Daniel Galantz es un fantástico humorista gráfico que los que siguen este blog ya conocerán. Para los que no lo conozcan recomiendo que visitéis su blog GALANTZ.

Pues bien, cual fue mi sorpresa cuando hace unos días abrí mi correo y vi un mensaje suyo en el que me enviaba un bonito diseño para El Microrrelatista. Me gustó mucho y es el que podéis ver en la cabecera de esta página.

¡Gracias Daniel!

jueves, 10 de febrero de 2011

CIRCO

Bañaba al paquidermo absorta en sus pensamientos. A fin de cuentas no se consideraba tan distinta del enorme animal. Los dos estaban, de una u otra forma, cautivos, ambos eran exhibidos impúdicamente y se encontraban fuera de su ambiente. Hacía ya algunos años que Adela tomaba avena, hojas de ortiga y algas para hormonarse. Su número, el de la mujer barbuda, era uno de los más aclamados por el público.

9 comentarios:

Sergio dijo...

Esclavos de un destino que probablemente no eligieron. Ahora, está en manos de Adela poner a remojar la barba a remojo. Valor y suerte!

Patricia dijo...

Creo que todos, de un modo menos evidente y grosero, en algún punto somos Adela, o lo hemos sido, o lo vamos a ser.

Gran micro Maite!
Besos

Pedro Alonso dijo...

Hay una diferencia fundamental entre Adela y el animal, ella puede decidir. Quizás, el miedo a esa libertad tenga barrotes más gruesos que la jaula de un circo. Tu relato me lleva a meditar sobre mi propio miedo a decidir. Un abrazo.

R.A. dijo...

Yo también pienso en miedo a la libertad, para mí es revelador en este micro un pequeño detalle, es barbuda porque utliza una serie de remedios para serlo. Si un día así lo decidiera podría no ser "La mujer barbuda" pero quizá su jaula sea ese mismo éxito del que ya no quiere prescindir, o del que la obligan a no prescindir...

Saludín

Puri dijo...

Al menos tenía el cariño del público... ¿Era eso lo que la retenía allí? ¿O quizá era el amor por el elefante? Yo creo que alguien la obligaba.
besos

Puri dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maite dijo...

Sergio: ojalá encuentre el valor suficiente para quitarse ese yugo. Abrazos


Patricia: creo que efectivamente todos hemos sido alguna vez Adela, sin "descubrirnos" del todo, alienados por reglas, prejuicios y preceptos. Besos, Patri.


Pedro Alonso: qué buenísima reflexión, me agrada ver tu comentario porque ahí es donde quería tener al lector. Abrazos.


R.A.: tu análisis es profundo y creo que es la base de la reflexión que lleva implícita el relato. Gracias por pasarte, Rosana. Besos.

Puri: tal vez su soledad le hacia necesitar el aplauso (como a muchos la aprobación de los demás), o el amor al elefante (como a muchos la seguridad que nos da lo conocido frente a lo desconocido) o quizás estaba obligada (por alguien o por ella misma y su propia indecisión o falta de valor) Gracias por desmenuzar el relato de una manera tan precisa. Fuerte abrazo.

carlos de la parra dijo...

Digo, cada quien a lo suyo, pero éstas mujeres barbudas que no se afeitan como que están atrapadas en un extraño concepto aparte de prestarse a soportar un rechazo de aceptación del resto del conglomerado.
Ahora, que si le gusta y es feliz así, ¿Cual jaula?

Carmela dijo...

No era cautiva, era su voluntad.
Bicos.

Decálogo para escribir microcuentos (Robado de la Escuela de escritores)


1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.


Envía tus microrrelatos de no más de 200 palabras a elmicrorrelatista@gmail.com. Se irán publicando los mejores.