolsillo, pero una mujer le estiró un billete de 50 pesos y, con ternura, le acarició el cabello.
Incrédulo, el nene clavó la mirada en el dinero, luego levantó la cabeza y escudriñó a la señora con ojos desorbitados; retrocedió un paso para no tocar la plata, soltó todos los papeles que le quedaban sobre la falda de la mujer y le dijo, con voz potente y clara:
-Perdón, señora, no lo puedo aceptar, porque yo… porque yo no… - y saltó del colectivo aún en movimiento.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Una cerilla por turno
jueves, 17 de noviembre de 2011
El traductor

Era excelente en su trabajo, pero le gustaba hacer algunas gansadas, pequeñas bromas para su diversión personal: Un tiempo verbal mal conjugado, un adjetivo de sentido opuesto, una coma mal ubicada, esas cosas. Como era tan buen profesional y gozaba de una inmejorable reputación, hasta ahora nadie le había dicho nada, en realidad jamás lo habían descubierto…
La familia estaba atravesando uno de esos pintorescos momentos de felicidad hogareña, sin mayores pretensiones. Se habían reunido todos en la cocina para disfrutar de la nueva adquisición. Cuando la señora pulsó el botón de inicio del microondas, el plato interno salió volando como un frisbee, mientras que las luces del trasto se encendían y apagaban descontroladas. Una explosión acompañada de humo fue el apoteótico final del acto… y del microondas. Ninguno podía explicarse qué había sucedido, pues habían seguido -a rajatabla- las instrucciones en español del manual.
viernes, 14 de octubre de 2011
Colores
Cuando se conocieron por teléfono, ella era Azul Marino y él Rojo Bermellón. Algo en sus voces los atrajo con la fuerza del imán, así que se las arreglaron para encontrarse. A ella le pareció que para una primera cita el Azul Marino era muy formal, por lo que decidió maquillar su esencia de Turquesa Veneciana. Él también sintió que su color no era el adecuado, que era demasiado llamativo, venía de una familia típicamente Bermellón, lo mejor sería atenuar un poco sus raíces para una primera salida, su opción fue el Rojo Victoriano. Cuando se encontraron, no se reconocieron, pero les pareció que valía la pena probar una vez más. Ella estuvo toda la semana dándose prolongados baños de amarillo hasta que logró un Verde Tritón; la elección de él fue menos acertada, a las apuradas se disfrazó de Naranja Fiesta. Hablaron bastante aquella segunda noche, pero no terminaron de entenderse. Habría una tercera oportunidad, lo mejor para ambos sería cambiar por completo. Ella probó con Caqui Dorado y él con un suntuoso Violeta Palacio. Fue otro fracaso, tenían la sensación de que no eran los mismos, de que, tal vez, se hubieran equivocado y que aquella primera impresión hubiese sido errada. El sábado irían al teatro, sabían que era la última oportunidad, la jugada de ambos debía ser genial. Sin dudarlo, ella aderezó su espíritu de Rojo Bermellón y él de Azul Marino. Al verse así en espejo, no pudieron pronunciar una palabra, tan sólo se rieron y se abrazaron, enterados de que el Destino es una trampa asíntota.
Después de un tiempo -y olvidados ya de sus diferencias-, se fueron a vivir juntos. Ahora tienen un hijo, es de un tono indefinido, muy parecido al que se consigue cuando se mezclan pinturas de diferentes colores.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Compadres

lunes, 8 de agosto de 2011
Nosotros y los otros

Salí al pasillo y miré el número que -desproporcionado- me decía que vivía desde hacía un tiempo en la habitación 29 de un hotel barato. Olí el tufo a fritanga que llegaba desde la cocina y supe que aún no eran las 10 de la noche. Salí a la calle para encontrarme con Maricel, la otra, asegurándome de que no quedara nada de ese olor tribal en mi ropa, y me puse a pensar si en verdad existía el amor eterno.
Hacía ya un año que estaba con Gabriela y me parecía que había encontrado en ella todo lo que en otras mujeres me había faltado, sin embargo, apareció en mi vida Maricel y creí que la mejor forma que tenía de convertir a Gabriela en mi amor perfecto, en mi amor eterno, era dejándola por Maricel. No tenía idea de qué iría a suceder luego, pero quería desaparecer con ella, construir otra vida, una nueva historia cuyo objetivo principal fuese confirmar que mi amor por Gabriela había sido el amor perfecto, el amor eterno.
Cuando esa noche le conté a Maricel lo que había estado pensando, me dijo que le había parecido genial, que ella también…
Demoró muy poco en juntar sus cosas para abandonar la casa e irse conmigo. Embriagados por el flamante poder, salimos a construir esa nueva vida.
Lo que no pude anticipar en aquel momento, lo que no pude comprender, fue que yo también era el otro, la manera, el camino que tenía Maricel de convertir a su novio en el amor perfecto y eterno.
Finalmente lo conseguimos, ahora -Maricel y yo- somos dos infelices que viven recordando su amor -cada cual el suyo- en un cuarto mugroso de otro hotel barato.
Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)
1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.
2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.
3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.
4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.
5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.
6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.
7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.
8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.
9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.
10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.
Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.

