Armar
su biblioteca le llevó muchos años en los que exhibió una paciencia irritante.
Llegó
a tener unos dos mil ejemplares, todos eran libros usados. Recorrió kilómetros,
de geografías variadas y extravagantes, en busca de cada ejemplar. Novela,
poesía, ensayo, entrevista, cuento; el género no era lo importante. En
realidad, no los leyó nunca, nunca pasó de la primera hoja. Su pasión eran las
dedicatorias y buscó todas. A mi querido hijo Juan; A mi amigo Juan; A
Juan, el amor de mi vida; Para vos, Juan.
Autora: Graciela Resala
Blog: Ficciones mínimas
